edición: 3078 , Viernes, 30 octubre 2020
08/07/2020
bolsa 
Cambio de carteras, sin bancos ni industria pesada

Los inversores ven oportunidades de negocio con caídas de beneficios de hasta el 46% en 2020 

A pesar de las estimaciones negativas de ventas y beneficios, los inversores se sienten seguros con la protección institucional de los mercados
Juan José González
El último trabajo de los inversores previo al inicio de las vacaciones se centra estos días en los cálculos sobre las estimaciones de ventas y beneficios trimestrales. En general, las casas de análisis, siguiendo la información previsional de las compañías, apuntan a recortes de ventas y, obviamente, de beneficios. Son los efectos esperados de la crisis, los primeros de una oleada que puede ir a mayores y que seguramente se irán descubriendo en los próximos meses. La revisión de beneficios trimestrales indica habitualmente la magnitud de las dificultades que tendrán los inversores en el horizonte de medio y largo plazo. Y si las previsiones no son buenas las acciones de las empresas cotizadas son las primeras en registrar los primeros síntomas en forma de caídas. En el mercado bursátil se puede observar en las últimas semanas una actividad inusual en el cambio de carteras: parecen desaparecer por completo los valores bancarios y un buen puñado de compañías industriales. Es habitual encontrarse con una caída de las apuestas inversoras en el sector del automóvil y como consecuencia los sectores auxiliares de la industria como las siderurgias, componentes electrónicos, semiconductores, en fin, todo lo que arrastra la caída del consumo particular en el sector industrial. Se puede decir que la dura realidad de la crisis comenzará a llegar en breve a los resultados del segundo trimestre a nada que se conozcan las primeras cifras.
Si en el sector industrial caen las ventas como consecuencia del bajón de la demanda, en el sector bancario los inversores ya saben que no podrán recoger ni dividendos ni plusvalías, luego parece obligado hacer reajustes de cartera en profundidad, drásticos. Hasta el final de julio se esperan numerosos cambios en la composición de las carteras, que serán mayores en la medida en que vayan llegando los recortes de ventas y beneficios. Es la huella que con mayor visibilidad muestra los efectos de la crisis: las cotizaciones no engañan y el mercado bursátil se espera que tras el verano sea el termómetro más fiel de la triste realidad económica y laboral.

Aunque por otro lado, la inversión empresarial se mueve en varias direcciones, con fuerte actividad inversora las compañías eléctricas, en particular Iberdrola y Naturgy, aunque también en el fondo se observan movimientos erráticos. Y es que en esta coyuntura singular que impone la pandemia, se registra un cambio curioso en el movimiento del dinero. Se puede comprobar cómo la pandemia hace apenas dos meses comenzaba a destrozar las expectativas económicas en el mercado norteamericano: ajustes en las bolsas de aquel país provocadas por fuertes cambios en las empresas del sector farmacéutico y químico, en principio a la baja, después al alza, aunque todos los sectores, incluido el tecnológico, tuvieron que poner dinero para evitar mayores recortes.

Pero la inversión seguía el rastro dibujado por la pandemia y esta decidió cambiar de escenario temporalmente y se desplazó a Europa, a pesar de que EE UU mantiene el liderato de la pandemia en términos de contagios y muertes. Que la pandemia impone su poder se muestra claramente en el movimiento del dinero, que con buenos reflejos parece haber reaccionado al reconfinamiento de la población en algunos Estados y adquiriendo acciones de empresas potenciales ganadores en la lucha por dar con la clave de la vacuna. Así, AstraZeneca, Pharma Mar o Gilead Sciences han visto la llegada de inversores interesados en la vacuna.

Hay, sin embargo, una sensación de seguridad de los inversores en que los bancos centrales locales y las organizaciones supranacionales como el FMI, la OCDE o la UE mantienen los mercados con la liquidez precisa (en este caso, excesiva) como para asegurar se mantendrán en líneas generales en los niveles actuales, lo que equivale a asegurar la compra venta de renta variable debido a la falta de alternativas de inversión y sin valorar demasiado que muchas de sus inversiones contarán con el grifo cerrado de los dividendos. A esto hay que sumar la esperada ola de caída de ventas y resultados que se convertirán, seguramente, en el tramo final del año, en un calvario para los inversores, ya que las expectativas de caída de beneficios se espera histórica.

A la hora de trasladar las sensaciones y las expectativas de los inversores y de las empresas a cifras, es donde se puede apreciar la gravedad de las caídas de ventas y de beneficios. Algún índice europeo como el Stoxx 600 ya adelanta una caída en el primer semestre del 10,3%. Con esta caída, las estimaciones de beneficios para 2020 señalan recortes del 45% y del 16% el próximo año. Estos valores serán confirmados si el PIB de Europa baja un 10% en el presente ejercicio, lo que viene a ratificar las estimaciones sobre la caída de beneficios entre el 30% y el 45%. Cifras de estimaciones severas que las empresas irán confirmando o ajustando conforme vayan pasando los meses pero que en todo caso aseguran importantes recortes de resultados.

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