edición: 2826 , Miércoles, 16 octubre 2019
19/09/2019
La inversión también se desacelera

Los empresarios esperan estímulos fiscales para salir de la parálisis económica

Con la política monetaria agotada y el escaso margen que conceden las políticas fiscales, el nuevo Ejecutivo deberá poner en marcha el motor del crecimiento
Juan José González
Alarmados por las perspectivas poco edificantes de un otoño político alterado y confuso por las elecciones de noviembre y el ambiente de freno o desaceleración, los indicadores de actividad económica recogen el sentimiento empresarial con otra desaceleración, la de la inversión. Incertidumbre política y cautela empresarial, dos actitudes que se corresponden de forma automática cuando la primera se presenta avisando o de forma improvisada en el escenario. Suelen, además, producir similares efectos económicos, laborales y sociales. Algo así se está dando en las últimas semanas, y meses, que ya van cinco seguidos. Se podría decir que los efectos que provoque la incertidumbre política se manifiestan a través de la cautela empresarial. Sirva de ejemplo, reciente, el avance de la actividad crediticia, lento y moderado, cauto. En el mes de julio, la tasa de crecimiento anual del crédito que la banca concede a las empresas no financieras fue del 8,6%, dos décimas más que el mes anterior pero casi cuatro puntos (12,1%) respecto al mismo mes del año antes. En términos de cifras supone la desaceleración de la tasa crediticia la visibilidad de una incertidumbre que tiene consecuencias en las decisiones empresariales. Y en esta posición los empresarios aparcan o cancelan proyectos, inversiones y contrataciones hasta que no entienden que el horizonte se muestra despejado.
Sin embargo, lo que a primera vista parecería una situación compleja y problemática para la actividad, se vuelve favorable y con el viento a favor si se tiene en cuenta que el mercado financiero mantiene todas las puertas abiertas y con las mejores disponibilidades crediticias para que los empresarios -los que se animen- sigan adelante con sus planes y proyectos. Es decir que, tanto la liquidez abundante de las carteras de crédito de la banca comercial, como los costes del crédito en las actuales condiciones de mercado, con tipos bajos históricos y por mucho tiempo, no parecen ser precisamente inconvenientes para que la actividad empresarial se apunte a la expansión de su negocio.

La actitud se puede considerar valiente si se compara con el ambiente, un tanto intenso por parte de los agentes económicos, de desaceleración que amenaza la economía. La coyuntura económica parece diseñada a la medida para valientes que asuman los riesgos de la situación descrita. Con esta premisa, las inversiones estarían valorando la oportunidad de la incertidumbre, a la que se le estaría concediendo la confianza de futuro. Es probable que esta visión optimista del escenario político y económico se pueda ver superada por el análisis contrario, el del pesimismo provocado por la lectura negativa de la situación política, al entender que las nuevas elecciones (en espera de la convocatoria oficial el próximo día 10 de noviembre)no despejarán las incertidumbres que ven los empresarios.

Si la incertidumbre política obedece a un calendario singular, como es la sucesión de acontecimientos, negociaciones, pactos, rupturas y desacuerdos, que pueden culminar en una convocatoria de elecciones, la cautela empresarial tiene otro calendario, sujeto a ciclos y mercados, amortizaciones y compromisos financieros. Y difícilmente la cautela empresarial pueda transformarse en confianza si no median estímulos económicos. En este apartado los agentes económicos tampoco se muestran muy optimistas, puesto que tanto por la parte de la política fiscal como de la monetaria la munición parece estar agotada.

Sirva echar una mirada hacia el Gobierno en funciones, con unas cuentas provisionales, exigido por los problemas de la deuda pública y limitado en todos los capítulos de gasto, además del problema del déficit público. Sería el español un Gobierno con muy escaso margen de maniobra y con limitada capacidad para emprender cualquier iniciativa orientada a reactivar la economía. Por el lado de la política monetaria, dependiente de Bruselas, todos los márgenes parecen estar agotados, tanto por el lado de los instrumentos como por el lado de la eficacia de estos. Así que sólo quedaría la posibilidad de una reacción de las autoridades políticas. Y en este escenario son las medidas de política fiscal, un recurso de elevado riesgo para el Gobierno (y poco recomendable en la actual situación de deuda y déficit) que salga de las próximas urnas si no quiere subirse antes de lo previsto al tren de la recesión. Por eso deberá ser valiente y asumir nuevos riesgos, nuevos estímulos para animar la inversión.

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