edición: 2783 , Viernes, 16 agosto 2019
15/04/2011
EL DEDO DE MADOZ
José Luís rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno

Los sherpas de la Moncloa y las naranjas de la China

CIC tiene saturada su capacidad de inversión internacional desde finales de año y debe solicitar autorización específica al Gobierno para poder ampliarla
Carlos Schwartz

La especie de que China Investment Corporation (CIC), un fondo soberano que invierte reservas de la República Popular China gastaría unos 9.300 millones de dólares en las cajas de ahorros españolas, desmentida por el fondo a Reuters, aparentemente fue difundida entre los periodistas que acompañan a la delegación española en Asia por portavoces oficiales. Es decir, los sherpas de la Moncloa, o algunas fuentes próximas a ellos, intoxicaron a los periodistas. El miércoles este redactor almorzaba junto al director de esta publicación cuando un colega llegó a unirse a la comida con la noticia de la presunta inversión de CIC en los labios. Debo confesar que la información nos ocasionó una carcajada. La inversión internacional de CIC en el mundo ha estado sujeta a fuertes críticas dentro de China y en el comité central del Partido Comunista de China –que aun gobierna a ese país– tras el traspié que le ocasionó la inversión el 19 de diciembre de 2007 de 5.600 millones de dólares en bonos de conversión obligatoria en acciones del banco de negocios estadounidense Morgan Stanley que representaba el 9,86% del capital de la entidad.

En octubre de 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, Mitsubishi UFJ Financial Group invirtió en Morgan Stanley en una operación destinada a su reforzamiento, lo cual diluyó la participación de CIC al 7,6% del capital de MS. Acto seguido CIC, en defensa de su propia inversión en junio de 2009 volvió a invertir en MS 1.200 millones de dólares para recuperar su 9,86%. Esta es la mayor inversión exterior de CIC que intenta desde entonces diversificar sus inversiones y no concentrar riesgos en el sector financiero donde tiene el cartón del bingo con casi todos los números cubiertos. Es obvio que esto no era del conocimiento de quien echara a rodar la información, como tampoco de los que la difundieron.

CIC tiene saturada su capacidad de inversión internacional desde finales de año y debe solicitar autorización específica al Gobierno para poder ampliarla durante 2011, cosa que no se sabe si hará. No es nuestra pretensión hacer leña del árbol caído pero el desliz de comunicación por parte del gobierno pone de relieve el perfil más deleznable de una estrategia que se basa en crear artificios informativos destinados a la audiencia interna e internacional que le llevan ocasionalmente a hace el ridículo de forma estrepitosa. Es de creer que en el consejo de política internacional y cooperación del PSOE en el que se sienta alguno de los sherpas de la Moncloa estas cosas se valoren como se debe, ya que es dudoso que el gobierno tome las medidas drásticas que debiera frente al desaguisado cometido en vísperas del foro de Boao al que concurren las principales naciones asiáticas y dirigentes de grupo de países BRIC, como Dilma Roussef, la presidenta de Brasil. Pero hay todavía un dato más que se suma a este cuadro.

A las preguntas en la rueda de prensa sobre cuál era el futuro de la inversión china en España, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez zapatero declaró: “El primero, sector financiero. He explicado a los inversores chinos que España es una economía muy bancarizada, que España tiene un sistema financiero muy eficiente -por cierto, y ellos lo han subrayado, conocen bien al Santander y conocen bien al BBVA, que tiene presencia significativa en China- y que en el proceso de reestructuración que estamos haciendo de los Bancos y de las Cajas la inversión de capital chino sería muy importante. Insisto, hay un compromiso, ya establecido ayer por el Primer Ministro, que se tiene que concretar por una de las agencias estatales, para la inversión de China en nuestras Cajas”. Son estas las declaraciones las que dieron pie al posterior “malentendido”. Sin embargo, uno de los objetivos centrales de las reuniones del presidente con las autoridades chinas era dar confianza sobre la capacidad de pago de España referida a su deuda pública.

El esfuerzo tiene como telón de fondo el hecho que en tasa anual a febrero de 2011 la inversión de China en deuda pública española bajó según datos del Tesoro. Es más, esa inversión viene bajando desde su máximo histórico en 2009. En el mes de febrero pasado la inversión de las naciones de Asia en la deuda pública de España era igual a la inversión de Francia. De aquí se sigue que para España es estratégico disipar las dudas sobre su economía ante los inversores asiáticos en un intento por recuperar la posición privilegiada que nuestra deuda pública tenía en 2009. Entretanto, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social ha incrementado su cartera de deuda pública española más allá de lo razonable con aproximadamente un 10% del saldo del total bruto de la deuda emitida.

Es decir, la deuda pública acapara un 88% del Fondo de Reserva de la seguridad social, lo cual indica un incremento del 10% entre diciembre de 2009 y diciembre de 2010. La Seguridad Social ha actuado como amortiguador de la menor demanda de otros inversores institucionales a lo largo del año pasado. Lo cual no es una buena señal. Entre Francia, China y la seguridad social hay un 60% de la deuda pública española. ¿Cuánto tienen los bancos españoles? Es de tener en cuenta que la Seguridad Social de Portugal ha sido bastante más conservadora a la hora de exponer los recursos de los futuros pensionistas del país a su propia deuda pública, quizá por la conciencia de que en un futuro más que probable las deudas de Grecia, Irlanda y Portugal sean reestructuradas, con lo cual sus acreedores -entre ellas las seguridades sociales europeas- deban sufrir una quita además de un escalonamiento de los vencimientos distinto del previsto originariamente.

Vale la pena recordar que el Fondo de Reserva de los pensionistas irlandeses tiene invertido en entidades bancarias con escaso futuro 17.000 millones de euros. Entretanto, el presidente del Gobierno lanzó otra perla en su rueda de prensa en China: “El segundo campo que ha sido objeto de comentario es el campo de las infraestructuras: infraestructuras en España, infraestructuras con empresas españolas en Europa e infraestructuras con empresas españolas y financiación china en Latinoamérica. No en vano seis de las diez principales constructoras que tienen más adjudicaciones de obra pública en el mundo son españolas. Por tanto, ahí hay un campo de cooperación significativo”. No es muy fácil de comprender esta estrategia. ¿Piensa el presidente traer a competir a empresas constructoras chinas a España? No le es suficiente con el parón que ya tienen las locales y quiere más competencia...

Uno de los principales competidores de las empresas de obras públicas españolas en el norte de África son precisamente las empresas chinas. Estas llevan a sus propios obreros a los trabajos que emprenden, es decir exportan a países de África mano de obra, creando en ciertos países, como el caso de Argelia, conflictos locales. China ha tenido que hacer una operación de logística compleja con motivo de la crisis en Libia para rescatar a su colonia de trabajadores allí.

Por otra parte, China está en condiciones de dar a los países a los que ofrece la construcción de obras públicas una financiación que no puede dar ningún otro país competidor. Por añadidura, las empresas chinas ya tienen una presencia significativa en América Latina. Si la idea del presidente es que las empresas chinas de construcción e infraestructuras entren en el capital de las empresas españolas para usarlas como mascarón de proa en su entrada a América Latina, habría que preguntarse en cuál es la sinergia de esa operación. No se termina de comprender que es lo que pretende. ¿Que China compre a ACS, OHL, FCC? O que le echen un cable a Sacyr mediante una macroampliación de capital. Porque finalmente Sacyr tiene un 20% de Repsol y está embarcada en una batalla accionarial. Y Repsol sí le interesa a los capitales chinos.

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