edición: 3005 , Miércoles, 8 julio 2020
27/05/2020
IAG pretende recuperarlos antes

Los acreedores de Iberia y de Vueling saben que no podrán repartir dividendos hasta 2025

El horizonte no pinta bien para el despegue de las aerolíneas, peor para las más endeudadas -calificadas como bonos basura- y de pérdida de licencias de vuelo en Europa por el Brexit
Juan José González
Iberia y Vueling, compañías integradas en el grupo británico IAG, consiguieron en la primera semana de marzo, ya con la pandemia paseando por las calles de toda España, el plasma sanguíneo indispensable para que las aerolíneas, de origen español, se mantuvieran con vida. La financiación vía urgente e intravenosa le vino inyectada por las grandes entidades bancarias españolas: Santander, Caixabank, BBVA y Bankia así como la colaboración del Instituto de Crédito Oficial (ICO) que puso su parte de capital, menos relevante en este caso pero de gran trascendencia en la coyuntura. Un crédito de urgencia sindicado y con evidente nocturnidad fue comunicado a toda prisa a la CNMV; en total unos 981 millones de euros a repartir según tamaño y volumen de capital entre las dos compañías aéreas, que al final lograron mantener ondeando sus banderas. Con esta premisa, la salvación financiera de las dos compañías, el grupo matríz al que pertenecen, IAG, cotizado en el mercado bursátil, sirvió para salir de un apuro al tiempo que se introducía en un callejón sin salida: las ayudas o financiaciones que conlleven el aval del Estado limitan y desaconsejan la distribución de los beneficios en tanto que la empresa que recibe la financiación con aval no devuelva el 75% del préstamo.
De esta forma, la aerolínea, el grupo IAG, cerraba la puerta a la distribución del beneficio no sólo en el presente ejercicio sino también para los que pudiera generar en los próximos años. Una hipoteca gravosa y dolorosa a la que sin embargo parece querer resistirse el grupo británico, perceptor por otro lado, de ayudas financieras por valor de 9.000 millones de euros del Gobierno británico directamente a British Airways, también en el grupo IAG. Volviendo a la financiación de urgencia de las dos aerolíneas españolas, cabe pensar que los casi mil millones de euros inyectados por el sindicado bancario privado y el aval del ICO hará posible (o probable) que ambas puedan levantar el vuelo cuando las autoridades reactiven el tráfico aéreo y el sector pueda regresar a la normalidad. No es una situación que invite al optimismo puesto que el transporte parece que será el sector de cola que cierre la salida del confinamiento, lo que en términos económicos va a contribuir sin duda al crecimiento de los problemas de las dos compañías y, por tanto, del grupo IAG.

Por otra parte, si la situación financiera ya era un problema de cierta magnitud, el parón de la actividad aérea mundial lo elevaba a la categoría de catástrofe, los resultados trimestrales del grupo matriz, IAG, no ayudaron a mejorar la mala imagen del negocio como tampoco a despejar la pista para el despegue. El grupo comunicaba unas pérdidas de 1.860 millones de euros en el primer trimestre del año, cuando todavía los Estados apenas habían comenzado a reaccionar a la pandemia. Un trimestre con caída del 15% de los ingresos y en un período en el que un año antes había registrado 135 millones de beneficio. 

Está claro, por tanto, que el grupo de las aerolíneas tiene complicado, casi prohibido, aspirar a repartir un beneficio que en el futuro se muestra previsiblemente fallido. Por otro lado, no entraría en la lógica empresarial (ni en ninguna otra) que el grupo repartiese dividendos con una liquidez procedente de préstamos de urgencia y de avales públicos, en este caso, de líneas de préstamos del ICO. Se da por hecho que el sindicato bancario y el ICO habrán conseguido de las compañías aéreas un compromiso condicional que excluye el reparto de, en este caso, la liquidez de urgencia aportada a las empresas.

Las entidades bancarias, en esta ocasión como en otras similares en la que una compañía recibe un préstamo de urgencia, de liquidez, acostumbran a extremar las condiciones de crédito, como es en este caso de IAG el bloqueo del reparto de dividendos mientras está pendiente el pago de la deuda. Más que un criterio de lógica financiera se trataría de la aplicación de la razón. en cualquier caso, el horizonte que tiene por delante el grupo IAG no invita a un despegue, al menos hasta que asimile los ajustes que, para British Airways suponen la salida de 12.000 trabajadores (que hay que indemnizar) y la pérdida de algunas licencias de vuelo para la Europa que excluyen por el Brexit, todo lo cual redundaría en una caída de los ingresos, del negocio y del tamaño del grupo. Un escenario nuevo, sin duda, del que hay que descartar cualquier intención de recuperar el dividendo para los próximos cinco, en 2025, si todo va bien puesto que el mercado tardará tiempo en recuperarse, las deudas en ser devueltas la nueva financiación, con el rating basura garantizado, más costosa. Demasiadas dificultades a la vez para despegar.

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