edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
25/06/2019
banca 
La coartada de los tipos negativos pierde credibilidad

Los bancos se ajustan con la vista puesta en futuras operaciones corporativas

Excepto Santander y Caixabank, el resto de bancos del sistema financiero siguen planes de adelgazamiento en función de posibles fusiones
Juan José González
Mientras reguladores y banqueros mantienen el pulso sobre los efectos (positivos o negativos, según se mire) del precio del dinero sobre el negocio bancario, el ajuste de la red de oficinas sigue adelante, firme y calculadamente fiel a los planes individuales de cada entidad. Planes o necesidades que tienen que ver directamente, como los efectos positivos o negativos del precio del dinero, con la rentabilidad de la banca. Del ajuste sectorial español se habla en Europa y se cita como ejemplo y modelo valiente de resolución de una crisis bancaria. Modelo en tanto que la española ha sido la banca que ha liderado los cierres de establecimientos (oficinas y sucursales) y, por supuesto de despidos. En suma, la reconversión del sector en España ha sido todo un éxito de cifras, suma de cierres y despidos. Sirva tan sólo citar que de las 51.211 sucursales bancarias cerradas en la Eurozona en los últimos diez años, de 2008 en adelante hasta diciembre de 2018, 20.010 eran españolas. Respecto al número de trabajadores, de los 381.218 despedidos en eso mismo período, casi 98.000 lo fueron en España y si se suman los que han abandonado el sector por otros motivos, la cifra se eleva hasta los 101.103 trabajadores. De ahí que no deba extrañar las `felicitaciones´ del Banco Central Europeo sobre el trabajo bien hecho del ajuste aplicado.
Las causas del ajuste brutal del sector (20.000 oficinas y casi 100.000 trabajadores) continúan siendo motivo de debate y, obviamente, de discusiones interesadas. La primera de ellas tiene su origen en la historia reciente, casi también como el resto. La crisis de las cajas, del sector inmobiliario y de la gran crisis financiera de 2008, dio al traste con el sistema establecido de bancos y cajas de ahorros, de créditos hipotecarios fáciles. Los efectos de esta infausta y triple situación terminaron, en la práctica, con la primera limpieza del sector.

Pero a partir de la crisis financiera se comenzó a vender al público otra causa: la falta de rentabilidad, la caída de los márgenes y el estrechamiento del negocio bancario por la irrupción de nuevos competidores (tecnológicos). Así que a medida que avanzaba el tiempo, las carencias se hacían más evidentes para el negocio bancario, los costes pesaban con mayor intensidad sobre las cuentas y los resultados se deterioraban año tras año. Falta algo más para que el conjunto de causas y motivos de la crisis y ajuste del sector en estos últimos diez años estuviera completado: los bajos tipos de interés por un tiempo demasiado largo.

Lo cierto es que velocidad de ajuste se ha reducido a un ritmo que parece, sin haberse detenido, estabilizarse, con unas 3.000 oficinas menos al año y unos 5.000 empleados fuera del sector. Esta `velocidad de crucero´ del ajuste permanente, puede verse interrumpida en los próximos años si, como se prevé, el sector comienza a recibir los frutos del adelgazamiento laboral obligado. Los tres informes de consultores estratégicos internacionales con los que trabaja el sector, coinciden, en términos generales, en afirmar lo mismo: el conjunto de la red española de banca sigue siendo excedentario y `sobran´ todavía, camino de los once años después de la crisis, 5.000 oficinas y entre 3.000 y 5.000 trabajadores.

Claro que, según las tesis que barajan los informes, así son las cuentas que ofrecen a la clientela (en esto caso, los bancos). Mientras unos informes son más proclives a situar el foco de las necesidades en la recuperación de la rentabilidad a través de la eficacia, otros, sin embargo, apuntan a que a partir de 2017 casi todas las entidades, excepción hecha de Santander y Caixabank, fijan sus ajustes en función de las necesidades estratégicas, es decir, con la vista fijada en futuras operaciones de compra o fusión.

Siguiendo esta última tesis, que las entidades se ajustan en oficinas y empleados de cara a posibles futuras operaciones corporativas, cualquier fusión bancaria, tanto de las posibles o cantadas, como de las simplemente objeto de la rumorología, la suma de dos entidades `fusionables´ ofrece como producto final la obligada reducción del 20% de la red y de la plantilla. A tenor de los ajustes realizados en los últimos 18 meses, y exceptuando los ERE de Santander y Caixabank (seguramente por razones diferentes a cualquier proceso de fusión) se diría que al menos ocho de las doce grandes entidades del sector bancario actual, ya tienen casi hechos los deberes del ajuste. Incluso en el caso de la abortada unión de Liberbank con Unicaja, se puede afirmar que las oficinas que tanto el asturiano como el andaluz necesitaban ajustar (y que estaban en proceso de realización) coinciden en el entorno de los 435 oficinas de cada uno. Por tanto, los ajustes del sector bancario, pueden tener causas y motivaciones muy diferentes. La coartada de cierres y despidos no siempre se encuentra en los tipos de interés negativos.

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