edición: 2494 , Viernes, 22 junio 2018
18/07/2011
El efecto boomerang golpea a Ordóñez: los ‘suspensos’ sólo crean mala imagen

Los ‘suspensos’ servirán para acelerar la reestructuración de las cajas

Para el Supervisor los test eran la base de un experimento muy arriesgado
Salida de fondos, primer golpe que sufrirán las entidades que no superaron el examen
Miguel Ángel Fernández Ordoñez, gobernador de Banco de España
Juan José González

Sabor amargo entre quienes esperaban un antes y un después de las pruebas de estrés. Aparecen tantos argumentos a favor como en contra para designar a vencedores y a vencidos, a aprobados y a suspensos. Falsa imagen la que se quiere aprovechar de unos resultados de la EBA por unas autoridades que como el Banco de España perseguían e insisten en querer transmitir que la imagen del sector financiero esta limpia, brilla y además da esplendor. Imágenes, bordeando lo pueril, de un viernes a las seis de la tarde, con un gobernador del banco central, el español, que nervioso, superado por la realidad, abrumado por focos e informadores, sin papel ni guión, inseguro ante un discurso que en otra situación habría ventilado sin inmutarse, transmitió eso, inseguridad y falta de credibilidad en el discurso propio; no se creía lo que estaba diciendo. Lástima de ocasión malograda en una oportunidad de oro para lograr en público lo que no son capaces de conseguir ni las cifras ni las decisiones del propio banco central. Y lástima, en fin, que el único que no ha logrado superar la prueba de estrés sea el propio Banco de España, incapaz de resistir un escenario exigente pero en ningún caso insuperable.

Las necesidades de capital adicional de la banca europea que no ha alcanzado la cota mínima del 5% en un escenario con fuertes problemas –en escenarios algunos ya superados- como acaba de publicar la autoridad bancaria europea EBA, no parece que vayan más allá de los 2.500 millones de euros, cantidad de la que la española CAM representaría el 45%, unos 950 millones. Unas cifras que indican el tamaño relativo del problema, si bien, de las cifras conocidas el viernes la que esta siendo analizada con mayor preocupación por parte de inversores y autoridades en la relativa a la exposición de la banca española a la deuda soberana de los países, socios europeos, que en la actualidad pasan por una peor situación financiera en su deuda soberana: nada menos que 337.000 millones de euros que viven en los balances de las 25 entidades financieras sometidas a las pruebas de solvencia.

Los resultados del análisis comparativo entre todas las entidades del test, no parece haber sorprendido en exceso a los analistas del sector, muchos de ellos han venido opinando a lo largo del fin de semana que la carga de expectación era muy superior a la realidad que han transmitido los datos, si bien, no se puede despreciar el torrente de información, relativamente, novedosa que aporta la sábana de números de las 90 entidades financieras analizadas. Seguramente, como afirmaba un consejero delegado de uno de los grandes bancos españoles, “nuestros departamentos comerciales sabrán sacar mejor partido de la información”, en referencia a la diversidad de los variados ránkings que hace posible la información de la EBA, y en particular, en un sistema que, como el español, siempre se ha movido –desde la vertiente comercial- por esas clasificaciones del mejor, el peor, el más grande o el más rentable y solvente…

Quizás una reflexión que no parece haber sido abordada en la mayoría de los análisis de estos días, tiene que ver con el papel del Banco de España en el escenario de los estrés test o pruebas de resistencia. El papel del Supervisor se refiere a las gestiones llevadas a cabo por Gobernador y responsables de esta batalla, tanto en su vertiente de relaciones con la EBA como en la relativa a la desarrollada en el interior, en el mercado español. Apuntar que los elogios desmedidos, que superaron todos los calificativos al uso del Gobernador hacia el trabajo y esfuerzo desarrollados por los técnicos de la EBA, podrían calificarse de vergonzosamente aduladores, al menos, todos aquellos que fueran más allá del simple reconocimiento de una labor bien hecha. Y punto.

La reflexión de las pruebas de resistencia tiene que ver con los esfuerzos del Supervisor en aprovechar dichos exámenes, no sólo para mostrar la veracidad y, por tanto, la credibilidad de las cuentas de las entidades, sino también para transmitir otra imagen no menos importante como la de transparencia de una actividad, la bancaria, que nunca se ha caracterizado por la claridad ni el exceso de luz en sus cuentas. Al Banco de España le interesaba y le interesa que se pueda comparar y medir tamaños y distancias entre las distintas entidades financieras porque la posición de las españolas sale mejor parada que el resto. Quizás en este sentido, el Supervisor español se pase en cierta medida y no haga uso del mismo volumen de picardía y astucia que sus colegas italianos, franceses y alemanes. Pero donde el Banco de España puede haber errado -o todo lo contrario, acertado de pleno, ya se verá en función del resultado- es en la utilización de tan elevados niveles de transparencia y credibilidad de unas cuentas con el objetivo de presionar a las entidades financieras españolas en su camino hacia la reestructuración de las cajas y a la concentración de los bancos medianos.

Desde la Comisión Europea y desde numerosas instituciones nacionales y europeas, se han escuchado con frecuencia referencias a la lentitud del proceso de reestructuración del sector financiero español, así como de la atomización del mismo. No les falta razón y el Banco de España, superado por la adversa realidad de los últimos dos años -por no decir cuatro o cinco- ha debido luchar contra el mercado, contra el ministerio y su ministra, contra el secretario de Estado de Economía, contra la oposición popular, contra el partido socialista que le propuso al cargo, contra la mayoría del sector financiero –cajas de ahorros- y, en definitiva, contra todos los elementos posibles, sin aliado alguno.

En esa adversidad y soledad ante el peligro, al Gobernador se le ocurrió experimentar, para lo cual no dudó en utilizar las pruebas de solvencia del sector para enseñar las bondades y las vergüenzas de unos balances que no deben preocupar más allá de lo necesario. Y lo necesario es que finalice, de una vez por todas, el proceso de reestructuración sectorial que sirve, una y otra vez, para los mercados y algunos Gobiernos como el alemán, tengan argumentos para devaluar la solvencia de un sector solvente.

El resultado ofrecido por los test de estrés y la exhibición pública de los suspensos y malas notas en la asignatura de solvencia para Catalunyacaixa, Unnim, Caja 3, Pastor y CAM, no es garantía de que estas vayan a acelerar el cierre de sus particulares crisis, sino que, en algún caso, puede convertirse en un motivo de salida de clientes que alarmados sin motivo retiren sus depósitos y cuentas de estas cinco entidades. Si esto es así, el boomerang lanzado puede haber impactado con fuerza en la cabeza del lanzador.

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