edición: 2974 , Martes, 26 mayo 2020
10/02/2020

Los fraudes piramidales globales en criptomonedas ascendieron el año pasado a US$ 4.300 millones

La cifra supone más que lo obtenido por defraudadores digitales en el mundo en los dos años anteriores
Carlos Schwartz
De acuerdo con la desarrolladora de software y consultora Chainalysis, los fraudes basados en criptomonedas inexistentes que encubren pirámides fraudulentas, el denominado esquema de Ponzi que data de finales del siglo XIX, sumaron en 2019 4.300 millones de dólares, entre los cuales el más destacado fue el de Plus Token, comparado con los 3.000 millones defraudados entre 2017 y 2018 de forma conjunta. Éste se basaba en una supuesta criptomoneda de ese nombre emitida en una plataforma digital china que tuvo mucho desarrollo entre inversores de Corea del Sur. Con una comercialización online bastante agresiva, y agentes locales que se dedicaron a promover adeptos, la empresa logró arrastrar a muchos inversores incautos, en la medida que a diferencia de otras criptomonedas las operaciones que son fraudes piramidales carecen de algunos de los elementos básicos de este tipo de activos digitales, como una cartera personalizada en la que se acumulan las criptomonedas, que son transferibles y se puede operar con ellas, amén de cotizarlas en las principales plataformas dedicadas a estos activos virtuales. Esto implica que para el desarrollo de este tipo de fraudes es necesaria una dosis de ignorancia financiera y buena fe por parte de los inversores incautos. Los rendimientos iniciales de los inversores son pagados con las inversiones de los recién llegados hasta que se seca la afluencia de nuevos aportadores, por diversos motivos, y los ingresos se secan y el esquema estalla.
Para entonces, los promotores que han ido pasando el rastrillo para sus propias cuentas corrientes del grueso de la inversión, se esfuman. Los inversores en Plus Token en Corea, el principal centro de operaciones fuera de China, eran pequeños empresarios y trabajadores autónomos con ahorros que fueron convencidos por los agentes comerciales de la supuesta criptomoneda que no tenía sentido mantener los ahorros en el banco. En la medida que los rendimientos eran altos se animaron y acabaron desviando la mayor parte de sus ahorros a este fraude. En junio de 2019 las autoridades de China llegaron a la conclusión de que esta criptomoneda era en realidad un fraude y detuvieron a seis ciudadanos que operaban la plataforma desde Vanuatu, una pequeña nación que es una isla en el océano Pacífico.

La plataforma digital dejó de operar y los inversores se quedaron sin su dinero. Algunos aún esperan el improbable milagro de que sus carteras digitales, que fueron sólo una promesa, aparezcan. Los más resignados han caído en la cuenta de que fueron víctimas de un fraude piramidal organizado desde China. En 2017 una serie de emisiones iniciales de diversas monedas sin verificación seria fueron el origen de muchos fraudes. En 2018 y 2019 las pérdidas por fraude de los inversores en el sector de las criptomonedas, de acuerdo con Chainalysis, fueron en un 90% resultado de los esquemas piramidales, mientras que el resto se originaron por la actividad ilegal de 'hackers' que roban directamente de los servidores en los que se alojan las carteras digitales con los activos. 

Este ha sido el principal origen del fraude en bitcoin, la más difundida de las criptomonedas, que tuvo su edad de oro en 2017 al alcanzar el precio de 20.000 dólares por unidad de forma transitoria. Chainalysis estima que antes de que su forma de operar fuera descubierta Plus Token logró obtener de sus inversores una cifra neta de 2.000 millones de dólares desviados a cuentas de los promotores del esquema. Estas operaciones delictivas no se restringen a Asia. El año pasado los investigadores denunciaron como un esquema de Ponzi a la difusión de una criptomoneda que tuvo mucha repercusión en Europa del Este, denominada OneCoin, promovida por la ejecutiva búlgara Ruja Ignatova en 2014. De acuerdo con las investigaciones policiales la operación fraudulenta habría obtenido dinero de inversores en todo el mundo por importe de 4.000 millones de dólares. La ejecutiva se jactaba de haber estudiado en la Universidad de Oxford y de haber sido consultora de McKinsey para Europa del Este.

Ignatova logró una corriente de seguidores a escala internacional que incluyeron apariciones públicas, entre ellas una en el estadio de Wembley en Londres. La figura visible del esquema desapareció en 2017. No se presentó a una reunión convocada en Lisboa con promotores de su activo digital OneCoin. Tenían previsto tomar una decisión sobre el largamente postergado proyecto de construir una plataforma 'online' para el mercado virtual de su criptomoneda, en la cual los inversores pudieran transformar sus activos digitales en dinero real. Buen momento para esfumarse.  La mujer de 39 años está acusada ante justicia de Estados Unidos por fraude en inversiones, fraude electrónico, y conspiración para el lavado de dinero. Su paradero es desconocido. 

Ignatova inició la comercialización de su supuesto activo digital en Bulgaria en 2015 y atrajo a pequeños empresarios y pequeños y medianos inversores arrastrados por la fama de esta divisa electrónica en China, India, Malasia e Indonesia. Se trataba de recaudar en una región distinta. Lo curioso es que la cara visible del fraude no buscaba el anonimato. Tenía oficinas lujosas en Sofía, la capital búlgara, un barco amarrado en un puerto del Mar Negro, y un estilo de vida notorio entre otras cosas porque se dedicó a adquirir propiedades históricas en la capital del país. Una investigación periodística de la BBC demostró que la emisión del activo digital se hacía mediante la base de datos SQL que es un soporte habitual para el comercio digital online, pero que de ninguna de las maneras permite la emisión de activos sobre la base de una cadena de bloques. 

Los reguladores financieros de Bulgaria, que consideran que el esquema y la supuesta criptomoneda se originaron en China, alertaron en 2015 sobre el riesgo del fraude con el pretexto de las criptomonedas, y dieron como ejemplo a OneCoin. Sin embargo no se tomaron el trabajo de abrir una investigación sobre ese activo. Tras la desaparición de Ignatova un fiscal alemán en 2018 solicitó la intervención de las autoridades búlgaras y la policía allanó las oficinas de la criptomoneda ese año y secuestró sus servidores. Pero el sitio web siguió existiendo hasta diciembre del año pasado cuando dejó de estar online.

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