edición: 3003 , Lunes, 6 julio 2020
19/10/2017
banca 
Bruselas trabaja en la nueva metodología

Los test de estrés a la banca fracasan, ocultan problemas y agravan el recelo de la clientela

El BCE oculta los resultados de las últimas pruebas y mantiene la desconfianza del mercado
Juan José González
Una crisis en toda regla. La pérdida de confianza de los ciudadanos en el sector bancario tras la crisis financiera continúa sin levantar cabeza. Sobre el papel, la autoridad bancaria europea había depositado buena parte de su confianza en que las pruebas de stress a los bancos europeos conseguiría restaurar los sentimientos de seguridad y credulidad perdidos, erosionados o cercenados a lo largo de los últimos años por una crisis financiera que se llevó por delante ahorros y activos de la ciudadanía en tanto que clientela inversora bancaria; era conocida la "mala prensa" de los test de stress entre empresas, bancos y clientes. El intento del Banco Central Europeo por recuperar la confianza perdida en la peor fase de la crisis financiera consistía en aportar luz y transparencia sobre el estado de salud de las entidades bancarias. Pero con el tiempo se comprobó que el intento era insuficiente, corto, falso e ineficaz. El sistema financiero irlandés aprobó el test de stress en 2010; el belga Dexia lo superó con nota e, incluso el español Popular, quién lo diría, pasó la prueba. Pruebas que no reflejaron la realidad y que ahora nadie se cree; ni siquiera el BCE, que ahora trabaja en algunas modificaciones.
Un pequeño equipo integrado por media docena de técnicos de la autoridad bancaria europea, trabaja desde hace meses en la reforma de los criterios en los que se basa la metodología de las pruebas de resistencia a las entidades financieras europeas consideradas por sus riesgos como "bancos sistémicos". La razón no es otra que la crisis de la metodología y de los criterios que desde 2010 se llevan aplicando al análisis de sistemas financieros y de entidades bancarias.

Pero los resultados, lejos de ofrecer una utilidad práctica y real mediante cifras y comentarios técnicos, han logrado acumular un histórico de fiascos, fracasos, clamorosas meteduras de pata que serán recordadas por generaciones y que, al final, sólo han conseguido alimentar polémicas y, en muchos casos, incrementar los riesgos de mercado, letales a la postre para algunos países y entidades bancarias. Sirva recordar que el sistema de stress test se estrenó con el análisis del sistema financiero de, nada menos que, de un país, Irlanda allá por 2010.

Como si de un mal de ojo se tratara el sistema financiero irlandés se vino abajo dejando perplejos a autoridades de Bruselas, empresas, clientes y sector bancario europeo, pues el sistema financiero del país había superado todas las pruebas con una nota "excelente". Quizá quienes menos se sorprendieron fueron las autoridades de Irlanda, seguramente al tanto de lo que se cocinaba en su propia casa. Pero es que un año más tarde, fue la entidad belga Dexia la que solicitó a su Gobierno un rescate que la salvaría de su desaparición. Poco antes, Dexia también superaba –y con "excelente" calificación- la prueba de resistencia del BCE.

Recordar también que el examen más amplio del sistema bancario europeo se realizó el pasado año, ofreciendo datos muy relevantes del 72% del sector. Los resultados han sido variopintos desde el punto de vista de la eficacia del veredicto, esto es, acertaron en la descripción de los problemas -"muy graves"- de la banca italiana, austriaca y germana, pero han vuelto a meter la pata con el español Banco Popular. Este fue uno de los seis bancos españoles que pasaron el examen -o prueba- de los stress test en ese año 2016; ajustado pero pasó, lo que no evitó que figurase en el grupo de los ocho peores bancos del continente europeo, según los criterios de la autoridad bancaria europea.

Parece ser que no sólo fallan los escenarios aplicados a cada entidad, si no que, además, se observan otras desviaciones por precios y valoración de bonos. Un experto de mercado apunta "que los efectos de las políticas del BCE están distorsionando las ratios de las entidades bancarias hasta el punto en que llegan a convertir en fallida cualquier estimación sobre riesgos presentes y futuros". 
Pero al margen de aspectos técnicos, las pruebas de resistencia tienen una particularidad que obliga a someter su metodología y criterios a una revisión en profundidad. Es el caso -por citar un aspecto- de la transparencia de la información. En las pruebas realizadas en el primer semestre de 2017 (con la intención de medir el aguante de cada banco ante un escenario prolongado de tipos de interés negativos) el BCE no difundió los resultados al mercado, luego la falta de transparencia continua siendo la barrera que frena la credibilidad de la clientela y también de las empresas e inversores.

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