edición: 3070 , Martes, 20 octubre 2020
29/09/2020
Se necesitan nuevas recetas y vacunas económicas

Los bancos centrales emplazan a los gobiernos y sus políticas fiscales para salir de la recesión

Los supervisores -la FED y el BCE- ceden el testigo de la recuperación económica a las políticas fiscales de los Gobiernos al dar por agotadas las monetarias aplicadas hasta ahora para evitar que se hundiesen las economías, con éxito dispar y discutible
Juan José González
Se agotan las herramientas en manos de los responsables de los bancos centrales. Con mayor o menor claridad, pero vehementes, la Reserva Federal norteamericana y el Banco Central Europeo reconocen el cansancio y la atrofia de las diversas formas de políticas económicas, financieras y monetarias aplicadas en las dos últimas décadas para restablecer los equilibrios existentes con anterioridad a 2008. La sensación general en los grandes centros económicos es que las autoridades monetarias andan un tanto desorientadas en la nueva situación de la economía mundial, tocada por un evento sobrevenido, no planificado por la econometría clásica: ningún modelo predictor parece haber tenido en cuenta la posibilidad de un virus con tan enorme capacidad de influir en la marcha `normal´ de la Sociedad. Y menos, claro, de los posibles efectos que podría llegar a tener una pandemia que seguramente cumplirá un año sin mayores esfuerzos. Sobre el papel, los bancos centrales, las autoridades supervisoras de los mercados que viven en el y para el sistema, deberían estar marcando el camino, indicando el lugar de los baches, los giros a la derecha, a la izquierda... Pero sus indicaciones no parecen hoy contar con la credibilidad necesaria de los mercados como tampoco con los Gobiernos de los Estados, que comparten el despiste con los bancos centrales.
Los instrumentos clásicos que emplean estos últimos se quedan cortos, insuficientes o pinchan hueso. No sirven por ineficaces o porque la vacuna contra las crisis ha mutado volviéndose inocua. Así que agotados los instrumentos y las herramientas clásicas de las políticas monetarias, los supervisores se encomiendan a las políticas fiscales que, naturalmente, son asunto de los gobernantes políticos. 

Tampoco se trata de una claudicación en toda regla de los supervisores antes de rendirse a la evidencia de unas situaciones -crisis sucesivas en muy corto espacio de tiempo- que superan la eficacia de cualquier vacuna (término en boga) monetaria disponible, sino que más lo que están reconociendo de una forma velada es el despiste y la inseguridad de la medicina a aplicar en esta situación, cómo y cuándo. La indecisión estaría justificando en buena parte la ausencia de nuevos objetivos de las políticas monetarias que obviamente se echan en falta en esta fase de la pandemia. 

Las autoridades monetarias andan en los últimos tiempos navegando con cierta indecisión; no sobre las decisiones a tomar, que seguramente las puedan tener bastante decididas y acordadas, sino por la dilatación en el tiempo de las medidas. Llama la atención al respecto que los responsables del Banco Central Europeo no parecen en esta fase de la crisis estar tan preocupados como en anteriores crisis por el control de la inflación, porque esta supere el célebre 2%. Una forma de reconocer la evidencia del agotamiento de las políticas monetarias al mismo tiempo que confirman que en caso de necesidad seguirán comprando o inyectando liquidez y bajando el precio del dinero y, si sucede lo contrario, pues todo lo contrario.

Sin embargo, la crisis de la pandemia, que ya comienza a apuntar maneras en forma de repetición de caídas, no parece que vaya a poder ser afrontada por los bancos centrales del mundo de la misma forma que lo hicieron en las crisis pasadas. Al respecto las dudas sobrevienen de la observación de las economías de Japón, China, Estados Unidos o Alemania, que no terminan de consolidar la expansión y les cuesta salir de la recesión. Llama la atención que algunos de los datos esperados en agosto, como el comercio exterior en China o Japón no estén sirviendo para despejar las dudas sobre las dos economías. Y el comportamiento de la economía norteamericana tampoco puede servir como muestra dado que se encuentra en una fase preelectoral que seguramente se verá acompaña de estímulos para evitar la recesión.

En todo caso, el célebre "haremos todo lo que haga falta y, créanme, será suficiente" de Mario Draghi para evitar un cataclismo, parece haber perdido la magia de seguridad que rodeaba la afirmación, es decir, que los mercados ya no se fían de que las autoridades monetarias, los reguladores, vayan a utilizar el flotador de sus políticas, dineros, compras y barras libres de liquidez para que las economías no se hundan, lo cual es todo un síntoma de desistimiento y renuncia, como si aceptasen que ya todo está perdido y que ahora eso todo depende, única y exclusivamente de los Gobiernos y de las políticas fiscales que estos crean oportunas. Lo cual es en si mismo otro riesgo y una mayor incertidumbre.

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