edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
10/07/2020

Los jefes europeos peregrinan a La Haya para que Holanda deponga su oposición al fondo de reconstrucción

A la sombra de Mark Rutte opera un grupo de naciones con intereses comunes que reta a Bruselas
Carlos Schwartz
Hasta el momento el primer ministro de Holanda, Mark Rutte, mantiene su oposición a un fondo de reconstrucción europeo de 750 millones de euros del cual una parte se supone que será en la forma de ayudas y el resto como créditos. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, hizo suya la propuesta franco alemana cocinada por el presidente francés Emmanuel Macron y la canciller alemana Angela Merkel en un esfuerzo por paliar el colapso económico de Europa desencadenado de forma violenta tras la pandemia. La firmeza de Rutte esconde su interés en presentarse ante su electorado como el firme defensor de los intereses de sus conciudadanos en contra del dispendioso sur europeo, ya que España e Italia podrían ser dos de los grandes favorecidos por el fondo de reconstrucción. Esto ha desencadenado una verdadera peregrinación de los mandatarios de la Unión Europea (UE) a La Haya para entrevistarse con el primer ministro. Esta semana la visita más destacada fue la de la propia Angela Merkel en un intento de ablandar al reticente tras el reciente paso de Macron por allí. Rutte no está solo, encabeza un grupo de otras tres naciones formado por Austria, Suecia y Dinamarca, a los que se denomina unidos “los cuatro frugales”. La semana que viene Rutte va a recibir la visita de Pedro Sánchez, del italiano Giuseppe Conte y Antonio Costa de Portugal como parte de las gestiones previas.
Holanda parece haber tomado el testigo británico tras la salida de Reino Unido en el sentido de que, cada vez que hay un gasto colectivo y un debate presupuestario, se coloca en la defensa de los intereses nacionales en contra de los fines comunes de la UE. El hecho que encabece al grupo de los cuatro frugales oculta el hecho que el movimiento de resistencia al gasto colectivo y el progresivo atrincheramiento de un grupo de naciones más amplio ha tomado a La Haya como su bastión diplomático. Los círculos políticos de la UE hablan de una nueva Liga Hanseática en un remedo distorsionado del acuerdo defensivo y comercial de naciones formado entre el siglo 13 y 14 por naciones del norte de Europa y el Báltico que tenían su eje inicial en Lübeck y al que se unió en primera instancia la poderosa ciudad comercial de Hamburgo. 

Buena parte de la cohesión de esta liga, que reunió a varias naciones, fue el tratado comercial de Lübeck con Inglaterra. La Liga sobrevivió hasta mediados del siglo 19. La verdad es que usar este apodo para el grupo de naciones que orbitan en torno a La Haya es un escarnio para la memoria de la Liga Hanseática.

La reunión crucial en torno al debate del fondo de reconstrucción y al Presupuesto de la UE para el próximo periodo de 7 años está convocada para el viernes 17 de julio y la puesta a punto de las alianzas y pactos previos ya es contra reloj. Mientras las naciones del sur esperan ser las grandes beneficiarias de esta operación, hay otros países que aunque menos afectados por los efectos de la Covid-19, también serán receptores netos de recursos. 

Las líneas del pacto que se dibujan sobre el telón de fondo de las negociaciones con Rutte son esencialmente las reformas que serán impuestas como condición para las ayudas. Esto no es un misterio en la medida que algunas de las reformas que serán exigidas ya están incorporadas al proyecto de pacto para la reconstrucción debatido en la comisión del Congreso formada con este fin. Estas reformas suponen modificaciones de calado como la adopción de cuentas de capitalización en materia de pensiones públicas bajo la forma de la denominada “mochila austriaca”, un objetivo que implica la reforma del estatuto de los trabajadores porque por fuerza crea un nuevo modelo de la resolución de las relaciones contractuales en la esfera laboral. Esto va de la mano además con la prolongación de la vida laboral media, tal como preconiza el ministro de Seguridad Social José Luis Escrivá.

Desde finales de 2017, y a la luz de la inevitable salida de Reino Unido de la UE, Holanda ha encabezado una alianza explícita formada por La Haya junto con Irlanda, Finlandia, Dinamarca, Suecia, y los bálticos Estonia, Letonia y Lituania. El grupo está operativo, por decirlo de alguna manera, y los contactos entre los países se mantienen de manera informal. Cuando Bruno Lemaire era ministro de economía en Francia tuvo sus enfrentamientos con el ministro holandés de finanzas, Wopke Hoekstra, en torno precisamente a este agrupamiento de intereses que en 2018 acabó en un episodio que la prensa holandesa calificó de incidente diplomático por las duras críticas de Lemaire a los movimientos defensivos de la “Liga Hanseática”.

La dura crisis en la que se ha sumergido Europa de forma abrupta, por la aceleración que la Covid-19 dio a la debilidad creciente de la economía global, ha determinado un reforzamiento del papel de Holanda como relevo de Reino Unido a la política de retaceos de cualquier forma de acción colectiva que suponga sacrificar renta nacional en aras de una acción colectiva que beneficie a terceros. Es una ilusión pensar que ese grupo de naciones vaya a ceder a las presiones de Francia y Alemania. Berlín ha pactado con Francia una política de ayuda a la reconstrucción en lo fundamental porque Francia está muy necesitada de esos recursos para hacer frente a su política de mano abierta a las necesidades de los grupos industriales de ese país. En segundo lugar, para atajar el desarrollo creciente de un sentimiento anti UE, en particular en Italia. Sin embargo los que pagarán su cuota de ayudas con duras reformas no van a ser los residentes en Francia.

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