edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
16/12/2008

Lukoil coreografía el despiste y Moscú se concentra en la pinza de precios sobre Europa

Ana Zarzuela

Ha jugado a ser el oficiante de los milagros energéticos del Kremlin con altares prestados. No le importó llamar a la puerta de Repsol con la peor calificación de riesgo entre las grandes petroquímicas del mundo. Vistió de ventajas sus debilidades, enseñó los dientes de las compras por toda Europa a pesar de que cargaba al cuello más de 11.000 millones de deuda y que ya en octubre tuvo que pedir 1.000 millones al Banco de Rusia. Ahora juega a que sí le importa y a que pliega velas en sus expectativas europeas. Baila una ‘danza cosaca’ nada espontánea al son de las contradicciones en las que Rusia se redogea. Moscú, con Gazprom y Lukoil en ristre, se cobrará mientras tanto en precios para Europa sus zozobras financieras y los horizontes que ni la producción ni el desembarco accionarial le ponen fácil. Más gas y más caro. Viniendo de Alexei Miller tiene tanto de amenaza como de pronóstico: la era del gas natural barato es ya historia si Moscú tiende, como espera, su mano sobre la UE.

Donde dijo ataque, ahora dice miedo y “sólo rumores”, a pesar de que ya atesora el aval de Vneshtorgbank y el Sberbank para sus pretensiones sobre Repsol y 5.000 millones para incrementar un 60% su presencia internacional.  A lo mejor, se ha hecho consciente de sus debilidades. Haberlas haylas, pero no más que el primer día. A lo peor, manda mensajes a la galería de Putin y Medvedev, ahora que ha vuelto a pedirles 3.000 millones de dólares más para hacer realidad sus deseos. Y espanta a cañonazos de miedo los recelos de De la Vega, Rubalcaba y Álvarez, y Sebastián y la oposición de los accionistas minoritarios de Repsol, que no entenderían que pagaran 27 euros por algo que en el mercado vale 14.

Alekperov y el vicepresidente de Lukoil, Leonid Fedun, hacen humo y no se resisten, hasta el último segundo, a forzar precios y oportunidades con las negociaciones abiertas. Y a desbloquear con el recelo fingido el 20%, los recelos de los minoritarios y del entorno de Moncloa. No sería la primera vez: así compró en Sicilia y negoció en Turquía y Croacia. El paso atrás puede ser para coger impulso. Hornea el acuerdo, aunque sea por congelación con nitrógeno. Ya amenazó con obligar a Moncloa a que le tendieran la alfombra roja del beneplácito político. Puede hacer lo mismo con el económico. La llave, como siempre, sigue en manos del Kremlin, sus rublos y la banca estatal rusa. Las grietas energéticas de la UE por las que han aprendido a colarse no esconden que a Putin y Medvedev les tiembla el músculo financiero y el de los 130.000 millones de dólares ‘soberanos’ de su fondo de estabilización.

No es sólo la confianza de las agencias de calificación lo que se le ha arrugado, ahora que Standard & Poor´s ha pasado de las amenazas a los hechos y por primera vez desde el colapso financiero de 1998 ha rebajado el rating de Rusia hasta BBB, a dos pasos de caer por debajo del grado de inversión. El sistema bancario ruso es uno de los que más ha sufrido las turbulencias de liquidez, sobre todo dos de las mayores entidades, los estatales Bank VTB y Gazprombank. Pero para Putin y Medvedev no ha cambiado mucho: Moscú reparte liquidez para que sus energéticas salgan de compras y para que sus bancos estatales pongan la mano a los grandes colosos en zozobra.

Moscú juró hacer de las cuatro grandes petroleras sus embajadoras energéticas y expandir su telaraña por las grietas europeas. Y está dispuesto a hacerlo con tal de mantener sus galones de segunda economía emergente con más inversiones exteriores, aunque se deje la liquidez en el intento. Y aunque no tenga más remedio que depender de préstamos internacionales a corto plazo, el 40% del total en el caso ruso. El primer ministro enseña el incremento de la producción de gas un 2,5% hasta noviembre para probar que la energía rusa sigue impasible; jura que dispone de recursos para llevar de conquista la economía nacional y, para demostrarlo, inyectará 185.000 millones de dólares en el sector bancario, antes de nada a los estatales  Sberbank, VTB y Gazprombank, los llamados a ‘patrocinarles’ las aventuras europeas a las cuatro grandes petroleras nacionales.

Bate al mercado, pero ni el 70% de mejora de sus beneficios, pueden ocultar el lastre de sus inversiones pendientes, su deuda -11.300 millones de dólares- y sus exigencias de liquidez a las puertas del Kremlin y sus bancos estatales. No lo hace a los ojos de los analistas: S&P  la ha revisado a la baja, de 'positivo' a 'estable', a la vista de que la deuda de Lukoil se incrementará a final de año debido a los altos gastos anuales de capital y a las adquisiciones previstas, que se financiarán con nuevas líneas de crédito y el acuerdo con los vendedores para aplazar los pagos. Si llega, la cuadratura del círculo de su rentabilidad lo hará con mucho más que el perdón del banco estatal VEB a los 1.900 millones de dólares de su deuda pendiente. Pero esas líneas rojas nunca fueron murallas para Alekperov.

A Lukoil se le amontona la avidez, por más que Alekperov jure -sin detalles y en clave de mantra de la confusión- que aplazará sus proyectos internacionales para concentrarse en los que tiene en marcha en Rusia. Lukoil -paradojas de la geopolítica- ya anunció recortes en sus inversiones en octubre, justo antes de lanzarse a cortejar a Repsol y a rematar la futura distribución del gas del yacimiento de Shtokman. Con los entre 2.000 y 5.000 millones de dólares con los que promete contar en préstamos estatales, Lukoil hace alarde de su músculo como segunda petrolera rusa: acaba de comprarle a los propietarios de Akpet el 100% de las acciones de la compañía turca, lo que le abre la puerta a 693 gasolineras y ocho terminales petrolíferos. Acaba de lanzarse de cabeza a desarrollar sola el yacimiento Junin 3 en Venezuela. Ha comprado Europa-Mil, un distribuidor de hidrocarburos croata y consuma su desembarco en la Serbia Nis. Acaba de engendrar con la italiana ERG una empresa conjunta para gestionar el complejo de refinerías ISAB en Sicilia. Su división de proyectos internacionales, Lukoil Overseas, cederá a la francesa GDF-Suez una participación del 15% en D-222, a cambio de alianzas en Europa del Este.  Está estudiando la posibilidad de construir refinerías en Cuba y participar en obras de prospección de petróleo en el Golfo de México. Y su acuerdo con Pdvsa es el preámbulo a una refinería conjunta en Latinoamérica.

LA PINZA DE LOS PRECIOS

Mientras llega o se espanta el mapa de sus operaciones en el corazón de Europa, Moscú se cobrará en carnes europeas sus zozobras financieras. La ‘excusatio non petita’ a los compradores de toda Europa da la dimensión de la amenaza. El Kremlin juró hacer de Gazprom su embajadora energética y expandir su telaraña por las grietas europeas. Tiene reservas, ambiciones y, desde ahora, el 70% del gas mundial y un tercio del que consume Europa a la mano gracias a la troika que pondrá de largo el 23 de diciembre ‘con Qatar e Irán, una OPEP del gas con piel de alianza, llamada a hacerle valer la energía a sus compradores. Más gas y más caro para compensar la anemia bursátil  del coloso ruso. Lo saben Ucrania y Alemania, que encajan ya nuevas tarifas. El pulso está servido, de lado y lado. Y Rusia ya acuna la amenaza de renunciar al dólar para sus exportaciones.

Aviso para navegantes: habrá precios más altos. Y más gas, ya se lo ha dicho Gazprom a la cara de Sarkozy y GDF-Suez y delante de Wulff Bernotat, el presidente de E.ON, que ve cómo se chafan sus promesas a los clientes alemanes. El presidente de GDF pide reciprocidad, quiere su cuota de avidez en el mercado ruso, pero a Medvedev no le importa. Ha desplegado en su cara el desembarco parisino. Tanto que asusta el miedo de EDF, que pide ya un índice de tarifas europeas independientes.  Quiere ser el  grupo de referencia gasista de Francia. Y el de Italia, Austria y Bulgaria. Para empezar, promete triplicar su distribución en suelo galo para hacerla pasar de 1,5 a 3 millones de metros cúbicos en cinco años.  La pinza del petróleo por parte de Rusia llegará de la mano del pulso a la OPEP, ese mismo que mantiene a Putin como invitado eterno. Moscú tendría que someterse a sus reglas, pero ya ha advertido que la única forma de entrar sería presionar sobre EEUU y Europa “para frenar la caída de los precios del petróleo”. 

Gazprom hace valer sus galones de mayor productor mundial de gas con Europa: provee el 26% del gas que consume el continente y tiene en sus manos la llave energética de 22 países, entre ellos Alemania, Italia, Francia y Turquía. Pero las entregas del gas ruso al mercado alemán disminuyeron en un 30% en  2007, así como el volumen de suministros a otros usuarios europeos: Hungría (44%), Bélgica (37,5%), Francia (20,69%), Italia (16,56%) y Austria (15,07%). Sólo el aumento de precios ha permitido un incremento del 31% de su beneficio en 2008. A la vista de esa evidencia, Moscú se lo juega todo a la carta de más gas y más caro: prevé que sus exportaciones gasíferas a Europa aumenten un 37,8% hasta el 2015 y asciendan a 165.000 millones de metros cúbicos de gas en el 2009, frente a los 161.000 millones de metros cúbicos de este año.

Con Gerhard Schroeder y Berlusconi convertidos en los  “Rasputines” del gas ruso de Vladimir Putin y Médvedev, cualquier grieta es trinchera para Gazprom, llamada a suministrar a Europa hasta 30.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural nigeriano a través de Níger y Argelia a partir de 2015 y dispuesta a demostrar que -para desgracia de las grandes compañías energéticas europeas- todos los caminos de gas para Europa, Asia y el Norte de África pasan por Moscú.

Bruselas confiesa el miedo al suministro del gas ruso: busca un atajo sahariano-nigeriano y promete acciones conjuntas para cerrar sus almenas a la dependencia del gas ruso y las presiones de la OPEP del gas. Pero Europa le ha enseñado las heridas de su dependencia y las alfombras rojas de su servidumbre. Sólo el Nord Stream se le puede complicar a Gazprom. GDF-Suez, E.ON y  ENI están dispuestos a ser sus introductores de embajadores. Y hasta ahora la mano tendida de Merkel y Berlusconi, las excepciones a la aplicación de la ‘cláusula Gazprom’ y los atajos centroeuropeos, magrebíes y asiáticos le demuestran a Moscú que todos los caminos rusos del gas -y de sus precios- conducen a Europa.

Con el 70% del gas mundial en la mano, la ‘troika’ le garantiza aún más la llave para cortarle el oxígeno -o al menos ponérselo caro- al Gasoducto Nabucco. Todos los países de Europa centromeridional han firmado acuerdos bilaterales con Rusia sobre suministro energético. Gazprom tiene en sus manos la principal arteria gasista de Europa, los 1.200 km del Nord Stream, la llave de su tranquilidad en cinco países y el 51% del accionariado de una tubería llamada llamado a cubrir hacia 2015 hasta el 25% de las necesidades de la Unión en las importaciones adicionales del gas natural, por mucho que el Parlamento Europeo y los países bálticos se opongan a su avance. Y, si nadie lo impide, también ejerce la pinza con la que cortar el bypass de Nabucco, un proyecto de 8.000 millones auspiciado por Bruselas y Washington, que no necesitaba ya de la crisis georgiana para poner a dudar a sus inversores, a la vista de su origen azerbayano, de su exposición a Georgia y de los riesgos de su paso por las fronteras turco-georgiana o iraní hasta Austria. La OPEP del gas se bautiza con promesas de nuevos cebos.

Merkel ya conoce el precio de esa seguridad: hasta ahora le ha costado. Alemania -con un volumen de intercambio anual de 50.000 millones de euros con Moscú-, le ha reabierto las puertas a la gasista rusa con la oposición franco-germana a la segregación de las energéticas y le tiende la alfombra roja a la arteria de su penetración en la Vieja Europa. Moscú, con la ampliación de su alianza con E.ON, avanza en el proyecto de gaseoducto submarino báltico, a pesar de las críticas de Polonia y Suecia. Pagan ya las facturas, desde hace meses,  los consumidores y las empresas teutonas: tras la última subida de un 25% en 2008, el precio del gas -dependiente de la armada energética rusa-  podría subir este año un 40%, y un 75% en 2009 según los cálculos de la Cancillería. Y BP, si se consuma la entrada de Gazprom en el 50% del capital de KPN, pagará su alianza con el incómodo compañero de viaje. Poco para Médvedev, que no se resiste a pasar nuevas facturas conjuntas a los Veintisiete.

España está en su ecuación. Más ahora que, tras el frustrado intento por comprar Repsol, el gigante ruso Gazprom abre su primera sucursal en Madrid para vender energía en España. Al gigante euroasiático no le hace falta Lukoil para conquistar el mercado español. Ya lo ha hecho. Más del 20% de los suministros que reciben las refinerías españolas son ya rusos. Y se ha convertido ya en el primer exportador. Como recuerda la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (Ceees), cualquier desembarco de Lukoil en la península le daría otra vuelta de tuerca a la ecuación aún más a favor de Moscú. Entretanto, egocia aliarse con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo, llamado a transportar 25.000 millones de metros cúbicos desde 2015, en concreto para repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano.

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