edición: 2109 , Viernes, 2 diciembre 2016
24/09/2008
Observatorio Latinoamericano

Los sueños petroleros de Lula pueden convertirse en pesadilla

Necesita tecnología de explotación, infraestructuras terrestres y marítimas, transporte, esperar seis años y dinero, mucho dinero
Ana Zarzuela

Le basta mirar a las reservas de Tupí y Santos para jurar que Dios es brasileño y autoproclamarse guardián de su jardín, un oasis dependiente de más de medio billón de dólares adicionales si no quiere diluirse como un espejismo. Lula moja sus labios con el crudo y coquetea con la idea de desandar el camino de Cardoso y convertir al Palacio de Planalto de nuevo en señor de los predios de Petrobras. No será ahora. Al menos no hasta que la compañía presente su nuevo plan. Lula se conforma con estrechar el cerco del consejo interministerial que le dictará varias directrices, como designar a la directiva y cocinar la ley para la explotación de la capa ‘presal’, con más beneficios para el Gobierno.

Repsol juega su ajedrez global con los alfiles brasileños. Podrá comer del oasis de sus reservas sin cargar con las cruces de sus expectativas financieras, sin los pies en el lodo de la inflación brasileña y fuera del tiesto de la zozobra política. Como segunda petrolera en el país, será uno de los llamados si Lula decide dar participación a las multinacionales en una nueva empresa bajo batuta estatal que explote las nuevas reservas.

El presidente de la petrolera, Sergio Gabrielli, se contenta con sembrar prudencia y cruzar los dedos para que el mercado crediticio olvide sus miserias con Petrobrás y para que las ansias lulistas no le agüen el oasis a las multinacionales en tierras cariocas con más trabas a la exportación.  Eso será si los ataques de Lula y sus delirios bolivarianos no llegan a buen puerto y si el mandatario vence la tentación de ponerle la mano a la niña bonita de su poderío energético. Si la ley de explotación de la capa ‘presal’ que pondrá a la mesa a partir de octubre no envenena a Gabrielli. Y si sus sueños no despiertan a la realidad crediticia internacional y el miedo de los inversores. La “Dádiva de Dios”, como ha llamado Lula al descubrimiento, puede ser un regalo del demonio. Mientras llega, el desabastecimiento, las importaciones y la dependencia de Bolivia mandan. Por ahora, Gabrielli sólo pone a resguardo sus galones, no quiere que las campanas al vuelo de Lula abollen el aura de la petrolera.

CABEZA EN LAS NUBES Y PIES EN EL LODO

Petrobrás tiene algo que otras petroleras en la región ansían: petróleo, mucho petróleo, y opciones para conseguir más. De los 10 nuevos campos identificados, sólo Iara y Tupí -el mayor hallazgo del continente desde 1987- podrían contener entre 8.000 y 12.000 millones de barriles recuperables, suficiente -al menos en la mesa de Planalto y de Gabrielli- para duplicar las reservas probadas de Brasil y, en conjunto, sumar una producción diaria de gas natural de 120 millones de metros cúbicos, garantizar el abastecimiento, zafarse de la maldición del Triángulo de las Bermudas energético de Bolivia –de donde llega más de la mitad del gas natural consumido por Brasil - y Argentina y, sobre todo -Lula dixit- hacer de Brasil uno de los diez primeros productores de crudo y de los grandes exportadores de derivados.

Brasil se ve nadando en petróleo, pero ahora tiene que extraerlo. El banquete que Lula y Gabrielli esperan servirse a la mesa yace a 7 kilómetros de profundidad, bajo un manto de sal. El ‘tesoro’ del oro negro no deja de ser un Everest invertido bajo el mar. Petrobras deberá navegar aguas desconocidas en desafíos técnicos y multiplicará por diez los costos comparados con los de los yacimientos en profundidades marinas por encima de la capa subsal. El banquete, además, se fía largo: en el mejor de los casos, la disponibilidad de los primeros recursos del Campo de Tupí no llegará hasta dentro de seis años. Y el precio del cubierto promete ser muy caro para los anfitriones y las multinacionales ‘invitadas’. Cada módulo productivo para extraer 150.000 barriles diarios exigirá una inversión de hasta 7.000 millones de dólares y se necesitarán entre 40 y 80  para la explotación de los yacimientos. Unas dimensiones que los 7.200 dólares que Pedro Bonesio y compañía han pescado en el mercado de capitales y la banca en 2008 no preveían ni de lejos. Ni siquiera los 112.400 millones del plan de acción 2008-2012.

Petrobras ya anunció la contratación de diez plataformas flotantes de producción, almacenamiento y transporte  para destinarlas a los yacimientos descubiertos en los últimos meses en el Atlántico. Dos, con capacidad para producir diariamente 100.000 barriles de petróleo y cinco millones de metros cúbicos de gas natural, alquiladas a terceros y las ocho restantes propias e incorporadas a la flota de la petrolera, listas para operar en áreas muy profundas, de entre 2.400 y 3.000 metros de profundidad e inaugurar la implantación del sistema de producción definitivo en la Cuenca de Santos. Eso será a partir de 2013. Como toda la industria, la empresa enfrenta una escasez mundial de taladros submarinos y ha encomendado en Brasil la construcción de 28 unidades a ser entregadas antes del 2017. Además, comprará o fletará 234 embarcaciones antes del 2015, otros 26 supertanqueros y al menos ocho plataformas de producción en alta mar. Pero el problema es mucho más amplio. La explotación marítima exige terminales portuarios modernos y eficientes, y hasta ahora esa necesidad ha sido satisfecha con adaptaciones precarias. Los puertos brasileños tienen estructuras físicas arcaicas, funcionamiento administrativo burocrático y equipos casi obsoletos, que tendrían que ser renovados desde la base. Solamente la modernización del puerto de Sao Sebastiao, en Sao Paulo, espera por 3.000 millones de dólares.

Lula pertrecha sus sueños en los precios del crudo, las mejoras productivas, la expectativa de sus nuevos descubrimientos y la mayor ganancia neta trimestral de su historia (5.489 millones de dólares), un 29% más que en 2007. Amparado por la envergadura de la mayor economía al sur del Río Grande y enfrascado en la carrera para hacerse con la hegemonía regional a dos bandas -la comercial y la militar-, el mandatario le saca brillo a la petrolera, prepara sus armas para despejar las veredas del gigante energético brasileño y trata de pescar en el ajedrez de las miserias latinoamericanas. Petrobrás se frota las manos pensando que la compañía se transformará en la tercera empresa del mundo por detrás de Exxon Mobil (EEUU) y British Petroleum. Y podrá mirar por encima del hombro a PDVSA. Lula, el ‘rey del etanol’, hace lo propio, calculando que su país podría estar en un lugar más próximo a Nigeria y Venezuela y tendrá en su mano una nueva baza para reorganizar el mapa regional de la energía. Podrá mutar el Mercosur a medida que Brasil pase de autosuficiente a superavitario en materia energética y licuar los sueños de liderazgo del presidente venezolano.

ZOZOBRA FINANCIERA

Pero la bestia financiera ha rugido ante Brasil y ni la fortaleza del parqué de Sao Paulo, ni los fuegos artificiales de los nuevos yacimientos han evitado que tiemblen los títulos de Petrobrás en Nueva York, Madrid y el parqué carioca. Su Ley petrolera permitirá crear un fondo soberano con el que reducir el creciente déficit por cuenta corriente del país, que en julio registró 2.111 millones de dólares, ante un déficit de 719 millones de dólares en el mismo mes del 2007. Pero el brasileño también se ha comprometido a destinar una parte de los beneficios procedentes de los megayacimientos e invertir en educación y pagar la ´deuda histórica´ que tiene el país con los más desfavorecidos. Rey de la hegemonía regional, Lula subyace a la tentación que ha arrastrado ya a Cristina Fernández, a la ambición que ha emponzoñado el sector energético en tierras de Chávez y de sus discípulos bolivarianos: la de exprimir la gallina de los huevos de oro petrolera, aún a riesgo de asfixiarla.

Y es que la petrolera estatal tiene la vista en las nubes, pero uno de sus pies enterrado aún en el fango. Ni su deidad de oro negro ni lo sueños del gigante estatal consiguen aminorar el efecto de las debilidades energéticas, las propias y las de sus vecinos. Su producción internacional total de crudo y gas en el primer semestre de 2008 alcanzó un promedio diario de 219.000 barriles, con una disminución de 8,0% con respecto a la primera mitad de 2007, debido a una baja en la presión de los yacimientos en Estados Unidos y la reducción en Argentina y Angola, asociada al declino de los pozos. Y su exportación neta de crudo y derivados en el primer semestre sumó 27.000 bpd, contra 105.000 bpd en la primera mitad de 2007, lo que representa una reducción del 74 %.

Por ahora, el acuerdo bilateral reforzado con el peruano Alan García le permitirá al presidente andino reducir de 15 años a 10 años el plazo de desgravación arancelaria y caminar de la mano de Lula al banquete energético. Un banquete en el que ya Repsol YPF hace tiempo que está sentado a la mesa, las de Camisea en Perú y las de los yacimientos brasileños. Las dimensiones del pozo Iara, en el norte del megayacimiento de Tupí y la interconexión en la cuenca, que los analistas dan por descontada, no hacen más que alentar las expectativas de la española, que acaba de iniciar la campaña de exploración en pozos de la Cuenca de Santos. Repsol aguarda en la ‘pole position’.  De los resultados, de las alianzas y del desembarco del brazo armado del etanol de Petrobrás en tierras ibéricas.

REPSOL YPF SE ARRIMA

En los planes de la petrolera, Brasil será el horizonte de buena parte de sus reservas futuras y el terreno en el que busca sacar petróleo del parqué y de los analistas. La confirmación de las buenas expectativas en las tierras cariocas desvanece los recelos de los inversores y promete restar inestabilidad a una cotización que ha fluctuado al albur de los precios del crudo y ha perdido un 14% en el año. El caramelo brasileño sigue siendo ignoto, sobre todo en el epicentro de su dulzor, en los Campos de Carioca y Guará. Y descubrirlo es costoso. Por eso Repsol YPF despliega el escudo de la prudencia. 

Se baila tranquila. Pero la samba de Repsol YPF va. Con el inicio de su campaña de perforación en la Cuenca de Santos, Antonio Brufau arrima el ascua a la sardina de Lula y Gabrielli, que no ahorran galones ni ensueños energéticos, ahora que Irán se empeña en abrirles las puertas de la OPEP. Todos los caminos del crudo conducen a Petrobrás y Brufau está en posición, además, de ser el cointroductor de embajadores para la bioenergía de brasileña en la Vieja Europa. Los problemas de extracción petrolera en Argentina y las nacionalizaciones en Bolivia y Brasil le han enseñado el precio de la zozobra política; el patinazo del director de la Agencia Nacional de Petróleo de Brasil le mostró el coste bursátil de la imprudencia. Y los celos entre el ministro de Minas, Edison Lobao y el poderío de Petrobrás, le marcan a su socio español las líneas rojas del paraíso energético lulista.

Repsol YPF es ya es la segunda de Brasil por dominio minero exploratorio fuera de la costa, sólo superada por Petrobras, en las cuencas de Santos, Campos y Espíritu Santo y participa en 23 bloques, 11 de ellos como operadora. Los trabajos comenzarán en el pozo Panoramix, situado a 190 kilómetros de la costa y a una profundidad de 170 metros, y continuarán en el Vampira, a 180 kilómetros de la costa y 140 metros de profundidad. Pero la fiebre brasileña tiene sus límites. Las empresas internacionales quieren encontrar más reservas de rápido desarrollo, y mientras ocurran hallazgos de este tipo puede retrasarse el desarrollo de las áreas encontradas en Brasil.

Además, Brasil, embriagado por el cuento de la lechera de los nuevos hallazgos y ávido de ingresos, juega con sus galones: es uno de los veinte mayores exportadores de crudo del mundo y no quiere perder el tren del boom de las commodities en los mercados internacionales. El ministro de Minas, ebrio por los precios de las últimas subastas de bloques petroleros en Brasil, es el primero en reconocerlo: “la vaca del crudo debe dar más leche”. Aunque se convierta en el trago más amargo para su propio sector exterior. La necesidad vestida de déficit obliga, mal que les pese al sector exterior y a las multinacionales. Repsol y las otras trasnacionales pueden quedar atrapadas en el triángulo regional de las Bermudas energéticas: Cristina Fernández aprieta con los impuestos a la exportación, a pesar de que ha sacado las tarifas en el congelador. Evo Morales insiste en ejecutar los sones de su nacionalización fallida, Correa no gana para amenazas a las petroleras internacionales. Y ahora, Lula da Silva amenaza con ponerse también estupendo.

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