edición: 2679 , Martes, 19 marzo 2019
14/03/2019
El viejo truco de no invertir

Los gestores de los Ayuntamientos mantienen superávits ociosos en depósitos al 0,1%

La Ley de Estabilidad Presupuestaria ha puesto orden en las cuentas públicas pero ha provocado una frenada en seco de la inversión local y autonómica
Juan José González
Desde la entrada en vigor de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, los ayuntamientos han echado el freno a la inversión. Han optado mayoritariamente por hacer hucha para visibilizar el éxito en la reducción de las deudas. Ocasionalmente, algunos consistorios han negociado con los bancos operaciones de preamortización, o devolución anticipada de deuda, para ahorrar intereses. Sin embargo, el aspecto más llamativo de las finanzas no han sido sus números, sino sus decisiones, sus gestiones. Es el caso de los superávits locales, botón de muestra y propio reconocimiento de la falta de destreza gestora de los ediles financieros, exhibiendo al mismo tiempo gasto social y austeridad y como resultado, superávits contables que pasan a ser `vendidos´ políticamente y explotados como propaganda de una gestión exitosa. Los ediles locales suelen seleccionar aquellas referencias numéricas que les son más favorables, destacando los picos más elevados de las deudas para, a continuación, mostrar recortes con políticas mal llamadas de desendeudamiento. La realidad revela una paralización de las inversiones locales y algunos cierres de deuda por preamortización que acaban consiguiendo pequeñas reducciones en el pago de intereses. Estos, a su vez, son reenviados a capítulos de gasto social.
Sirva de ejemplo la cifra de endeudamiento récord del Ayuntamiento de Madrid en 2012, por valor de 7.800 millones de euros. Seis años después, la deuda no alcanza los 3.000 millones de euros, registro al que se ha llegado por dos vías: por la amortización anticipada de 1.100 millones de euros, evitando con ello cerca de 90 millones de euros de pago de intereses, que pasaron, casi en el mismo acto, a formar parte del epígrafe de financiación de escuelas públicas. Lo cierto es que los gestores de la mayoría de los ayuntamientos más endeudados han dejado de invertir, manteniendo los saldos abundantemente positivos en cuentas a la vista, en depósitos con muy escasa remuneración (al 0,1% en el mejor de los casos) es decir, sin rendimiento financiero.
 
La lógica de los financieros locales (que es compartida por sus colegas autonómicos) señala sus preferencias por hacer hucha a invertir en actividades de medio y largo plazo. De esta forma, con el precio del dinero en mínimos, los consistorios optan por ahorrarse dinero amortizando deuda. En otros casos, la jugada político financiera es la contraria: en vez de esperar al vencimiento de deuda (bonos, obligaciones o préstamos) como los tipos en el mercado están bajos, se preamortiza deuda, y el ahorro estimado (resultante de la operación) se `vende´ como concesión política, habitualmente, como gasto social. 

La práctica de una u otra vía, preamortizar o hacer hucha a la espera de algún proyecto de gasto, es un lugar común en la mayoría de los ayuntamientos endeudados, en especial desde la entrada en vigor de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, o regla de gasto aprobada por el ministerio de Hacienda para el control financiero de los municipios. Desde su vigencia, en abril de 2012, el control de las cuentas municipales ha obrado milagros en los casos de Madrid y Barcelona, reduciendo notablemente sus deudas financieras, exhibiendo Barcelona y Madrid un superávit ese mismo año.

Sin embargo, las voces críticas procedentes de los responsables de las cuentas públicas advierten que tan nocivos son los elevados endeudamientos como perjudiciales también los superávits. La crítica apunta en este sentido hacia los resultados de la gestión financiera local, los cuales evidencian un desconocimiento profundo e impericia en las labores propias de la gestión de las finanzas locales.

Al respecto, un experto de la inspección pública recuerda que "en finanzas, tan malo es pasarse como quedarse corto". Que los ayuntamientos españoles registren actualmente en sus cuentas 27.600 millones de euros en depósitos, al tipo medio anual del 0,1%, puede dar una idea de la deseconomía que representa la mala gestión de los superávits locales, recursos que no generan dinero ni actividad económica en tanto que ni se gastan ni se invierten. Las huchas nunca deben estar vacías, pero tampoco a rebosar.

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