edición: 3024 , Miércoles, 5 agosto 2020
04/03/2020
banca 

Los efectos del coronavirus pueden activar las cláusulas del bono pandémico del Banco Mundial

La enfermedad determina una intensificación de las adquisiciones en el sector de la salud y diagnóstico
Carlos Schwartz
La persistencia del brote de 2019-nCoV y su extensión y efectos hacen posible que se activen las cláusulas de un bono pandémico emitido por el Banco Mundial en 2017. El bono en dos series es por un importe de 320 millones de dólares cuyo objetivo es el de ayudar a las naciones de escasos recursos para que hagan frente a crisis sanitarias. La emisión fue criticada por organizaciones no gubernamentales señalando que el destino de los fondos hace caso omiso de la prevención como valla para el desarrollo de epidemias que se pueden transformar en pandemias, es decir que el dinero llega tarde, mientras que los inversores para poder optar por esta forma de colocación deben tener un nivel de conocimiento que excede al inversor particular. En cualquier caso los bonos han sido colocados en el mercado a cambio de un interés del 13% anual financiado por los  tesoros de Japón y Alemania. Tras desatarse el efecto del coronavirus, y extenderse más allá de los fronteras de China, existía la posibilidad de que se activen las cláusulas que suspenden el pago del principal y los intereses del bono, lo que se ha reflejado en una drástica caída del precio de una de las emisiones que pasó de valer 60 centavos por dólar hasta los 40 centavos por dólar esta semana. De las dos series la que más riesgo comporta establece que para que se active la cláusula las muertes por la enfermedad en un segundo país deben superar las 20. Este es un umbral que se superó hace rato en más de un país, entre ellos en Italia se han registrado 40 muertes a estas alturas. El otro tramo establece que se deben registrar 2.500 casos fatales en países en desarrollo para activar su cláusula de impago. El precio de este bono se mantenía la semana pasada cerca de su nominal, pero la evolución que puede tener si el desarrollo de la infección global sigue su curso es el mismo que el de la serie B.
La ingeniería financiera basada en la desgracia humana paradójicamente fue diseñada como forma de aliviar las penurias de las naciones en desarrollo frente a las calamidades sanitarias. El bono, sin embargo, no fue suspendido durante la crisis del Ébola en África. En estos términos el organismo multilateral emparentado con el Fondo Monetario Internacional y con sede en Washington, ambos son hijos del tratado de Bretton-Woods, buscó una fórmula de aseguramiento contra crisis sanitarias extremas, en la medida que es un organismo que tiene entre sus funciones estatutarias la de asistir financieramente en situaciones de catástrofe a las naciones económicamente débiles. Pero, el bono paga, y mucho, porque en la era de los bajos tipos de interés su rendimiento es de dos dígitos. 

Mientras la Reserva Federal anuncia una nueva reducción de tipos de interés de medio punto porcentual para atajar los efectos del coronavirus, el BM paga como si se tratara de un bono basura. La búsqueda de mecanismos de mercado para aliviar el sufrimiento humano se da de patadas con la política del FMI de recortes presupuestarios para atender la deuda externa de los países en desarrollo. La carga de la deuda externa, con acreedores como el FMI que condiciona la concesión de sus créditos a la reducción del déficit fiscal, que en los países en desarrollo nutre a la sanidad, es un verdadero contrasentido. De un lado recortan presupuesto, entre ellos el de la sanidad pública, con lo cual se exponen a la impotencia en caso de emergencias sanitarias, y por el otro el Banco Mundial apunta en la cuenta 320 millones de dólares que no es ni el chocolate para el loro en las cuentas de una pandemia.

Mientras tanto no todo es drama en el ciclo económico frente a la pandemia. Los laboratorios especializados en los 'kit' de diagnóstico y los dedicados a la bioingeniería para el desarrollo de vacunas trabajan a marchas forzadas con el objetivo de ser el primero en llegar. El Instituto Midal de Israel anunció que tendrá una vacuna contra el COVID 19 en el plazo de 8 a 10 semanas. Desde luego carecerá de los ensayos clínicos pertinentes y se está desarrollando sobre la base de una modificación de la vacuna de ese instituto contra una forma de la gripe aviar, el Virus de la Bronquitis Infecciosa (IVB por sus siglas en inglés). Esta semana, el grupo Thermo Fisher de Estados Unidos, especialista en el desarrollo de pruebas de diagnóstico hizo una oferta de 11.500 millones de dólares para adquirir a la empresa del mismo sector Qiagen de Holanda. Thermo Fisher tiene una capitalización de 120.000 millones de dólares y ha puesto la mirada sobre Qiagen para reforzar su oferta de reactivos para el diagnóstico. 

El laboratorio holandés es uno de los primeros en el desarrollo de métodos de diagnóstico para el coronavirus. El laboratorio se basó para el desarrollo de sus sistemas de diagnóstico para esta emergencia sanitaria en el trabajo previo para el diagnóstico del síndrome respiratorio agudo grave (SARS), y la gripe porcina. Qiagen había estudiado la posibilidad de una fusión antes de la emergencia sanitaria, en noviembre pasado, pero finalmente decidió seguir su camino solo. Pero en ese periodo Thermo Fisher manifestó su interés. El surgimiento del brote de COVID 19 desató la ofensiva de último momento. Los analistas del sector de la biotecnología consideran en general que el coronavirus que provocó la epidemia de Wuhan está aquí para quedarse, y que el desarrollo de una vacuna y métodos de diagnóstico son un objetivo de primer orden para los laboratorios especializados en enfermedades víricas y su diagnóstico. Es la hora de hacer negocio…

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