edición: 2409 , Lunes, 19 febrero 2018
24/01/2018
banca 

Los ministros de la UE imponen a la unión bancaria condiciones generales que dificultan el progreso

El vicepresidente del BCE acusa a los dirigentes europeos de obstaculizar el camino del acuerdo
Carlos Schwartz
Los ministros de Economía de la Unión Europea (UE) dejaron en el ambiente político de Bruselas una sensación desagradable esta semana. Tras ventilar sus múltiples desavenencias para alcanzar un principio de acuerdo sobre una Unión Bancaria (UB) expresaron el deseo de que las diferencias queden solventadas para el verano próximo. En este contexto el mencionado deseo adquiere naturaleza de frustración inminente. Alemania por boca de su ministro Peter Altmaier, confidente de la primera ministro Angela Merkel, sigue exigiendo como condición previa al desarrollo de la UB que se alcance un acuerdo para la reducción del riesgo lo que dicho de otra forma es el establecimiento de plazos rígidos para que los bancos eliminen de sus balances los activos improductivos, es decir los créditos en mora, que suponen un lastre considerable para la banca europea en general y en particular para algunos países como Italia donde el peso de los créditos morosos tiene un volumen apabullante. Los ministros alemán y francés fueron los más firmes defensores de la necesidad de la Unión Bancaria pero este discurseo va adquiriendo la naturaleza de un jarabe de glucosa para abejas desfallecientes que no se sabe si encontrarán finalmente el camino al panal. Desde luego esta semana no lo tenían a la vista y erraron el camino. Parte del debate sobre las condiciones que se deben dar para progresar en la Unión Bancaria está alimentado por el objetivo de crear un fondo europeo de garantía de los depósitos que supone la concentración de recursos de los países miembros pero además supone la mutualización de las crisis bancarias.
Alemania reacciona con energía ante objetivos políticos de esta naturaleza y cuenta en este asunto en particular con el apoyo de Finlandia. En el fondo lo que Berlín quiere es que se den una serie de pasos previos como condición para las infraestructuras de una Unión Bancaria.

Precisamente en torno a esta cuestión es que ha resurgido esta semana la propuesta de que se modifique el mecanismo de rescate financiero de un país de la UE que sufra una crisis fiscal y de deuda pública. La idea ha sido puesta en circulación por Alemania y Holanda. La preocupación manifestada por estos países es la acumulación de deuda soberana por parte de los bancos del sistema sin reparar en los efectos que podría ocasionar sobre su solvencia una crisis fiscal del país emisor. 

La idea es que para frenar esta compulsión a atesorar deuda soberana se debería establecer que en el caso que sea necesario ir al rescate de un país su deuda soberana seria reestructurada de forma automática. La incorporación de esta medida en el protocolo de rescate de un país devaluaría de hecho a la deuda de toda la Unión Europea porque transformaría en regla una situación excepcional. Introducir este debate como condición para la Unión Bancaria es utilizar esta última como punto de apoyo para la palanca del interés político de Alemania y algunos países del norte de Europa en contra de las economías más débiles de la eurozona que son las que se pueden ver involucradas en una crisis de deuda soberana. 

Por lo tanto la naturaleza del debate suscitado esta semana en Bruselas en torno a la Unión Bancaria es una divisoria de aguas entre bloques de la UE en el que sería interesante saber qué papel pretende jugar España cuyo gobierno milita en las filas conservadoras que tienen en sus manos los gobiernos de Holanda y Alemania. La sugerencia de detonar una reestructuración de deuda soberana en caso de rescate fiscal es un verdadero contrasentido sobre el principio de solvencia de las deudas soberanas y es poner por anticipado ante los prestamistas de los estados el escenario de una crisis fiscal con impago de deuda. Es como decirles a los compradores de deuda pública española “El comprador de este bono debe saber que la solvencia del emisor está ex ante puesta en entredicho por la unión económica y política a la que pertenece”.

El vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE) -el portugués Vitor Constancio- lanzó contra estas propuestas una acusación difícil de rebatir. “Los postes de la portería que representan lo que se debería completar como objetivos para la Unión Bancaria se mueven cada vez que nos acercamos a lo que antes constituía la portería misma”, afirmó en una acusación velada a Alemania y Finlandia por su exigencia de condiciones previas a la unión bancaria, en particular la reducción del riesgo como paso previo al acuerdo. 

Es en este contexto que los países deberán alcanzar un acuerdo sobre las reformas necesarias para acometer la Unión Bancaria. La labor no sólo no parece sencilla sino que tiene todos los visos de no ser factible tal como Alemania y sus aliados de Europa del norte se han planteado las condiciones previas. Altmaier por su parte en un ejercicio de cinismo político poco sofisticado pretendió que se alcanzara un acuerdo en la reunión en Bruselas esta semana para dejar sentadas las bases de las condiciones previas a ese acuerdo para la Unión Bancaria. 

De acuerdo con estos datos salta a la vista que para Alemania la Unión Bancaria es una mera palanca para reorganizar cuestiones referidas a los costes potenciales de la reestructuración de la deuda soberana de países de la UE de un lado y de una reducción preventiva de los riesgos existentes en los balances de los países miembro. La reducción de riesgos consiste en el fondo en una operación de limpieza del legado de la crisis en la cartera de créditos de los bancos europeos. Es por ello que Altamaier afirmó en Bruselas que “Las discusiones políticas sobre la implementación de un fondo europeo de garantía de los depósitos quedarán suspendidas hasta tanto no se haya alcanzado un compromiso suficiente sobre la reducción del riesgo”. 

Pero el frente reformista de la UE se ha roto bajo la presión de Alemania, y el ministro de Economía de Francia, Bruno Le Maire, ha puesto en cuestión la modificación del mecanismo de rescate propuesta por Alemania y que implica la reestructuración automática de la deuda soberana del país afectado por el rescate. El ministro francés recordó a sus pares en la reunión esta semana que cuando estalló la crisis griega en 2010 la reapertura del asunto de la deuda soberana fue también una reanudación de la crisis en su conjunto.

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