edición: 2348 , Martes, 21 noviembre 2017
21/09/2009

Los reguladores y las grandes operadoras de telefonía europeas se rebelan ante Reding

Digieren aún los ‘daños colaterales’ del roaming y la terminación de llamadas y tratan de frenar los efectos de la regulación de las redes ultrarrápidas
Si no consiguen parar su renovación, a Durao Barroso le esperan cinco años de ‘batalla’ formal con el sector
Ana Zarzuela

No se resigna a entregar los sables de las telecomunicaciones europeas, se sube a la reelección de Barroso y promete volver a postularse como Comisaria europea de Telecomunicaciones. Vivianne Reding  se cuelga la medalla europea del roaming y de la terminación de llamadas y trata de tapar con ella el estallido de un ‘paquete telecom’ que aún espera para ver la luz, los desconchones del regulador único, la disgregación funcional de redes y la guerra europea de las descargas de internet que acabó con el consenso del Europarlamento.

La ‘tercera vía’ de la regulación de las redes ultrarrápidas que acaba de comenzar a mostrar sus líneas maestras al sector -inversiones públicas pero sólo en zonas no competitivas- promete suavizar la confrontación de Bruselas las operadoras de telecomunicaciones de los Veintisiete, pero sólo devuelve la rebelión al armario de la espera: no se consumará antes de 2011. Si la regulación de redes de nueva generación y el damero de las ayudas públicas y la inversión privada siguen dejando al sector a años luz de las redes americanas o asiáticas, las operadoras le darán la espalda de su repudio, ya han comenzado a hacerlo con 6.000 millones menos de inversión en el último lustro y una merma en sus ingresos de más de 70.000 millones que llevan el apellido de la política de precios de Reding.

La Comisaria se pertrecha ante el ‘paquete telecom’. Si nadie lo impide les cargará los costes y la responsabilidad de los cortes o restricciones de internet y, sobre todo, una nueva regulación de la banda ancha y las redes ultrarrápidas que estrecharán aún más el oxígeno de los incumbentes. Lo ha dejado claro la CMT. Se lo dijo Reinaldo Rodríguez a dos hombres fuertes de los equipos de Reding y Kroes: la gestión de la Comisaria Europea de Telecomunicaciones ha sido “intervencionista” y “desincentivadora” de las inversiones, nada que no respalde su par inglés, el regulador Ofcom.

Le han puesto cifras las telecos: el sector invertirá 6.000 millones menos debido a la política regulatoria de la Comisión Europea. Ya ha sufrido una caída de ingresos de 40.000 millones de euros debido a los recortes de tarifas de roaming internacional así como a la reducción de los precios mayoristas que cobran las operadoras móviles y el impacto negativo de las nuevas tarifas de terminación se cifra en unos 34.000 millones. Bruselas le tiende al sector la alfombra roja de la regulación de la banda ancha, al menos lo justo para sellar la estabilidad regulatoria que esperan las inversiones.  Las grandes telecos pensarán dos veces con qué velocidad se suben a las nuevas redes ultrarrápidas en un escenario en el que coexisten operadores de telecomunicaciones bajo el paraguas del Estado -France Telecom, Deutsche Telekom o TeliaSonera-  con operadores totalmente privados como Telefónica, Vodafone o Telecom Italia.

En los casos donde no haya ninguna red de fibra, la Comisión Europea autorizará siempre que las Administraciones Públicas concedan subvenciones a los operadores. Si sólo hay una red, el regulador europeo estudiará el caso en función de la oferta que exista. Según datos facilitados por la CE, en la UE hay 229 millones de líneas de cobre frente a algo más de un millón de conexiones de fibra óptica, pero los analistas prevén un crecimiento de la inversión de 20.000 millones de euros en redes de próxima generación de aquí a 2011. Pero es la propia CMT la que en España le marca los muros al optimismo de Bruselas: si sus previsiones se consuman, en 2023 sólo tendrán fibra el 45% de los hogares españoles. Hoy ya hay países europeos con más del 15% del territorio cubierto. ETNO propone que las autoridades contribuyan al desarrollo de la banda ancha rebajando el coste de las obras públicas, o que fomenten su uso entre los ciudadanos y las empresas por medio de incentivos fiscales o de servicios públicos "ampliamente accesibles en línea".

Las líneas maestras que deja entrever para la regulación de la banda ancha apaciguan a ETNO y las telecos que se agrupan bajo su paraguas, pero afina el desencuentro de las redes de nueva generación.  Es la propia ETNO la que le reconoce a Durao Barroso que las orientaciones de la Comisión Europea  sobre la aplicación de financiación pública al despliegue de nuevas redes de banda ancha crea "más certidumbre para las inversiones privadas" y les despeja el liderazgo en la expansión de nuevas redes ultrarrápidas, al limitar el rol estatal a salvar la brecha digital, sin distorsionar –al menos sobre el papel-  la competencia". Pero, como ha advertido Telefónica más de una vez a la luz del mercado español, cuando el nuevo marco regulatorio europeo que prepara Bruselas entre realmente en vigor, a mediados de 2011 -mientras se preparan las directivas y entra en vigor en cada uno de los países- el sector habrá cambiado mucho y sólo solucionará los problemas del pasado, pero se habría quedado desfasada para resolver los del futuro, lejos del ariete de las inversiones previstas, que está en la banda ancha móvil, que supondrá en 2014 el 80% de las conexiones en el mundo, según el último estudio de Ericsson.

Las líneas maestras que Reding espera dejar como herencia de su mandato desafían ya las cuentas y el mapa de las inversiones de Ros y la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones española. No es Telefónica la única que ha comenzado a exigir un Plan Renove de la fibra, que inyecte subvenciones públicas -o al menos facilidades en infraestructuras- para el despliegue de la FTTH. La diferencia entre un desarrollo rápido de la banda ancha y uno lento con el horizonte de 2014 significa poner en peligro un crecimiento del PIB europeo de 400.000 millones. Optar por lo primero crearía 1,8 millones de puestos de trabajo más que quedarse en la vía lenta, según las cifras de Telefónica.

Levanta las mismas lanzas que, desde todas las esquinas de la UE enarbolan sus compañeras de ETNO, la Organización Europea de Operadores de Telecomunicaciones: las grandes operadoras europeas no hallan el momento de decirle adiós a la Comisaria Vivianne Reding, destilan los últimos meses de su mandato, cruzan los dedos para que no repita y ejercen su lobby comunitario para que el suma y sigue, tras la guerra de precios con el roaming y la terminación de llamadas, no sea con ella a bordo. Por primera vez, tras la voz de Telefónica, las grandes telecos europeas no ocultan su desdén. Quieren una nueva política de telecomunicaciones europea. Y nuevas caras para llevar sus riendas. Apuestan por la renovación de las principales responsables de la regulación de los Veintisiete, la Comisaria de Telecomunicaciones, y de la titular del departamento de Competencia, aún a riesgo de que, si repiten en su cargo, Viviane Reding y Nelie Kroes les devuelvan a las operadoras la grieta de la discordia que ya han agitado durante los últimos cinco años.

La Comisaria les ha "tocado" el roaming a las operadoras, el regulador a las comisiones locales, la neutralidad de la red sacude a los internautas y ha tratado de consolar, in extremis,  sus lanzas contra la Casa Blanca. Ya el consenso entre los Veintisiete, el Parlamento y la Comisión Europea le habían descafeinado el ‘café para todos’ que quería imponer a las telecomunicaciones -sobre todo a la banda ancha- europeas. La separación funcional de la infraestructura de red de un operador dominante respecto a su negocio de servicios sólo podrá darse de forma “excepcional” y bajo la supervisión de los reguladores nacionales, los mismos en los que Reding ha tenido que aceptar que vigilen y regulen la inversión e innovación en fibra.

Aún si el Consejo coge su guante o si el nuevo Parlamento y la nueva Comisión asumen la herencia de los acuerdos-marco a los que llegaron en junio, Vivianne Reding, en el mejor de los casos, tendrá -aunque sea con un semestre de retraso- su nuevo supervisor paneuropeo, el Organismo de Reguladores Europeos de Comunicaciones Electrónicas (BEREC) y tomará las decisiones por mayoría en lugar de con la estrategia consensuada que se empleaba cuando los reguladores nacionales de la UE discutían entre sí las políticas conjuntas. Acaba de apuntarse el recorte de las tarifas roaming y del precio minorista de los mensajes de texto en itinerancia desde julio. Y, a pesar del riesgo de desincentivar la apuesta por infraestructuras, ahogar sus ingresos y obligarlas a estirar los precios en otras costuras, no se resiste a tratar de obligar a las telecos europeas a rebajar hasta en un 70% las tarifas de terminación de llamadas. Ni las protestas de las telecos, Etno y los informes del grupo de reguladores de los Veintisiete -que demuestran que los cálculos de costes móviles son erróneos- le hacen soltar su cimitarra.


LA BATALLA DE LAS NUEVAS REDES

Con la vista puesta en su modelo de “competencia efectiva” ha comenzado a digerir las recomendaciones de la consulta sobre las Redes de Próxima Generación (NGN) que permiten una velocidad de descarga de más de 80 megas por segundo que cerró el 24 de julio, en particular la fibra. No sólo es –la CMT dixit- que la normativa europea de telecomunicaciones corre el riesgo de contradecir las normas nacionales; es que las nuevas directivas comunitarias y el mapa que Reding diseña para la aplicación de las normas sobre ayudas estatales al despliegue rápido de redes generan en el sector más "incertidumbre regulatoria" que "seguridad jurídica". Pueden suponer análisis geográficos de mercados y una imposición de obligaciones distintos de los resueltos por las Autoridades Nacionales de Reglamentación. Chocan “frontalmente” con el marco normativo europeo de las comunicaciones electrónicas al sugerir análisis distintos de los resueltos por las autoridades de cada país.

Y, entre tanto, amenazan con dejar a las telecos europeas en el limbo de las dudas y las amenazas. Lo ha hecho ya Reding con la banda ancha inglesa: no quiere que nadie mueva ficha hasta que no llegue el ‘todos a una’ entre los Veintisiete y le para ya los caballos al Reino Unido de sus planes para establecer una infraestructura de banda ancha a través de todo el país en tres años. Como le recuerdan las grandes telecos europeas, en EE.UU hace cuatro años se eximió a los operadores de la obligación de compartir las nuevas infraestructuras al igual que Corea, uno de los líderes mundiales en este campo. La Comisaria Europea de Telecomunicaciones, de espaldas al reciente veto del Parlamento Europeo al ‘paquete telecom’, ahora intenta reeditar el ‘tentetieso’ con la fibra española, choca espadas con Moncloa y con el respaldo de la CMT a la actuación de los poderes públicos para fomentar que las redes de nueva generación se desplieguen en zonas menos pobladas y rurales, ya desde el estudio sobre la viabilidad de los despliegues en España presentado en mayo.

Europa está ya bastante retrasada en redes de nueva generación respecto a países como Japón (donde el 48% de las líneas de banda ancha son ya de fibra óptica), Corea (44%) o, incluso, EEUU (6%) frente al 2% europeo. Ahora que la UE deshoja la margarita de los 400.000 millones que necesitan sus redes, la CMT española, con la regulación más exhaustiva de Europa de las redes de telefonía fija de nueva generación, sigue los pasos de Holanda y Francia. Bruselas, por mucho que tarde en su proyecto de regulación para la fibra, no promete nada muy diferente a las propuestas de la CMT: libertad para que Telefónica pueda desplegar su red Futura y obligación a las ´telecos´ dominantes de compartir sus redes ultra rápidas. Todas las alternativas pueden revender la oferta mayorista hasta los 30 megas, configurar la velocidad de sus ofertas de fibra hasta ese tope con libertad, acceder a las canalizaciones y conductos de Telefónica (lo que les permite ahorrarse un 80% de sus costes) e incluso a la fibra desplegada dentro de los edificios (que el primer operador en desplegar debe alquilar a sus competidores. Para 2011 se triplicará en la UE el actual volumen de tráfico existente en internet, mientras que para 2013 los contenidos digitales se habrán multiplicado por diez y coparán el 80% del total en 2020. La cristalización de esta nueva realidad está, sin embargo, en el aire. Al ritmo actual, el Viejo Continente tardará alrededor de veinte años en renovar sus redes y la dirección que lleva la política de Bruselas puede cuajar en una ralentización adicional.

El horizonte de las inversiones será imprescindible. También en España. La Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones perfila el mapa de la fibra óptica de nueva generación, un tejido que según la CMT puede llegar en 15 años hasta a un 46% de las viviendas españolas, no más.  Y con él, comienza a delinear las fronteras de la carrera por el FTTH que hasta ahora reposa casi en exclusiva en los hombros de Telefónica. No será así si la geografía de la Comisión se cumple: a contrapié de la guerra que Vodafone y Orange llevaron a Bruselas, el regulador español les recuerda que el mercado de 2023 será rentable para la competencia de tres redes de fibra ópticas nacionales que llegarán hasta los edificios, pero la dimensión de los peajes están ya sobre la mesa: sólo en Madrid y Barcelona la inversión total de Telefónica será de 365,5 millones de euros, pero para cualquier alternativo superaría los 421 millones en cada ciudad, aun alquilando la canalización de Telefónica, y que supone un buen ahorro en obra civil. La pelota está en el tejado de Moncloa -la inversión pública será imprescindible en muchas zonas- y de las operadoras alternativas.

LA OBSESIÓN ‘BORROSA’ POR ESPAÑA

La Comisaria Reding no reprime su rencor hacia España. Las lanzas hace meses que están en ristre y no es la primera vez que las levanta hacia el mercado, las operadoras y el regulador ibéricos. Ni las grietas de sus desencuentros con la CMT, aunque sabe que en la mayoría sólo puede aspirar al humo retórico a las puertas de las competencias del regulador español. A España no le perdona los esfuerzos liderados por Zapatero y Merkel para relajar las normas sobre banda ancha y el apoyo del Consejo a la cooperación en infraestructuras entre los operadores; no digiere el esfuerzo de las telecos por negociar directamente en su momento con Barroso paz por inversiones y se le atraganta aún la regulación española de la fibra por la CMT. Por eso arremete, aunque sea con sables nebulosos, contra la Comisión, las operadoras y el diámetro del mercado español. Se enreda con la ‘excepción española’, ésa que -Reding dixit- hace que sea el único país donde suben las tarifas y baja el uso de la banda ancha.

Salta sobre el mercado ibérico con pértigas imposibles: España no ha dejado de crecer en banda ancha fija -incluso a más ritmo que la media- es líder en banda ancha móvil de alta velocidad (con una penetración del 25,9%, el doble que la UE), se ha convertido en uno de los mercados más aventajados en portabilidad móvil y está a la cabeza de la Unión en consumo de paquetes de convergencia. Y los precios -más caros en adsl que la media- no lo son tanto en móvil, sobre todo en coste por minuto. España es líder absoluto de la Unión Europea en penetración de Internet móvil de alta velocidad -como los servicios móviles de tercera generación (3G) y las tarjetas de datos para ordenadores portátiles-, por delante de países como Italia o Alemania. Aunque la tasa de penetración de la telefonía móvil en España (el 114,27% en octubre) aún no alcanza el suelo de la media europea (118,9%), creció significativamente el último año, muy por encima del alza del 7% de la media europea en el último año.

Pero la Comisaria Europea de Telecomunicaciones sitúa a España en un lugar que no le corresponde. Se empeña en colgarle la ‘antimedalla’ como el país de los Veintisiete donde más gastan de media los usuarios del móvil. Es cierto que la oferta mensual más barata (incluyendo llamadas y mensajes de texto) que se podía encontrar en España hace un semestre ascendía a 35,89 euros, lejos de la media comunitaria de 19,49 euros. Pero eso ya ha cambiado y además el precio medio por minuto es sólo tres céntimos superior a la media europea, según la propia CE. Y ocho países están por encima, hasta el techo de los 27 céntimos. Algo similar ocurre con la banda ancha: las telecos españolas pueden ser más caras que sus competidoras europeas en las velocidades superiores -un 54,6%- pero, por ejemplo los 30 megas de Telefónica ofrecen un 92,85% de la velocidad prometida. Según el Gobierno, existe una discrepancia entre las cifras que estima la Comisión Europea, de 45,83 euros de media al mes, con los de la CMT, que apunta a 28,8 euros de ingresos medios por conexión de banda ancha residencial y 32,63 euros que se lleva Telefónica por cada línea de ADSL. Y es el propio informe semestral de la Comisión Europa el que -de espaldas a las lanzas de Reding- alaba la competencia en la portabilidad en el mercado español, uno de los países de la UE donde un mayor número de personas ha cambiado de operador sin perder su número, tanto por lo que se refiere a telefonía fija (4 millones de números portados) como sobre todo móvil (18,3 millones).

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