edición: 2580 , Martes, 23 octubre 2018
09/05/2018
Las dudas se apoderan de Santander y BBVA

Los mercados de valores se frenan en el mes gafe del año para los inversores

Mayo, mes de ventas, de pérdidas, y este año con los bajistas más activos, atacando a los grandes valores por un exceso de incertidumbre concentrada
Juan José González
Parten los pronósticos sobre el resultado, positivo o negativo, que ofrecerá el Ibex 35 en el presente mes de mayo -no es un mes cualquiera- con la certidumbre que confirma la estadística del selectivo español, desde su nacimiento allá por el año 1992. Y el resultado no es positivo si se tiene en cuenta que es a partir de ese mes inclusive cuando la Bolsa se ha mostrado más bajista, al menos, en lo que respecta a su rendimiento medio, con cerca de un -4% entre mayo y octubre del cuarto de siglo considerado. Es por eso por lo que los veteranos del mercado se muestran pesimistas sobre el presente mayo, sobre todo cuando confluyen nuevas, numerosas y muy potentes y decisivas circunstancias que llegarán en estos próximos días. Lo cierto es que, estadística y circunstancias al margen, el mercado ha comenzado el mes en negativo, ligera pérdida, pero a la baja. Y sin negar el peso considerable del `histórico´ de cualquier inversión o mercado, hay que reconocer que, en este caso -la negatividad del Ibex en ese período anual- los inversores confirman -con sus decisiones de ventas- que las cifras mencionadas, a pesar de corresponder al pasado, tienen una innegable influencia psicológica, es decir, se tiene en cuenta el pasado, no se olvida y forma parte de las decisiones comunes; comprar, vender o mantener. Con estos antecedentes no es fácil concluir que el presente mes vaya a terminar en rojo o en verde, habida cuenta de las nubes que aparecen en el horizonte más próximo, que no dejan lugar a dudas de que se trata de un fenómeno habitual de volatilidad, en la práctica, una frenada en toda regla.
Inestabilidad y dudas se unen para mayor infortunio de los inversores. De ahí que una buena parte de ellos, los más especulativos, hayan identificado un movimiento por el que las bolsas se están desenganchando de la inercia general que mantenía los índices al alza. Una fuerza que había ganado personalidad de la mano de la expansión económica mundial pero que ahora parece perder velocidad. Los economistas ya proceden a rescatar las viejas teorías del final de ciclo económico, como si la bonanza económica estuviera marcada por un tiempo fijo de duración. Pero matizan añadiendo que, si bien no se puede asegurar que ha finalizado, sí cabe sospechar que se está agotando.

Y todo porque los vientos procedentes de la política en Norteamérica llegaron con demasiada fuerza a los mercados europeos. Entendieron estos que el amago de guerra comercial fue algo más que un amago: fue la constatación de la hoja de ruta del mandatario estadounidense. De forma paralela, otro viento parece sumarse al vendaval general, como es la inestabilidad en el mercado de las materias primas, con un petróleo al alza, capaz de desmontar y echar por el suelo presupuestos generales de grandes países o previsiones de ganancias a medio plazo. Por si no fuera suficiente, el tropiezo de Google y de otros gigantes tecnológicos ha mostrado algunas debilidades preocupantes de las compañías tecnológicas.

En el mes de mayo se han conocido los resultados trimestrales de la mayoría de las grandes compañías, las que mueven los mercados de la renta variable. El balance es positivo, se han cubierto las expectativas, se mantiene el crecimiento y los balances no muestran señales que hagan peligrar el futuro a corto y medio plazo. Con todo, se esperaba que los buenos resultados empresariales cosechados en el trimestre -dentro de lo previsto- fueran a ser el revulsivo que necesitaban las Bolsas para despuntar y superar los máximos históricos. Y no se ha producido la esperada reacción al entender como ya viene siendo habitual, que los buenos datos ya estaban descontados.

Los problemas a partir de ahora, del que este mes de mayo es el punto de salida, vienen del ámbito global, de las incertidumbres de la `guerra comercial´, de sus efectos sobre las economías locales. Es previsible que tenga un reflejo similar al causado por el impacto de los precios del petróleo, puesto que, como se ha comprobado, no se producen los mismos efectos negativos porque las economías son diferentes. Pero en esta ocasión, la incertidumbre cuenta con otras variables adicionales que se pueden sumar con facilidad, como la subida de los tipos de interés en EE UU o la incertidumbre sobre la postura que adoptará en esta coyuntura el BCE.

De nuevo sobre los datos históricos, pero esta vez más próximos, la marcha irregular de la Bolsa española en los últimos meses confirma que se mantienen las dudas en el presente y aseguran que el futuro es más incierto de lo previsto. Prueba de las dudas actuales son las cotizaciones del sector bancario, ligeras variaciones sin tendencia definida, en algunos casos paradas biológicas, en otros haciendo frente, como en Santander y BBVA, a puntuales inversores bajistas que ponen en serias dificultades las valoraciones de estas dos entidades. La historia de un mes de mayo, como inicio de una etapa bajista, puede repetirse a nada que se mantenga el ritmo de ventas de estos días.

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