edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
09/02/2018
Cambio de estrategia

Los inversores dan por agotado el ciclo de máximas ganancias en Bolsa

Acciones sobrevaloradas en un contexto favorable de crecimiento económico, propician la retirada de beneficios, mientras otros inversores más arriesgados se aprovechan de las caídas
Juan José González
El olfato y un sexto sentido sin nombre ya habían advertido a principios de enero de la existencia de una cuenta atrás en marcha, de una corrección de los mercados que podría estar a la vuelta de la esquina. Hasta entonces, se han sucedido rumores de todo tipo y color y con diferente fundamento, como el que asegura e insiste en que la burbuja de la renta fija, viejo riesgo que parece convivir con los inversores sin que se haya registrado un aumento de la conflictividad, es cuestión de tiempo. Miedos, avisos, olfatos y rumores que son habituales en momentos de récord diarios y acumulados como el índice Dow Jones, hoy encaramado en los 24.000 puntos a los que ha llegado con inusual seguridad. Pues bien, el susto del lunes en Wall Street y su contagio a Europa al día siguiente, hacen pensar que el evento bursátil no fue sólo un susto, una corazonada o un brote de lo que se podría calificar como nuevo principio del final. Ahora cabe discutir si se trata del final de la recesión una vez alcanzada la estabilidad y el equilibrio financiero de empresas y economías, o bien se trata del punto de partida hacia una nueva crisis y recesión económica, a la que, según los cálculos se debería llegar en dos o tres años. De nuevo confluyen en el mismo escenario algunas fechas que no son casualidad. La primera, que se cumplen diez años desde el inicio real de la crisis financiera. Y la segunda que el mandato del presidente de los EE UU va camino de su segundo año, triunfal según su presidente, de récord para sus allegados y extraordinario para algunos indicadores económicos, caso del mercado bursátil.
Los expertos no se ponen de acuerdo sobre la posible explicación del susto del lunes en la Bolsa americana. Para unos, el suceso estaba en el guion de los movimientos sísmicos que suelen producirse cuando el mercado está fuerte y los inversores confiados. Incluso, esa confianza, en algún caso extrema, puede haber propiciado la retirada de beneficios. La teoría que señala esa virtud o defecto de los mercados, relativa a que siempre hay un momento de descuento de expectativas cuando estas, más o menos, se intuyen cercanas, puede haber sido la chispa que disparó las alarmas. 

En cualquier caso, contando con que los tipos de interés seguirán al alza en los próximos meses en EE UU siguiendo la hoja de ruta marcada por las autoridades, la tendencia obligará a un adelantamiento de similar política monetaria en Europa, lo cual se puede traducir como un cambio de escenario, de rumbo y también de actitud y sentimiento de los inversores. De ahí que la teoría del adelantamiento de los acontecimientos, del descuento de expectativas, pueda ser válida, por distintas razones, tanto para EE UU como para Europa.

Ahora bien, si el lunes negro de la Bolsa americana se tiene como reacción de los mercados a las subidas salariales en aquel país, y éstas a su vez como el preámbulo de una subida de la inflación a la que acompaña la del precio del dinero, habría que pensar que los inversores no han valorado en su justa medida el estado actual de la economía, hoy en posición de crecimiento sostenido y estable, de pleno empleo y apoyada por numerosas medidas fiscales de la Administración Trump que será el primer interesado en que se mantengan y prolonguen en el tiempo. Sería por tanto el susto del lunes negro una reacción desmedida, en buena parte ya confirmada y corregida por la vuelta a la normalidad del mercado.

Desde otra óptica muy diferente a la económica y a la política, el episodio del lunes bursátil podría analizarse como un efecto de las valoraciones excesivas que vive el mercado de las acciones de renta variable. Prueba de ello son las ventas masivas de títulos que se produjeron en esa sesión, con la colaboración necesaria de la programación de operaciones automáticas programadas, tecnología que ya había dado sobradas muestras de eficacia en anteriores eventos, pero que fue decisiva el lunes negro. Ventas masivas, técnicas y compulsivas que a la postre significan sencillamente un cambio de estrategias una vez asimilado por las casas de inversión que algunas acciones ya han alcanzado niveles próximos a los máximos.

Mientras tanto el Gobierno entero mantiene puestos todos sus sentidos en el conflicto catalán. Hay que dar por hecho que ya tiene todas las dudas resueltas sobre el fondo del revés bursátil de esta semana, o sobre el alcance de la política monetaria en EE UU tras el nombramiento de Jeremías Powell al frente de la FED. Entretenido el Ejecutivo en cuestiones domésticas, es probable que hasta llegue a tener la suerte que desde el BCE le vayan adelantando las nuevas líneas de política monetaria del banco para la nada sencilla tarea de retirar la liquidez sin causar grandes daños. En fin, se supone que estará al tanto. Por el bien de todos.

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