edición: 3071 , Miércoles, 21 octubre 2020
19/10/2020

Los fondos dedicados a la inversión sostenible en Europa van a triplicar su valor en cuatro años

El incentivo de la UE y la nueva frontera de expansión económica para el capital son factores clave
Carlos Schwartz
Los fondos de inversión dedicados a objetivos sensibles con el medio ambiente, las necesidades sociales y la buena gobernanza van alcanzar los 7,26 billones de euros en los próximos cinco años, superando los volúmenes de los fondos convencionales, a medida que los inversores centran su interés en el cambio climático, la desigualdad social, y la gestión transparente de las corporaciones. La tendencia no puede considerarse una sorpresa en la medida que la inversión sostenible ha recibido el espaldarazo de acuerdos multilaterales como la Conferencia de París sobre el clima, y el apoyo de la Unión Europea (UE) que aspira a reducir de forma drástica las emisiones de CO2. Esto ha generado un nuevo horizonte de crecimiento al capital que está agotado en muchos frentes. El desarrollo de las energías renovables supone por ejemplo una veta de inversión para el sector financiero y las compañías energéticas de primer orden, y por tanto la posibilidad de una expansión de su negocio que de un lado va a achatarrar parte de su infraestructura, al estilo del parón nuclear alemán, y del otro va a un creciente desarrollo de energías renovables. El horizonte no deja de ser incierto, porque la crisis larvada del capital que ha detonado con una fuerza inusitada al socaire de la pandemia del Sars-Cov-2, amenaza con precipitar a las economías europeas en una segunda recesión o, dicho de otra forma, impedirá la salida de la crisis actual a corto plazo sin que haya un ajuste mayúsculo de las empresas zombi, es decir las que no tienen futuro por una diversidad de motivos.
España es un buen ejemplo de muertos en vida, bancos incluidos, que sobreviven a expensas de las inyecciones de capital de los bancos centrales. Un muerto en vida es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que intenta refinanciar una deuda de 400 millones de dólares sobre el filo de una reelección que está destinado a perder. Su negocio basado en la propiedad inmobiliaria, el ocio y la hostelería de alto nivel está sumido en el marasmo. No parece que haya vacuna capaz de salvarlo.

De acuerdo con un estudio de PwC, en el mejor de los escenarios la inversión en medio ambiente, cuestiones sociales y gobernanza va a multiplicarse por más de tres para 2025, lo que va a determinar que su participación en el total de la inversión canalizada por los fondos pase de su actual 15% hasta el 57% del total. Esta perspectiva va a jugar a su turno una presión de primer orden sobre las corporaciones para emprender actividades en estos sectores y dedicar a la transparencia y la gobernanza un poco más de celo, quizá también un mejor trato a los consumidores zurrados a diario -al menos en España- sin miramientos por las comisiones y el maltrato de las compañías de servicios que luego se lavan la cara hablando de sus ayudas al tercer sector. También quizá para sus propios empleados. Aquí es donde los códigos en desarrollo por la UE pueden jugar algún papel progresivo si es que se lo toman en serio, algo que es dudoso como todo lo que emprende Bruselas salvo en situaciones extremas y ante la posibilidad de que la catástrofe arrase con el quiosco que los alimenta. 

La Comisión Europea en noviembre pasado dijo que diseñaría un código, que por cierto no existe en ningún organismo supranacional, para evitar el blanqueo aduciendo fidelidad a lo sostenible, es decir al medio ambiente, la sensibilidad social y la buena gobernanza. Es que, como no podía ser de otra forma, los fondos se han lanzado a mentir como bellacos sobre su buena fe y la naturaleza de sus inversiones, sin que haya entidades de calificación lo suficientemente desarrolladas sobre esta especialidad a escala internacional. Es llamativo que una entidad como BBK en su momento (quizá 2008) haya rechazado un proyecto de mercado de emisión primaria para inversión sostenible a la que pudieran acudir asociaciones del tercer sector verificadas por calificadoras ad hoc. Una política que deberían revisar. Quizá… El peso de la crisis que se ha precipitado es aplastante y mucho cambiará en la vida corporativa, no sólo en la de las personas.

Uno de los autores del estudio de PwC, Olivier Carré, compara el advenimiento masivo de estos fondos preocupados por el medio ambiente, lo social y la gobernanza, como un episodio similar en importancia al desarrollo de los fondos de inversión colectiva hace 35 años, de acuerdo con declaraciones que ha recogido el Financial Times. Carré afirmó además que esta representa “Una oportunidad quizá única en este siglo no solo para la industria de gestión de activos, sino para el desarrollo futuro del continente europeo en general”. Una afirmación audaz cuando el primer ministro británico ha arrojado el guante a la UE de una separación sin tratado comercial cuyas consecuencias son realmente imprevisibles, entre otros para los mercados de capitales. Aunque es cierto que mientras hay vida hay esperanza. 

Mientras tanto, son los grandes inversores los que encabezan la columna de vanguardia. Más de tres cuartas partes de los 300 inversores incluyendo fondos y compañías de seguros, entrevistadas por PwC dijeron que dejarán de adquirir fondos convencionales en favor de los que dirigen su inversión al sector sostenible en el 2022. Este es su horizonte, afirman. En el escenario básico de PwC los fondos destinados a la inversión sostenible crecerían en cuota de mercado hasta el 41% con sus activos aumentando desde los 1,7 billones actuales hasta los 5,5 billones de euros. De acuerdo con el estudio de la consultora y auditora parte del crecimiento será el resultado de un cambio de orientación de fondos existentes, lo cual puede ocurrir porque la industria ponga el foco en lo sostenible o porque haga suyos los objetivos de la sostenibilidad al elegir las acciones que formen parte de su cartera remozada. Si la CE cumple con su compromiso de establecer reglas claras en torno a qué es una inversión sostenible los fondos reconvertidos que prometan ese tipo de inversión deberán responder por sus promesas ante los reguladores europeos. Esto en el supuesto que la UE y la CE sigan en pie. 

Los fondos ya han descubierto el truco y se les ha dado por exagerar  su compromiso con lo sostenible y un regulador los ha pillado. No el español desde luego, que vive una vida fantasmática, sino el francés. “Hemos sentido [en algunos casos] que los gestores de activos no tomaban en cuenta de forma significativa estos factores, mientras que declaraban en sus documentos de marketing que los objetivos sostenibles eran el núcleo de su estrategia inversora”, de acuerdo con Philippe Sourlas jefe de la gestión de activos en la Autoridad de los Mercados Financieros de Francia. Se trataría de diferenciar entre quienes se lo toman en serio y los que simplemente adoptan una postura. Posturean, como se maldice ahora.

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