edición: 2784 , Lunes, 19 agosto 2019
30/12/2008

Lukoil, el 'cazador cazado' por las postas del Kremlin, no pliega velas

Ana Zarzuela

Ahora que ya sólo aspira al 20% de Repsol, Lukoil baila una ‘danza cosaca’ nada espontánea al son de las contradicciones en las que Rusia se regodea. Navega entre las limitaciones propias y los anhelos del Kremlin, a la vera de las líneas rojas de la Caixa -que no vende- y los recelos de los pequeños accionistas de Repsol y algunos no tan pequeños de Lukoil, como Conocco, que no están por la labor de pagar primas altas. El tiempo corre en contra de Lukoil. La brecha entre la realidad y el deseo sólo la puede salvar la mano del Gobierno ruso, sus rublos y la banca estatal. Como el primer día.

Alekperov no duda en enseñar la mano del Kremlin tras sus grietas, nunca lo había hecho, pero ahora que las urgencias son más acuciantes le pone apellidos: 2.000 millones de dólares. A cambio del crédito del estatal Vnesheconombank para seguir de ‘pesca’, Moscú tendrá derecho de veto sobre su deuda y cualquier venta de activos y el banco -cuyo consejo de supervisión está presidido por  Putin- exigirá a Lukoil sus acciones, activos o ingresos como garantías. Con cada vuelta de tuerca sobre las acciones de las multinacionales europeas, Lukoil cierra la mano del Kremlin sobre sí misma. Y ve cómo Moscú hace humo en la pinza de precios para Europa y los desembarcos de las demás petroleras rusas.

Lukoil está cada día más arrinconada, entre sus urgencias y las debilidades de su músculo financiero. Ha jugado a ser el oficiante de los milagros energéticos del Kremlin con altares prestados. No le importó llamar a la puerta de Antonio Brufau con la peor calificación de riesgo entre las grandes petroquímicas del mundo. Vistió de ventajas sus debilidades, enseñó los dientes de las compras por toda Europa a pesar de que carga al cuello más de 11.000 millones de deuda y que ya en octubre tuvo que pedir 1.000 millones al Banco de Rusia. Ahora navega contra el tiempo y contra todos. Las presiones ya no están de su mano, por más que se empeñe en comprar por debajo de los 26,7 euros y la única garantía del préstamo contra sus reservas de crudo. Pero transita cómoda por un jardín de senderos imposibles: jura que no moverá ficha mientras el precio del petróleo esté por debajo de 65 dólares, que es lo mismo que decir no por ahora. Lukoil mete la operación al congelador de la Navidad, pero no la olvida. Los principales vendedores tienen los deberes hechos. Sacyr no está dispuesta a vender por debajo de 26 euros por acción, menos ahora que la venta de Itinere por 7.500 millones -que recibirá en abril-  suaviza las prisas.  Moncloa tiene cada vez menos ganas. Y los rusos menos urgencias que liquidez.

Lukoil ha puesto el interruptor expansivo en el sur de Europa. Justo ahora que remata la futura distribución del gas del yacimiento de Shtokman, afila las garras propias y esconde las enseñas ajenas desde que hace un mes anunció “la era de la agresividad” sobre los muros energéticos del Viejo Continente. Todos los tambores de guerra de la segunda petrolera rusa resuenan en los deseos del presidente Dimitri Medvedev. Sólo a fuerza de despejar los caminos ya frustrados para Gazprom consigue Vaguit Alekpérov obviar que la orfandad de sus cuentas no acompaña sus ansias. Quiere cancha en el corazón de Europa, hasta ahora fuera de su alcance, por más que controle todos sus atajos: los argelinos, los turcos, los croatas y los caucásicos. Lo ha intentado en España, lo fraguó e Francia y Alemania y ahora piensa echarle en Italia más fuego al desembarco que comenzó este otoño.

Donde dijo ataque, Alekperov ahora dice miedo y “sólo rumores”, a pesar de que ya atesora el aval de Vneshtorgbank y el Sberbank para sus pretensiones sobre Repsol y 5.000 millones para incrementar un 60% su presencia internacional.  A lo mejor, se ha hecho consciente de sus debilidades. Haberlas haylas, pero no más que el primer día. A lo peor, manda mensajes a la galería de Putin y Medvedev, ahora que ha vuelto a pedirles 3.000 millones de dólares más para hacer realidad sus deseos. Y espanta a cañonazos de miedo los recelos de De la Vega, Rubalcaba y Álvarez, y Sebastián y la oposición de los accionistas minoritarios de Repsol, que no entenderían que pagaran 27 euros por algo que en el mercado vale 14. Alekperov y el vicepresidente de Lukoil, Leonid Fedun, hacen humo y no se resisten, hasta el último segundo, a forzar precios y oportunidades con las negociaciones abiertas. Y a desbloquear con el recelo fingido el 20%, los recelos de los minoritarios y del entorno de Moncloa. No sería la primera vez: así compró Erg en Sicilia y negoció en Turquía y Croacia.

RESPALDO A LUKOIL

Al Kremlin no le importa. Todo lo contrario. No se resiste a mandar a sus grandes energéticas a hacer patria. Y ya sea Italia, España, Bolivia o las tres plazas, anima a Lukoil a salir de compras. Aunque sea con su billetera en ristre. Mejor que mejor. El sistema bancario ruso es uno de los que más ha sufrido las turbulencias de liquidez, sobre todo los estatales Bank VTB y Gazprombank. Las grietas energéticas de la UE por las que han aprendido a colarse no esconden que a Rusia le tiembla el músculo financiero y el de los 130.000 millones de dólares ‘soberanos’ de su fondo de estabilización. Standard & Poor´s por primera vez desde el colapso  de 1998 ha rebajado el rating de Rusia hasta BBB, a dos pasos de caer por debajo del grado de inversión y el propio gobierno reconoce que Rusia podría encontrarse el próximo año con un déficit presupuestario entre el 3 y el 5% del PIB. Pero para el Kremlin no ha cambiado mucho: Moscú juró hacer de las cuatro grandes petroleras sus embajadoras energéticas y expandir su telaraña por las grietas europeas. Y está dispuesto a hacerlo aunque se deje la liquidez en el intento y no tenga más remedio que depender de préstamos internacionales a corto plazo, el 40% del total en el caso ruso.

Ni la multa de 1.443 millones de rublos (casi 36 millones de euros) a Lukoil por abuso de posición dominante y establecimiento de precios excesivos ni el lastre de sus inversiones pendientes, su deuda -11.300 millones de dólares- y sus exigencias de liquidez espantan los planes de Alekperov y el Kremlin. Todo lo contrario: no dudan en proclamar a los cuatro vientos que el gigante de la energía está incluido en la lista de las 295 compañías con valor estratégico que tendrán el "orgulloso privilegio" de acceder a los 142.000 millones de euros de las ayudas del Ejecutivo para aliviar la falta de financiación. Veb ya ha demostrado que su capacidad de ‘perdón’ y el manto de sus ayudas se estira para proteger todo lo que toca la bandera industrial rusa. Sus empresas energéticas son cuestión de Estado. Y si ya ha desembolsado  3.000 millones de dólares a Alfa Group y a la petrolera Rosneft para ayudar a refinanciar sus deudas foráneas, puede abrir más la mano con Lukoil, Gazprom y TNK ahora que vuelven a llamar a sus puertas.

EL PRECIO DE LOS ENSUEÑOS ENERGÉTICOS

Pero la mano del Kremlin no protege gratis. Se lo ha comenzado ya a cobrar junto al respaldo político a las aventuras de Lukoil que proclamó el ministro de Energía ruso, Serguéi Shmatkó: en independencia. Putin y Medvedev quieren controlar directamente el petróleo y a los oligarcas que lo producen. . El ‘new deal a la rusa’ pasa por repartir, desde el Gobierno, credenciales de vida o muerte y carta blanca para  la conquista exterior a las grandes empresas de los sectores estratégicos. Y liquidez a las energéticas y los oligarcas que reinan en sus accionariados. Si en 1995, en la primera de las oleadas privatizadoras, pusieron sus rublos sobre la mesa del Kremlin a cambio de pasteles accionariales en las grandes empresas estratégicas y lo repitieron en 1998, hoy es al revés. El presidente Medvedev y el primer ministro Putin juegan sus cartas en plena redistribución de poderes, liquidez y proyectos, al calor de la crisis financiera. No lo esconden. Pasan a domicilio las facturas que no puede cobrarse en el accionariado ajeno.

El primer ministro Vladimir Putin es presidente de la junta directiva del banco central, convertido en el prestamista de última instancia para los magnates y los gigantes empresariales agobiados por las deudas. El banco ha ofrecido rescates de miles de millones de dólares pero ha exigido a cambio activos como garantía. Lo sabe Oleg Deripaska, dueño de Rusal, uno de los hombres más ricos del país, que acaba de vender el alma de su independencia al Kremlin a cambio de un salvavidas para el gigante del aluminio, con miles de millones de dólares prestados respaldados con activos valorados en más de 20.000 millones de dólares en su nivel máximo.

El Kremlin repliega la batalla energética al interior de sus propias murallas. Serán privadas, pero tanto Lukoil comoTNK-BP, West y Rosneft tienen el respaldo de la mano pública en sus espaldas, los rublos que el Kremlin les ha prometido a las cuatro grandes energéticas rusas para pagar sus deudas en Occidente y salir de compras. Por ahora, más de 50.000 millones de dólares para todas sus ‘joyas estratégicas’.

Los ensueños energéticos del Kremlin respiran por sus propias heridas. Está dispuesto a comerse a sus energéticas privadas con cada cucharada de ayuda. Y a digerir, con su voracidad, las participaciones de BP en TNK, de Repsol en West y Rosneft, o Total en NovatekQuiere controlar directamente el petróleo y a los oligarcas que lo producen. Bajo el paraguas moscovita sólo sobreviven los que obedecen órdenes; los demás corren el riesgo de sufrir el destino de Jodorkovsky. Lo sabe uno de esos supervivientes: Vagit Alekperov, hoy presidente y accionista mayoritario de Lukoil y antiguo secretario de Estado del Gas y Petróleo de la extinta URSS. Ya desde 2000 Putin fumó la pipa de la paz con Alejpérov, cuando levantó las acusaciones de la Fiscalía General contra él y un grupo de empresarios. Hoy en día, aunque la mayor parte de las reservas de Lukoil se encuentran en Siberia occidental,  mantiene sus oficinas centrales junto al Kremlin y un 25% de sus acciones en la mano.

RUIDO DE SABLES PARA LA GUERRA DE PRECIOS

Lukoil coreografía el despiste y Moscú se concentra en la pinza de precios sobre Europa. Mientras llega o se espanta el mapa de sus operaciones en el corazón de Europa, Moscú se cobrará en carnes europeas sus zozobras financieras. Más gas y más caro para compensar la anemia bursátil  del coloso ruso. El viaje a ninguna parte habrá servido para que Moscú adorne su pinza de precios a lomos de la ‘OPEP’ del gas en las debilidades europeas. Moscú, con Gazprom y Lukoil en ristre, se cobrará mientras tanto en precios para Europa sus zozobras financieras y los horizontes que ni la producción ni el desembarco accionarial le ponen fácil. Más gas y más caro. Ya se lo ha dicho Gazprom a la cara de Sarkozy y GDF-Suez y delante de Wulff Bernotat, el presidente de E.ON, que ve cómo se chafan sus promesas a los clientes alemanes.

Abrazado al músculo energético de Irán, Libia, Argelia, Venezuela, Nigeria, Qatar, Indonesia y Bolivia y con el 47% del gas que consume Europa en la mano, no hace otra cosa que asegurarse garantías para poder estrechar la pinza de precios. O, al menos, cobrarse compensaciones a cambio de aflojar la tenaza gasista. Lo saben bien Ucrania y Alemania. Gazprom tiene en sus manos la principal arteria gasista de Europa, los 1.200 km del Nord Stream, la llave de su tranquilidad en cinco países y el 51% del accionariado de una tubería llamada llamado a cubrir hacia 2015 hasta el 25% de las necesidades de la Unión en las importaciones adicionales del gas natural, por mucho que el Parlamento Europeo y los países bálticos se opongan a su avance. Y, si nadie lo impide, también ejerce la pinza con la que cortar el bypass de Nabucco, un proyecto de 8.000 millones auspiciado por Bruselas y Washington, que no necesitaba ya de la crisis georgiana para poner a dudar a sus inversores, a la vista de su origen azerbayano, de su exposición a Georgia y de los riesgos de su paso por las fronteras turco-georgiana o iraní hasta Austria.

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