edición: 2850 , Miércoles, 20 noviembre 2019
21/10/2019
banca 
Fusiones bancarias

Los gobiernos temen las fusiones por la pérdida de control sobre los `campeones nacionales´

El sector se encuentra en medio de las presiones de un BCE partidario de las fusiones mientras los bancos apuran los ajustes en busca de la rentabilidad del negocio bancario
Juan José González
Reunión en el Banco Central Europeo presidida por Luis de Guindos sobre integración bancaria. La cita tuvo lugar semanas atrás a propósito de algunas reclamaciones de ejecutivos de la banca española e italiana por las dificultades de afrontar procesos de fusión en los próximos meses, habida cuenta de la presión y los problemas que plantea la actual política monetaria sobre las cuentas bancarias. Uno de los asistentes a la cita mostró su contrariedad al vicepresidente del BCE por las dificultades de este tipo de operaciones a la hora de integrar dos estructuras diferentes y la necesidad de realizar fuertes ajustes de personal, algunos de los cuales ya se habían puesto en marcha y otros ya estaban finalizados. Las integraciones de dos entidades, al margen de la necesidad de reducir plantilla, se supone que para culminar la primera fase de las sinergias, conlleva numerosos esfuerzos para alcanzar acuerdos en asuntos tan espinosos como las ecuaciones de canje cuyo objetivo final es acordar un precio que a su vez determinará la relación de poder y dominio en la nueva entidad resultante. Algún banco habría confesado que el trabajo en cuestión, la fórmula de canje, provocaba "una pereza inmensa", dada la dificultad de dejar satisfechas a las dos partes. La discusión de los directivos bancarios con el vicepresidente De Guindos sacó a relucir otros inconvenientes que parecen estar frenando las fusiones.
Fusiones deseadas por la autoridad bancaria y por casi la mayoría de las principales entidades financieras del sistema bancario europeo pero que se encuentran, sin embargo, con la indiferencia política de los gobiernos de turno. No es la primera vez que desde la sede del Banco Central Europeo, en Fráncfort del Meno (Alemania), se reprocha a los gobiernos cierta despreocupación y falta de interés para empujar y favorecer el acercamiento entre las entidades bancarias de cara a una fusión. Quizá el caso español no sea el más ilustrativo que se puedan mencionar puesto que cuenta con el 62% del capital de Bankia cuya propiedad está dispuesto a transmitir a cambio de un precio que hoy por hoy no parece encontrar demanda.

Tampoco parece muy razonable asignar a los gobiernos de los socios europeos la iniciativa o la promoción de operaciones corporativas bancarias. La referencia del supervisor bancario europeo a los gobiernos locales debe entenderse por las prisas del regulador en evitar posibles problemas de solvencia en escenarios de riesgo futuros. Una fuente bancaria anima a seguir esta pista como verdadero motivo del interés que mueve a las autoridades de Fráncfort a "meter prisa a los bancos para que nos fusionemos".

En todo caso, los bancos españoles no parecen sentirse muy presionados por los deseos del BCE aunque sí parecen coincidir en un punto: la necesidad de reducir costes. Ambos, bancos y autoridades, entienden que mientras el mercado, la economía y la actividad financiera se encuentren obligados a funcionar bajo los parámetros a los que obliga la actual política monetaria, la mejor terapia para el negocio y para las cuentas bancarias será el ajuste permanente de la red, oficinas y plantillas, para lograr la mayor eficacia posible para que salgan los márgenes y las cuentas.

Claro que, mientras se recorre el abrupto sendero de los ajustes, se avanza también en el mismo sentido que apunta y recomienda el BCE, como es la senda de una estrategia previa a una fusión. Y es así porque unos y otros, BCE y bancos, entienden que reducir costes no es suficiente para solucionar los problemas del sector, puesto que a golpe de reducción de costes no se resolverían los problemas de ingresos que sufre el sector. Los bancos siguen ajustando su tamaño al objetivo fijado de una estrategia de rentabilidad a corto y medio plazo. Mientras que el BCE tiene el objetivo fijado en el largo plazo, de ahí que estime que los ajustes de hoy y la digitalización no son suficientes para segurar el futuro.

Y el futuro pasa por ajustar la escala, el tamaño del banco. El BCE transmitió a los directivos presentes en la reunión de mediados de septiembre que, al margen de ecuaciones de canje, de las situaciones geográficas particulares, de los compromisos sobre los dividendos, cotizaciones y demás valoraciones de los accionistas, los bancos deben tener en cuenta que los escenarios donde se juega la rentabilidad van a exigir mayores aportaciones de capital. Según esta opinión las entidades deberán pensar en adaptar su actual tamaño a una escala superior lo que pasa inevitablemente por una fusión, algo en lo que no todos coinciden, gobiernos incluídos, quizá por el temor a una evidente pérdida de poder y control sobre los `campeones nacionales´ y su posible transformación en `trasnacionales´. 

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