edición: 3002 , Viernes, 3 julio 2020
18/05/2020

Los mecanismos de liquidez en dólares han dejado huérfanas a algunas economías emergentes necesitadas

Tanto la Reserva Federal como el FMI han reforzado las líneas de swap en dólares y los créditos
Carlos Schwartz
La Reserva Federal reflotó su política de swaps en dólares para asegurar la liquidez en esa moneda a una serie de economías a través de sus bancos centrales. El anuncio de esta política, que ya se había desarrollado en 2008 para dar respaldo a las entidades financieras ante sus propios vencimientos y el de las corporaciones, asegurando liquidez en la divisa estadounidense fue anunciado al mismo tiempo que los indicadores económicos pronosticaban tormenta en el despegue de la pandemia de coronavirus. Un total de 14 bancos centrales firmaron el acuerdo, al igual que en 2008. Pero la lista deja fuera a otros países con necesidades de liquidez en dólares por sus bajas reservas centrales o por la dimensión de su déficit por cuenta corriente que se suman a los vencimientos que se acumulan para este año. Uno de los casos es el de Turquía cuyo banco central no ha recibido el ofrecimiento y ha sufrido este año una caída récord de la lira contra el dólar el seis de mayo cotizando a 7,2690 por dólar. El Gobierno de Tayip Recep Erdogan adoptó medidas contra los bancos extranjeros Citigroup, UBS y BNP prohibiéndoles tomar posiciones en la lira turca, argumentando que no habían liquidado a tiempo una serie de operaciones por la caída de valor de su moneda. La medida estuvo en vigor una semana. Pero la fuerte caída de la moneda turca reflejó la salida precipitada de los inversores extranjeros de activos denominados en liras, incluyendo acciones.
Parte del nerviosismo de los inversores extranjeros es el hecho que el país ha perdido 20.000 millones de dólares de sus reservas centrales desde comienzos del año, mientras el déficit de la balanza por cuenta corriente sigue alto, con más de 3.000 millones de dólares en abril. El banco central intenta estimular la economía con bajo tipos de interés, mientras debe atender al flujo negativo de los inversores extranjeros vendiendo sus reservas, que a finales de abril estaban en los 86.000 millones de dólares.

El Gobierno considera que su nivel de reservas es adecuado, pero los inversores temen que la sangría al ritmo que lleva vacíe las cuentas a razón de 20.000 millones de dólares por trimestre. La salida para Turquía sería pedir financiación mediante un crédito stand by al Fondo Monetario Internacional (FMI) que anunció su disponibilidad para financiar este tipo de necesidades, pero son operaciones con fuerte condicionalidad. El Gobierno turco advirtió que no piensa acudir al FMI porque “no lo necesita”, pero los analistas privados tanto de bancos como consultoras, consideran que esa salida será inevitable en el medio plazo. Turquía hace frente este año a vencimientos por importe de 22.700 millones de dólares contabilizando deuda pública y bonos corporativos. Los vencimientos totales en divisas duras en los próximos 12 meses son de 168.000 millones de dólares de acuerdo con el Instituto Internacional de Finanzas. 

Otro de los países que fue marginado del acuerdo es Argentina que este año tiene vencimientos por importe de 20.800 millones de dólares, con el país en plena renegociación de la deuda externa y al borde de la suspensión de pagos, que es la única alternativa por su incapacidad de atender a los vencimientos. El FMI esperaba de Buenos Aires que lograra un acuerdo con los acreedores privados que implicara una fuerte quita lo que mejoraría las posibilidades de que el organismo multilateral pudiera refinanciar sus posiciones acreedoras sin tener que hacer su quita. Argentina recibió bajo el Gobierno de Mauricio Macri el crédito más grande jamás extendido a un país por parte del FMI con 56.300 millones de dólares bajo Christine Lagarde en la dirección ejecutiva. La incapacidad de pago de Argentina dejará a las arcas del FMI necesitadas de nuevos aportes.

Otros países emergentes con serios problemas de balanza de pagos que han quedado fuera del convenio con la Fed son África del Sur, Nigeria e Indonesia. La Reserva Federal tiene otra opción de liquidez para los bancos centrales asfixiados por la falta de dólares. Su ventanilla de Repos que se puede activar para estas naciones. Pero para ello es necesario que las naciones urgidas de liquidez dispongan de deuda pública de Estados Unidos de corto o largo plazo. Pero en general los países con problemas de pagos o balanza por cuenta corriente debilitada no tienen suficientes activos en dólares como para que su descuento en la Reserva Federal les suponga un alivio significativo. Argentina tiene 5.701 millones de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos a corto plazo, con datos del Tesoro de febrero pasado pero que hacen referencia a junio de 2019, mientras que Brasil tendría 264.400 millones de dólares en bonos de los cuales 3.400 millones serían a corto plazo. De acuerdo con los datos del Tesoro estadounidense Argentina no figura en la tabla de tenedores de deuda pública a largo plazo. 

El problema que se presenta es que las naciones que se encuentran con sus monedas bajo presión deben atender a la salida de capital extranjero, al déficit de su balanza de pagos, a los vencimientos de su deuda y tienen que dar liquidez en divisas, en particular dólares, a su sistema bancario privado. Esto indica que, salvo un grupo selecto de países que están al resguardo de los swaps concedidos, en particular los países emergentes favorecidos, el resto de las economías emergentes tendrán severos problemas en el medio plazo lo que va a afectar a su capacidad de pagos exteriores y lo que es peor a la liquidez de su sistema bancario. Argentina y Turquía son en este sentido dos de los eslabones más débiles de la cadena de pagos internacionales. La ventaja de Turquía es que puede apelar al FMI, aunque ello sea una espada de Damocles desde el punto de vista político para el Gobierno de Erdogan. La situación de Indonesia con 16.700 millones de dólares en vencimientos, la de Nigeria con 8.400 millones, África del Sur con 8.300 millones y Colombia con 6.900 millones es menos acuciante, pero no deja de ser tensa.

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