edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
12/01/2018

Los mercados de renta fija miran a los bancos centrales a la espera de una retirada de liquidez

Los analistas estiman que tres décadas de auge en la renta fija acabarán por la subida de intereses
Carlos Schwartz
Dos de los analistas de renta fija más seguidos a escala internacional han coincidido por una vez: el mercado de renta fija dejará el territorio de la gran demanda y rentabilidad a la baja en la medida que los bancos centrales vayan subiendo los tipos de interés. Jeffrey Gundlach y Bill Gros están de acuerdo en que 30 años de demanda al alza en la renta fija, incluida la deuda soberana, tocarán a su fin. No coinciden en los plazos en que esto puede ocurrir. Pero sus opiniones convergentes eran la comidilla de los medios financieros esta semana tras registrarse un aumento de la rentabilidad de la deuda del Tesoro estadounidense hasta el 2,6% para atraer compradores en una subasta. El miércoles se registró una fuerte venta de bonos del Tesoro motivada en parte por las sospechas de que tanto el Banco de Japón, como el Banco de China estaban considerando la posibilidad de reducir los incentivos monetarios a las economías respectivas. Mientras, la publicación de las minutas de las reuniones del consejo del Banco Central Europeo (BCE) en diciembre ha dejado a la luz el debate que ha desencadenado el auge de la actividad económica en Europa alrededor de los estímulos monetarios.
Un sector de los miembros del consejo de la entidad está a favor de reducir los estímulos porque la fortaleza de la actividad se refleja ya en una mayor inflación, y por primera vez en la última década se considera posible que el incremento de los precios se encamine con firmeza hacia la meta del 2% anual. Pero la naturaleza del debate ha hecho suponer a algunos analistas que la retirada de los estímulos podría hacerse antes de tocar ese límite mágico. En Estados Unidos mientras existe el elemento añadido de que la reducción de los tipos fiscales del impuesto de sociedades y de la renta aprobada por el Congreso agreguen dinero al sistema de forma abundante impulsando la inflación y llevando a la Reserva Federal a incrementar tipos de interés a un ritmo más acelerado que el que estaba previsto en un principio.

La subasta de bonos del Tesoro estadounidense a 10 años obtuvo la recompensa de una fuerte demanda tras registrarse el incremento de su rentabilidad lo que hizo ajustar el rendimiento nuevamente por debajo del 2,6% hasta el 2,56%. Pero el efecto se había instalado en el mercado. La deuda pierde atractivo y cae la demanda a menos que ofrezca una rentabilidad más alta lo que por contrapartida supone una reducción del precio de los bonos. 

En Europa, el Bund, el bono alemán a 10 años, también acusó recibo con su mayor rendimiento en seis meses con el 0,54%. Este mes de enero el BCE inicia la reducción a la mitad de las compras mensuales de deuda llevando el importe mensual a 30.000 millones. También sufrió el efecto el bono del Tesoro japonés a 10 años que registró su rendimiento más alto en seis meses con el 0,08%. La venta masiva de bonos se reflejó en el precio del mayor fondo ETF del mercado de renta fija, el iShares de 53.000 millones de dólares, que perdió esta semana el 0,3%. 

Como en todos los mercados financieros hay analistas que no creen que el mercado de bonos caiga y opinan que los indicios hasta el momento no son muy claros respecto de esta posibilidad. Los gestores de los grandes fondos tienen una preocupación básica, el ritmo al cual los tipos de interés van a subir. El tema se las trae porque un proceso pausado de incremento de tipos de interés da la posibilidad de ir acomodando las estrategias de inversión. El mayor temor entre los gestores es que alguna situación imprevista acelere el ritmo en el incremento de los tipos de interés. Tras un prolongado periodo de tipos extremadamente bajos los inversores han asumido riesgos de crédito adicionales en un intento por maximizar el beneficio de su inversión. 

El apalancamiento ha supuesto que los inversores compren bonos con un margen que a veces es muy bajo por relación al precio total utilizando el crédito al mercado ofrecido por los brokers. Una de las estrategias que se ha convertido en habitual en este sentido ha sido la de apalancarla mediante derivados. Debido a la opacidad del mercado de los swap nadie sabe a ciencia cierta cuánta exposición hay vinculada a la inversión en renta fija. El riesgo afecta también a los prestatarios corporativos apalancados y a los gobiernos. La Oficina del Congreso estadounidense ha calculado que el coste de la deuda federal subiría de los 270.000 millones hasta los 712.000 millones de dólares en la próxima década si su rendimiento pasara del 1,8% al 3,6%. Si un proceso de este tipo se registrara en el lapso de un año sería un golpe muy duro para los emisores y los pondría en una situación difícil.

Pero el problema puede ser de una extensión muy grande por la magnitud que ha adquirido el mercado tras el largo periodo de bajos tipos de interés y porque una subida de tipos acelerada también pulverizaría de forma rápida el precio del stock de bonos en manos de los inversores que verían reducidos sus recursos de forma espectacular. Lo que costó 90 euros a la hora de comprar puede pasar a valer 50 o menos en cuestión de meses. Si las adquisiciones se han hecho mediante apalancamiento, las pérdidas pueden adquirir carácter exponencial. 

Este escenario suscita mucho temor por que los operadores del mercado de renta fija tienen muy presente la crisis de 1994 en la cual tras un periodo largo de tipos a la baja la Reserva Federal los incrementó de forma rápida desde el 6,2% a comienzos del año hasta el 7,75% en septiembre reduciendo el valor del stock de bonos en 600.000 millones de dólares en poco meses. En la medida que el aumento en los tipos de interés fue global para mantener el equilibrio con el dólar en los mercados monetarios la pérdida de valor de los bonos fue global y alcanzó a los 1,5 billones de dólares de acuerdo con los análisis de aquél momento.

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