edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
15/10/2009
BELVEDERE

Los procesos de fusión de las cajas catalanas, una carrera de despropósitos

Ni fusionando nueve cajas a la vez se alcanza la dimensión crítica necesaria porque estaría constreñida territorialmente
Es una paradoja que la caja peor gestionada, Caixa Catalunya, lidere un proceso de fusión para mejorar
Narcis Serra, presidente de Caixa Catalunyaa
Alfonso Pajuelo

Eran diez y serán cinco, una grande, dos pequeñas con aspiraciones y dos cajitas. En eso quedan. Primer despropósito. La proyección externa de las siete en fusión es ridícula y las operaciones no lo remedian. Segundo despropósito. El coste laboral y de oficinas es mucho mayor del pretendido porque ambos procesos son artificiosos. Tercer despropósito. La operación entre Catalunya, Tarragona y Manresa estará capitaneada por Catalunya, la peor gestionada de las tres y con los activos de peor calidad. Por mucho que haya “cedido” su peso del 80 al 60%, el dominio va contra toda lógica si atendemos a la capacidad de gestión. Cuarto despropósito. Ambos procesos de fusión han estados manipulados y mediatizados por los políticos, fundamentalmente  PSC y CiU, con criterios políticos, sin ningún interés en optimizar el sector pero mucho en maximizar el control político y evitar a cualquier precio que vengan de fuera a quitarles alguna caja. Quinto despropósito. Si exceptuamos a La Caixa, la mayor y mejor gestionada caja en España, fuera del alcance de los políticos catalanes, las otras nueves cajas no son ejemplo de nada, salvo quizá la de Catalunya que lo es por sus deficiencias. Sexto despropósito. Forzar dos procesos, de los que se quedan fuera dos cajitas, no aporta nada más allá de un más fácil control político. Ni siquiera está claro que juntar posteriormente las siete en una fuera la mejor solución porque quedarían constreñidas a una ámbito regional concreto. En realidad sería un resultado que podría igualar al caso de las cajas uniprovinciales. Séptimo despropósito. Y esto es lo que hay.

Un manto de nacionalismo trasnochado, paleto y estéril cubre a las cajas catalanas. En realidad habría que comenzar por excluir a La Caixa de cualquier grupo de cajas catalanas porque si bien su origen está claro, su dimensión la desclasifica y, además, está fuera de alcance de la avaricia de los políticos catalanes y de cualquier otro ámbito. El caso es que las nueve cajas catalanas están al pairo, pendientes de los caprichos intervencionistas del Tripartito y codiciosos de CiU. Y están jugando a su antojo con unas premisas pseudonacionalistas que en realidad ocultan una voracidad controladora hasta ahora desconocida. Una voracidad desbocada que convierten a Cataluña en el nuevo paradigma del control político de cajas y sus recursos, quitando tan dudoso cetro a la impresentable Caja Madrid que se reparten sin la más mínima vergüenza PP, PSOE e IU.

Cataluña tiene nueve cajas bastante mediocres por mucho que varias de ellas hayan estado bastante bien gestionadas. Sin embargo, casi ninguna de ellas ha sido capaz de trascender sus “fronteras” con decisión. Únicamente Caixa Catalunya lo ha hecho, pero de una forma desordenada y adaptando mal su gestión para esa expansión geográfica. El resultado se ha visto ahora con claridad y por si cabía alguna duda, piensen en dónde van a ir a parar los 1.500 millones de euros de ayuda pública que necesita a su proceso de fusión.

Ahí está Narcis Serra, presidente de la caja y que es el que firma el desaguisado. Y él mismo será el que presida las tres fusionadas si nadie o evita. Serra ha sido un mal presidente aunque debemos reconocer que lo contrario hubiera sido una sorpresa porque este político no sabía absolutamente nada de cajas ni de sector financiero cuando le regalaron el cargo por méritos políticos. La única buena decisión que ha tomado fue la contratación del actual director general, pero desafortunadamente lo hizo tarde.

De las ocho cajas restantes, dos, Penedés y Laietana, quedan fuer de los procesos de fusión y nadie es capaz de prever por el momento cuál será su destino. Quiza sirvan de excusa para un remedo de operación extrarregional, una broma intrancendente que no cambia en nada la situación.

En cuanto a Sabadell, Terrasa, Girona y Manlleu, pues eso, que es una unión que está muy bien pero que no aporta nada. Esa fusión, al igual que la otra, no alcanzan ni de lejos la dimensión crítica necesaria para significar algo. Octavo despropòsito. Sería necesario que se fusionaran todas para poder alcanzarlo y aun así estaría coja porque tiene muy escasa proyección exterior y tendría que iniciar un proceso de expansión muy costoso y de incierto resultado porque tendría que competir con entidades de mucho peso, posiblemente incluidas algunas otras cajas fusionadas o juramentadas. Quedarse constreñida a Cataluña sería un error porque limitaría excesivamente su redimensionamiento. Eso sí, los políticos tendrían su juguete financiero al alcance de la mano y de la cartera -entiéndase la pública-.

Cabe una posibilidad que seguramente no se han planteado hasta ahora. Sería que uno de los dos procesos se destinara a hacer una operación extra regional, lo que tendría mucho sentido, pero eso dejaría a las otras fusionadas cojas, tuertas y mancas. Mal asunto aplicar el nacionalismo a los negocios.

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