edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
15/10/2018
Inversores sin rumbo

Los resultados empresariales despejarán las dudas sobre si el ciclo económico sigue vivo

El dinero se mueve estos días con pies de plomo, entre las expectativas de mayores beneficios empresariales y las dudas sobre la distancia a la que se puede encontrar una recesión
Juan José González
En breve se empezarán a conocer los resultados empresariales correspondientes al tercer trimestre del ejercicio, un auténtico `test de estrés´ empresarial que servirá para la calibrar la fuerza de los argumentos y el poder de algunos razonamientos de expertos que aseguran que el ciclo económico está agotado. Llegarán en un momento clave para los inversores, tocados por un cierto desánimo en la marcha de la coyuntura. También por un sentimiento a la baja que lleva a muchos asesores a afirmar que la inversión está sin rumbo, perdida por un lugar del ciclo económico: En resumen, desorientación general que se convierte en peligrosa para los resultados empresariales dado el corto tiempo de que se dispone para concluir el ejercicio, como también para las previsiones de cara al próximo ejercicio. Pero no sólo de los resultados empresariales depende los inversores en estas semanas de octubre sino que además se irán conociendo algunos indicadores macroeconómicos que serán de gran utilidad para asegurar en qué parte del ciclo -si es que aún continúa vivo- está la economía mundial o se mantiene pujante como parecen indicar algunas casas de análisis internacionales. Claro que estas últimas siempre estarán interesadas en el mantenimiento de la fuerza de la inversión y de los mercados financieros y tenderán, como es habitual, a minimizar los riesgos y relativizar el peligro que hoy, por ejemplo, se centran en los emergentes con graves problemas financieros y su capacidad de contagio sobre el resto de los mercados. Llama la atención la posición a la defensiva que están adoptando los grandes inversores, últimamente muy inclinados hacia la prudencia.
Ahora todas las miradas de los grandes inversores se concentran sobre dos focos principales de atención: la guerra comercial y el pulso, aún no concluido, de los populistas italianos con Bruselas. Claro que se trata de dos escenarios diferentes, separados y con un ritmo particular: en ambos casos, los protagonistas se mueven por impulsos diferentes aunque al final los objetivos puedan coincidir en que lo persigue es el beneficio propio. En esta situación ambos focos de atención son observados con el pesimismo de unos inversores que sienten cercano el final del ciclo, que la economía norteamericana parece haber agotado los crecimientos continuos y que a partir de ahora se abre el ciclo de la subida de los tipos de interés que puede dejar paso a episodios de mayor riesgo.

Para empezar, nadie parece ponerse de acuerdo en fijar el punto exacto en el que se encuentra el crecimiento global. Para unos, el punto ya se alcanzó en diciembre pasado, pero para otros se sitúa a mediados del presente ejercicio, justo en el momento en que comienza a ralentizarse el crecimiento del comercio mundial. Es probable que, como indican algunos análisis de coyuntura, que esa desaceleración del comercio haya podido pasar inadvertida por el ruido de otros acontecimientos.

Se refieren los analistas a que a las noticias sobre subidas de aranceles que han mantenido ocupada a la galería, se han producido otros hechos que hay que destacar, como es la bajada de los impuestos en Estados Unidos, una medida política que ha servido para animar a la economía americana, que ha recibido de esta forma nueva gasolina para mantener -o alargar- la prolongada fase de crecimiento económico. Pero que varios de los análisis económicos que se publican estos días concluyan en que la actual es la última fase del ciclo, no significa que se haya alcanzado el final.

Para comprobar en qué medida el sentimiento de los inversores se identifica con esta posición, sólo habrá que comprobar en qué activos se posicionan de cara a los próximos meses y con qué expectativas afrontan el próximo año. En este sentido, un ejercicio práctico serviría para diferenciar a los optimistas de los pesimistas y, según unos y otros, comprobar a través de su estrategia en qué parte del ciclo creen los inversores que se encuentra la economía.

Si al principio se afirmaba que Estados Unidos (y su guerra mundial con el comercio) e Italia (en su particular pulso con Bruselas) eran dos mundos separados (por algo más que un océano) en el terreno de la inversión sucede que los inversores se dividen ahora entre el mercado americano y el europeo. En el caso del americano, la bajada de impuestos puede haber servido para acelerar el agotamiento del ciclo, y por tanto, le restaría atractivo para la inversión. Por contra, el europeo, gozaría de una mejor posición dado el mejor estado de salud empresarial y el saneamiento alcanzado por los sectores más dañados en la crisis, caso del financiero. Ahora sólo resta que los resultados empresariales del tercer trimestre confirmen ese mejor estado de salud que parece asegurar que el ciclo económico, al menos en Europa, sigue vivo.

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