edición: 2746 , Martes, 25 junio 2019
01/03/2019
Bancos centrales y Gobiernos, atentos

Los reguladores europeos se movilizan en prevención de una crisis comercial global

En los mercados financieros se confirman síntomas análogos a la crisis de 2008, pero esta vez relacionados con el comercio mundial
Juan José González
Regresa a la memoria el escenario previo a la última crisis, 2008, la gestión de las autoridades financieras y reguladores. Para muchos en 2019 ya se dan algunos de los síntomas que precedieron al fatal desenlace de aquel año. Hoy, más de una década, los reguladores siguen buscando la medicina que evite episodios de crisis nuevas, terapias intemporales al entender que no hay dos crisis iguales ni parecidas. Están convencidos que tras la financiera le toca el turno a la comercial. Las economías occidentales han crecido en 2018 por encima del 3%, los beneficios empresariales han mostrado una clara recuperación, en muchos casos de consolidación. Pero los mercados de renta variable, siempre por delante, descontando expectativas, ya han comenzado a enviar las primeras señales, de desaceleración, con crecimientos menores. Algunos sectores de actividad ya comienzan a manejar expectativas de crecimiento a la baja para los próximos ejercicios.
Frente a la opinión extendida de los expertos, que relaciona el descenso de la confianza con la muy larga duración del ciclo de la economía norteamericana, en Europa, los reguladores ya han comenzado a hacer cábalas sobre los mecanismos que se podrían crear para evitar el golpe de una nueva crisis, aún por calificar puesto que se ignora su posible origen (financiera, monetaria, inmobiliaria, comercial...). Reguladores que emplearon más tiempo del debido en dar con la clave, con la salida a las situaciones de sectores  en crisis.

Se puede asegurar que, si bien, ya han aprendido a controlar y gestionar una crisis del tamaño y profundidad como la de 2008, aún no han conseguido averiguar la forma de frenar otro tipo de crisis, nueva, distinta, con orígenes diferentes a los de la pasada. Puede ser el caso de una crisis originada en el freno del comercio internacional, con los Estados aplicando políticas restrictivas, proteccionistas, recuperando la aplicación de aranceles a los productos importados. Coincide este movimiento proteccionista con la certeza de la prolongación de la actual política monetaria del BCE y con los bancos centrales y Gobiernos preocupados por encontrar una terapia que sea adecuada para frenar la próxima crisis.

Los reguladores (bancos centrales, Gobiernos y otras instituciones de control) comienzan a descontar algunos desequilibrios futuros, previsibles en algunas economías de la eurozona, con algún país de los grandes (Italia) que tarde o temprano deberá afrontar el reconocimiento de la quiebra de algunas empresas e instituciones financieras. No se puede asegurar la amenaza inminente de grandes desequilibrios o burbujas a punto de explotar, lo que no evita la tensión existente en mercados como el de deuda o el regreso a las andadas en el inmobiliario. Los reguladores vienen observando en los últimos meses tensiones en las divisas, en los tipos de cambio y en la inflación, y sin contar las propias y ya conocidas del fuerte endeudamiento público y de sus costes para los erarios respectivos.

Todo indica que, a tenor de las cifras que se conocen de los desequilibrios, los síntomas que se perciben en la economía que llevan a sospechar que estamos en la antesala de una nueva crisis, no son los mismos que en la anterior de 2008. La política monetaria del BCE de entonces nada tenía que ver con la actual, de máxima expansión y liquidez en abundancia, con un precio del dinero plano (y negativo en algunos casos). Como tampoco las economías se encuentran en situaciones de fuertes desequilibrios y, por supuesto, el sector bancario cuenta hoy con una regulación capaz de evitar sorpresas como en aquel fatídico año, con sus balances más saneados y fuertes.

Si bien los Estados y las instituciones supranacionales han aprendido a prevenir situaciones complejas (como si hoy se repitiera la de 2008) y a controlar excesos y aplicar medidas para subsanar los errores y sus consecuencias, es probable que una nueva crisis, con origen distinto (no monetario ni financiero) a la señalada, cogiera desprevenidas a las autoridades en tanto que desconocidos serían los orígenes, sorpresivo su detonante y, por tanto, al no conocer origen ni consecuencias, difícilmente se podría saber la terapia adecuada al caso.

Y el caso comienza a emitir las primeras señales de que la próxima crisis vendrá de las consecuencias de la guerra comercial, de sus daños ya evidentes del frenazo comercial mundial. En este escenario, los políticos poco pueden hacer para evitar males mayores. Una muestra es que ya han comenzado a proteger sus mercados nacionales y rehabilitado aranceles. Lo que da una idea de que las enseñanzas de la última crisis servirán para evitar otra crisis igual. Y esta no lo es.

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