edición: 2788 , Viernes, 23 agosto 2019
24/07/2019
banca 
Toca reducción de costes para combatirla

Los resultados bancarios muestran que el sector vive una crisis de baja intensidad

El sector ya descuenta un clima negativo, expectativas de una fase delicada, de mayores dificultades para el negocio bancario y como ya recogen sus cuentas semestrales la banca está en crisis
Juan José González
Ninguna casa de análisis se muestra optimista sobre la evolución del sector bancario en el medio y largo plazo. Y es el corto plazo el que se está encargando de confirmar las razones de los expertos para justificar las malas expectativas. El clima es general, alcanza a las grandes entidades, las más diversificadas. Y también a las pequeñas y medianas, estas con otro problema estructural añadido como es el reducido tamaño que les dificultaría una estrategia de salida basada en la aportación de filiales y negocios en distintos mercados, una estructura de la que no disponen. Por si no fuera suficiente, las expectativas de caída de negocio se unen, o se podría decir que se basan en parte, a la sensación dominante de mantenimiento de las principales variables que inciden en la actividad bancaria. Si acaso, el Banco Central Europeo, puede poner en marcha algún cambio de mercado como sería recuperar la política de inyección de liquidez al sistema mediante los programas de compra de activos, pero sin modificar la regulación del sector. Con esta situación, asimilada en la mayoría de los cuarteles de la banca, es difícil contemplar la evolución futura de las cuentas con optimismo. Las sensaciones, por tanto, de una fase de moderada crisis que estaría iniciando su andadura a partir del conocimiento de los resultados semestrales, se vería completada y confirmada con los resultados del próximo trimestre, ya a la vuelta del verano.
El sector bancario, a tenor de los primeros resultados semestrales que ya se están conociendo, parece instalado en una fase de crisis de baja intensidad. Baja en la medida en la que esos resultados recogen un recorte en el entorno del 10% de media y que, como el caso del Santander, alcanza hasta el 14% que, como apunta el banco se debe a las provisiones por la reestructuración así como también por la decisión de aumentar la eficiencia y reducir los costes en Europa un 10%. La reducción de costes, por tanto, sería uno de los signos evidentes que prueban la existencia de esa -por el momento- crisis de baja intensidad en el sector bancario.

Respecto a esta crisis adelantada, las autoridades bancarias europeas ya venían advirtiendo de la necesidad de hacer cambios. La vieja cantinela del BCE sobre la necesaria concentración del sector, parece ser un mensaje que no ha sido tenido en cuenta por los bancos, los aludidos, los pequeños y medianos que se resisten a escucharlo. Un mensaje similar es el que desde hace un tiempo recibe la banca mediana pero procedente del mercado bursátil, que valora y confirma que la banca pequeña tiene mayores dificultades en el actual panorama de tipos de interés bajos, en la medida en que su negocio es más comercial y minorista que de empresas o de patrimonios.

Y todo sin contar con otra dificultad añadida: la que les obliga a afrontar las fuertes inversiones en tecnología. Si los grandes bancos tienen fuertes dificultades para rentabilizar sus inversiones digitales, las que deberán superar las pequeñas y medianas se antojan aún más complicadas. De ahí que los mensajes del mercado no sean agradables para la banca mediana, precisamente, la más castigada en el mercado bursátil, quizá la más débil, quizá la peor preparada para superar esta minicrisis o crisis de baja intensidad que parecen confirmar resultados semestrales y caída de sus valoraciones bursátiles.

Siguiendo con los argumentos que manejan los analistas sobre el negocio bancario, no parece que las perspectivas de futuro sean muy halagüeñas, pues en la medida en la que sus pronósticos sobre la economía y el comercio mundial no son positivos, los grandes bancos, los considerados globales, también van a pasar por problemas. En el mismo ámbito, no hay que perder de vista que las autoridades monetarias europeas, como también, seguramente, las de Estados Unidos, introducirán novedades en el mercado monetario, en forma de estímulos, para que mantener la actividad económica, una acción de doble efecto para el sector bancario: positivo en tanto que se mantiene la actividad económica y negativo porque los tipos de interés se reducirán en el caso de Europa, pasando a negativos, y también bajos, pero no negativos, en el caso de Estados Unidos.

Ahora bien, que las dificultades del sector bancario, tanto para las grandes entidades como para las medianas, se estén combatiendo actualmente con estrategias de recortes de costes, no significa que vaya a ser suficiente para superar esta minicrisis de resultados, puesto que las cuentas no parece que alcanzarán las ratios necesarias como para mantener la distribución de los beneficios, lo que obligará a hacer alguna reflexión sobre la cuantía de los dividendos.

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