edición: 3074 , Lunes, 26 octubre 2020
05/02/2020
fiscal 
Las Bolsas europeas pueden ser vaciadas

Los gobiernos europeos dan por hecho la puesta en marcha del paraíso fiscal de Londres

Nueva situación, nuevas normas, reglas e incentivos orientados hacia el arduo trabajo de recuperar empresas y ganar negocios, inversores y mercados, eliminar impuestos y directivas europeas del pasado para convertir Londres en una atractiva plaza fiscal
Juan José González
Londres quiere recuperar su lugar en el mundo de los negocios. Honda preocupación en la Cancillería germana ante el riesgo cierto de que Reino Unido se convierta en un nuevo paraíso fiscal. La industria europea de la inversión anda estos días expectante por conocer las primeras cifras, los primeros movimientos de capitales que se puedan registrar en las próximas semanas y meses, en general en el tiempo que media hasta la salida técnica, jurídica y mercantil de las instituciones europeas comunes, lo que sucederá, sin lugar a dudas, el próximo 31 de diciembre. Los temores alemanes, compartidos con amplitud por el resto de colegas del Eurogrupo, no es por la vacío de sillas ni por la pérdida de contactos, sino, obviamente, porque está claro a todas luces que está en ciernes el nacimiento de un nuevo competidor que a buen seguro intente, sino vaciar, sí al menos restar negocio financiero, mercados e inversores y capital a las Bolsas continentales. Es una de las luchas que ha llevado la Comisión Europea y el Bundesbank con cierta discreción en esta etapa siniestra de los últimos tres años pasados, desde que la mayoría de los ciudadanos británicos decidieran en referéndum salir de la Unión Europea. Alemanes, como también franceses, italianos y españoles, eran conscientes a lo largo de este período de tiempo que la divergencia regulatoria puede ser una baza que las autoridades de cualquier país suelen utilizar en beneficio propio, algo que en este caso daban por hecho que sucedería (y sucederá) desde ahora en adelante, cuando Reino Unido ya es consciente de que es el dueño de su capacidad normativa.
En Alemania, Francia e Italia, y en menor medida España, recuerdan que las dudas sobre el grado de hostilidad del Brexit, propició el freno temporalmente de las economías de la Eurozona y entrar en recesión particularmente a la alemana, con recortes del PIB en el segundo y tercer trimestre del año pasado. En ese momento, se pudo comprobar sobre el terreno los efectos reales de una divergencia regulatoria sobre los negocios y la actividad financiera de los mercados. Había, y ahora hay, un riesgo evidente de que los inversores, las empresas no europeas y otros negocios decidan `migrar´ hacia otros mercados más favorables a la actividad empresarial, en concreto, al mejor tratamiento fiscal.

El sentimiento de preocupación era y sigue siendo general, pero particular para la principal plaza financiera y bursátil del continente europeo como es Frankfurt. Por eso no debe extrañar el celo del Bundesbank y de las autoridades políticas germanas en proteger sus posiciones que, en este caso, no se reducen o concentran, únicamente en la Bolsa de esa plaza, sino que es la ciudad sede del Bundesbank con 157 entidades bancarias de todo el mundo y más de 8.000 sociedades que prestan sus servicios financieros. Hoy es el mercado donde contratan las compañías del sector `fintech´.

Con todo, el celo de las autoridades germanas en proteger `su´ Frankfurt no deja de ser una aspiración legítima por cuanto, sin la plaza de Londres dentro de la Unión Europea, sería aquel el primer mercado bursátil de la UE. En todo caso, el período de transición en la salida de Reino Unido de la UE no ha hecho más comenzar y en tan sólo un mes los primeros movimientos de capitales de salida previstos por algunas entidades financieras, garantizan que habrá tráfico de salida. Y este se activará, sin duda alguna, en el momento en que las autoridades británicas crean llegado el momento de iniciar la competencia.

Competencia feroz, confrontación asegurada que garantizará una guerra por los negocios financieros, por los capitales y por las inversiones. Se da por hecho que la batalla comenzará poco antes del verano y que se materializará en diciembre próximo, más cerca de la salida definitiva, de la ruptura legal y técnica entre Reino Unido y Europa continental. En el fondo será una guerra de larga duración que enfrentará en el período de transición a dos ideas o formas de entender la realidad: de un lado la ausencia de tensión y relajación disciplinaria normativa británica, un sello de identidad a lo largo de su historia, con numerosos episodios que así lo demuestran, y de otro la afición obsesiva por la regulación continental que lleva en ocasiones a situaciones extremas.

Es probable que esta especie de manía normativa haya sido uno de los detonantes del arrebato final británico en abandonar la nave europea. Hoy los alemanes, por su plaza financiera estrella, y el resto de europeos del continente se temen lo peor: que las autoridades de Londres conviertan a la capital en el paraíso fiscal del mundo avanzado y civilizado, algo que absorbería y vaciaría seguramente el resto de mercados y bolsas europeas. Más que un riesgo parece una evidencia a futuro. Se verá en diciembre.

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