edición: 2767 , Miércoles, 24 julio 2019
17/05/2019
Escasa credibilidad de las rebajas fiscales

Los partidos rectifican y bajan el tono de sus promesas de rebajas de impuestos

Concluyen que las promesas de rebaja de gravámenes no proporcionan rédito en las urnas, lo acaban de comprobar y han razonado que no deben insistir
Juan José González
Los partidos políticos que compiten en estas segundas elecciones por ayuntamientos, autonomías y Europa, parecen haber rebajado notablemente las propuestas exhibidas con amplitud en las pasadas elecciones generales del 26 de abril. No se sabe si el cambio responde a una nueva estrategia electoral o a la rectificación de un discurso demostrado en la práctica como mendaz y falso. O quizá al haber caído en la cuenta de que éste y no el próximo, será el año de obligada revisión del Impuesto de Sociedades y que, sea el que sea el partido que logre el poder local, autonómico o europeo, se deberá recuperar el Impuesto de Sucesiones. Razones de peso, digamos que de nuevos gastos y más gastos que vendrán, obligan a la revisión de los gravámenes señalados, por mucho que en algunos gobiernos locales y autonómicos vayan a tener la última palabra, o parte de ella, las formaciones de la derecha. Revisar una figura impositiva, como sucederá en los próximos meses, requiere un análisis completo y complejo de la enmarañada panoplia de exenciones y deducciones que conlleva la aplicación de un impuesto, más si cabe, en el de Sociedades. Es probable que, conscientes de esa complejidad o quizá, también, de la dificultad que conlleva el cumplimiento de las promesas de indulgencia fiscal tan en boga, los candidatos hayan entrado en razón y rebajado el listón de sus ofrendas.
A la vista de los resultados electorales del 26A, se entiende que ya analizados y desmenuzados hasta la saciedad por los interesados, se diría que aquellas generosas y amplias promesas de rebajas de gravámenes de los partidos conservadores y centristas, no lograron su rédito esperado en las urnas, lo que ha propiciado una reflexión en profundidad de la estrategia `rebajista´ de impuestos. Y fruto de ese ejercicio reflexivo hasta es posible que en estas elecciones se hayan planteado con más seriedad el asunto de la indulgencia fiscal, al menos, en el caso de los impuestos directos, lo cual, ya sería todo un avance.

También se entiende que, como resultado de la reflexión, los partidos proclives a la dispensa y jubileo fiscal, hayan caído en la cuenta de que tras el dichoso impuesto de sociedades se da cita un ejército entero de deducciones y exenciones que, como los aplicados a los gastos fiscales de las empresas sacarían los colores a cualquier técnico experto en la materia, habida cuenta de que la mayoría de ellos incumplen los motivos que justificaron su creación. En el caso del impuesto de sucesiones, que en alguna Autonomía se encuentra en fase de desaparición por supresión total, léase Andalucía, la rebaja tributaria supondrá una minoración de ingresos en el presupuesto anual de 289 millones de euros, y otros tantos en presupuestos posteriores. 

Uno y otro impuesto, de mayor amplitud el de sociedades como de ámbito más restringido el de sucesiones, son, sin embargo, la expresión de una suerte de animadversión política, en este caso, de las formaciones conservadoras y de centro, que sólo contempla la oferta electoral de bajadas y reducciones de los mismos, sin entrar a valorar la necesidad de reformar los capítulos de exenciones y deducciones que encierran. Puede ser que sensibilizados por la complejidad del trabajo reformista hayan dado marcha atrás en sus generosas ofertas de reducción de impuestos.

Aunque no habría que descartar otra posibilidad que puede haber servido para frenar la campaña de rebajas fiscales de temporada -en la que habían convertido la primera cita electoral- en esta segunda ronda electoral. Se trata de la escasa o nula credibilidad de las promesas electorales que, como las relativas a la reducción de impuestos terminan defraudando al gran público, a la mayoría de los contribuyentes que comprueban que las reducciones de campaña, cuando se aplican o son mínimas o ridículas y que al final, la única reducción que tiene consecuencias sobre el bolsillo están, además de en las retenciones de los sueldos, en los impuestos indirectos.

Con la experiencia acumulada de las numerosas campañas electorales de la democracia, cabría hacer un ejercicio sumatorio de todas las rebajas prometidas en los últimos cuarenta años para concluir que, en caso de haberse cumplido, los impuestos serían ahora negativos, a favor del contribuyente, pero como el ejercicio no se llevará cabo, habrá que deducir que el resultado no es, ni más ni menos, que el equivalente al engaño de las propuestas políticas, a su vez reflejo de una patología que alguna autoridad fiscal, estatal o central europea, debería investigar a fondo con criterios psiquiátricos. En cualquier caso, los electores parecen avezados en este tipo de engañifa política, como han puesto de manifiesto las urnas. De ahí, quizá, que en esta segunda ocasión los políticos hayan decidido entrar en razón y dejar la bola al margen de las propuestas.

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