edición: 2940 , Viernes, 3 abril 2020
29/04/2009

Los ‘stress test’ españoles, muy útiles para fusiones

Se admite en privado que “las pruebas de solvencia” darían grandes sorpresas
Juan José González

Ayer, el consejero delegado de BBVA, José Ignacio Goirigolzarri aseguró que, en su opinión, “la Banca española no necesita un stress test”, afirmación que a buen seguro es compartida en público por la mayoría de sus colegas del sector, pero si se cuestiona el asunto en privado, la afirmación desaparece por completo. El día antes, un directivo del Popular era más sincero, no se mordía la lengua –en privado- y opinaba que “no estaría de más una ‘prueba de esfuerzo’ en España” queriendo dar a entender que habría muchas sorpresas. Lo cierto es que los resultados del célebre test levantan tanta o más expectación entre la Banca española que incluso en la propia estadounidense. Pero ¿quién puede asegurar que las entidades financieras españolas no han sido sometidas ya a una prueba similar?

La semana pasada el Banco de España reaccionó ante una información con intención de sembrar la sospecha sobre la existencia de algo similar a un ‘stress test’ español, sobre la noticia que aseguraba que unas siete cajas tenían la etiqueta de insolventes, asunto grave que contó con un desmentido en toda regla de Cibeles. Pero el mercado interpretó de inmediato que el Banco de España contaba ya, en ese momento, con un informe sobre la prueba de esfuerzo de una veintena de entidades financieras. Como es lógico, el contenido de ese informe es materia reservada y clasificada, y sobre el mismo es posible que el Banco de España ya cuente con los resultados del ‘stress test’ de la Banca española y que se encuentre trabajando en consecuencia desde hace unas semanas, en las que se han sucedido declaraciones públicas del supervisor animando a la necesidad de recapitalización del sector bancario.

Tampoco se quieren dar a conocer  los resultados del mismo porque es posible que, antes que arrojar luz y credibilidad sobre el sistema financiero, se produzca el efecto inverso. Es por ello que varios expertos del sector se inclinan a pensar que no habrá conocimiento al público de las pruebas de esfuerzo bancarias porque se utilizarán para fijar los criterios de fusiones y alianzas entre miembros del sector. Otros apuntan a la posibilidad de que, incluso, no llegue a conocerse siquiera tras las fusiones. Una cuestión sí es segura, que el stress test español servirá de guía comparativa al banco central para la realización de ejercicios de mayor alcance como puede ser la hipótesis de concentrar la banca actual y proponer una reducción del número de entidades de nuestro sector bancario. Por esta razón es posible que el segundo ejecutivo de BBVA se haya precipitado en su juicio.

En el sector bancario preocupa un aspecto que se le quiere dar al informe sobre las pruebas de esfuerzo: el carácter público del mismo obliga a comunicarlo a los mercados  y contarlo a los cuatro vientos, y ante lo que los aludidos bancos norteamericanos se muestran reticentes desde que se propuso la idea. Además, tampoco gusta al sector la dimensión política en que ha derivado el asunto, consecuencia, asimismo, de hacer públicos sus resultados, lo que, por otra parte, no ayuda ni a la estabilidad del mercado ni aporta tranquilidad al público, precisamente las bondades que se querían transmitir a los ciudadanos y a los mercados.

A propósito de la utilidad de las mencionadas pruebas de esfuerzo habrá que pensar en que pueden darse dos situaciones: si los resultados concluyen que todas las entidades están en buenas condiciones, el sistema, los mercados y los impositores o clientes del banco, directamente, no se lo creerán, especialmente desde que ya se han filtrado que dos entidades salen bien y el resto tiene problemas. Pero si los resultados desvelan los nombres de aquellos con problemas de capitalización, es más que posible que suceda una crisis de confianza y una reacción en cadena, algo parecido a lo que hemos visto a mayor escala.

Por el momento, los stress test se han ganado la fama –mala- de que nadie sale bien parado y que en este caso, si la intención es contar con un informe que obligue a algunas entidades en apuros a aceptar más dinero público, es posible que el cambalache político que se arme acabe por ser la puntilla final. Algunos observadores, con buen juicio, han mostrado su escepticismo ante una situación en la que los principales bancos de Norteamérica cuentan con una serie de nuevas reglas que aportan la discrecionalidad en la valoración de activos. Los bancos señalan la nula eficacia de tal relajación contable, pero los inversores y el mercado no terminan de creérselo porque en apenas dos meses, numerosas entidades financieras han pasado de las pérdidas a las ganancias, luego el informe sobre las pruebas de ‘stress’ llega a los mercados en un ambiente de incertidumbre pero sobre todo de desconfianza.

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