edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
24/02/2010
La deuda española se resiste a la pérdida de confianza de los inversores

Los títulos de Reino de España recuperan la solvencia en el exterior

En medios políticos se valora con frialdad la intervención de la Jefatura del Estado
Juan José González

Que la soberanía de un Estado tiene un precio, sólo es un intangible que puede experimentar un reducido grupo de personas ligadas a la actividad política, económica o social de un país, del Estado, en su calidad de funcionario, profesional, empresario o líder político o sindical, y en determinadas situaciones. Cuando un país sale a los mercados internacionales en busca de dinero, financiación, para que la maquinaria del Estado siga funcionando, es una de esas situaciones donde lo intangible se convierte en claramente tangible. Esto es lo que le sucede a un país en febrero de 2010 cuando para satisfacer el endeudamiento exterior se ve obligado a estudiar el mercado en busca de los mejores acreedores para financiarse. Esta es la actividad principal que realizan a diario varios funcionarios de la Dirección General del Tesoro, ellos son el termómetro, barómetro y pulso del prestigio, crédito, confianza y valor del papel físico del Estado, son los que mejor conocen el precio de la soberanía en tiempo real.

Esa soberanía tangible se manifiesta en términos de CDS, que miden la confianza de las emisiones de deuda (ayer en 122 $ anual para cubrir 10 millones de $) y en términos de rendimiento del bono español (ayer 4,003% y con un diferencial respecto al bono alemán –la referencia europea- de 72 p.b.). Las últimas colocaciones de emisiones de Deuda Pública a tipos de mercado y con sobredemanda, demuestran que el papel de Reino de España se recupera y se consolida en niveles aceptables, aunque aún lejos de los 52 p.b. estimados como ‘zona templada’ para la deuda soberana.

Pero la deuda externa de España es bastante más elevada que la reflejada en las cuentas de Deuda Pública, que únicamente recoge la deuda propia del Estado. La deuda externa española esta formada también, y además, por el endeudamiento exterior de más de 4.000 empresas que le deben a un tercero no nacional una cantidad superior al millón y medio de euros, y por si ello no fuera suficiente, hay que añadir la deuda exterior del sistema bancario (bancos y cajas). La suma acaba siendo un todo que se puede decir que es la deuda total del país, suma que actualmente encuentra cifras para todos los gustos.

Por todo ello, es tan importante que la confianza de nuestros prestamistas hacia las cuentas, hacia el país y hacia las personas se mantenga en el lugar más alto posible. El Estado, a través del Tesoro Público, se encarga de refinanciar vencimientos pero también se encarga de buscar financiación nueva. Y aquí es donde en los últimos meses (de octubre de 2009 a enero de 2010) el Tesoro se ha encontrado con mayores dificultades para captar financiación neta para el Estado.

El asunto no tendría mayor interés si a principios de febrero pasado no hubiera estallado la crisis griega y el episodio posterior de comparación con las situaciones particulares de España, Portugal, Italia y demás. Los tradicionales ‘agentes comerciales’ del Estado se pusieron en marcha y a gran velocidad se personar en los centros de poder económico (y mediático) donde se creaba la sensación de que España perdía solvencia: estaba en juego la confianza, la antesala de la soberanía. Y se valoró positivamente –adecuadamente- las giras de los funcionarios de Economía (vicepresidenta Económica, secretario de Estado y el equipo de la Dirección General del Tesoro).

Sin embargo, llama la atención la frialdad, desinterés y desidia, como suma de ambos, mostrada por gobernantes y empresarios –no expresada ni visible ni públicamente- por la intervención del Rey Juan Carlos en esta crisis de confianza internacional hacia España. En Francia, Reino Unido y Alemania, las procesiones de funcionarios por el mundo se prodigan tanto en tiempos de bonanza como de escasez, delegaciones de Gobiernos enteras que se lanzan en práctica habitual a la presentación del país, unos road shows que acaban siendo rentables.

Sin embargo, esas delegaciones no suelen llevar Jefe del Estado –salvo identidad de funciones con el Jefe del Gobierno-. La actuación y gestiones de la jefatura del Estado pertenecen al mundo de la discreción, son contactos institucionales orientados a reforzar la imagen de un país y su confianza en los agentes económicos y sociales. Esto es lo que se ha producido en las últimas semanas con la intervención del Jefe del Estado, el Rey, y que sirvió para enviar un mensaje de confianza a los mercados financieros internacionales.

En esos mercados el Tesoro Público español esta representado –o representa- unos títulos –Reino de España- a los que se otorga un valor real, o cotización, en base a un crédito o confianza, que es variable -recordar el precio del bono español en 1981 (23-F)-. La intervención del Jefe del Estado (¿qué comentarios se hubieran hecho a la jefatura del Estado si ésta no hubiera hecho ni el más mínimo gesto?) de un país con un déficit elevado, que busca refinanciar además de financiar, no puede suscitar dudas a los financiadotes, Estados y empresas financieras e industriales.

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