edición: 2784 , Lunes, 19 agosto 2019
21/11/2008
Pretendiente de Repsol
Alekperov estrecha la mano a Chávez en presencia de Medvedev

Lukoil, el señor de los milagros, al asalto con los rublos del Kremlin

Sus socios de Conoco tampoco están para alegrías, acaban de postergar, por la incertidumbre financiera, una refinería en Arabia Saudita con Aramco
Ana Zarzuela

Afila las garras propias y esconde las enseñas ajenas desde que hace un mes anunció “la era de la agresividad” sobre los muros energéticos europeos. Todos los tambores de guerra de Lukoil resuenan en los deseos de Putin y Medvedev. Sólo a fuerza de despejar los caminos ya frustrados para Gazprom consigue Vaguit Alekpérov obviar que la orfandad de sus cuentas no acompaña sus ansias. Pública no será, pero la mano que mece la cuna de los deseos de Lukoil sigue en el Kremlin. A pesar de las bendiciones de Zapatero, cualquier desembarco en Repsol requeriría la apertura de nuevas líneas de financiación. Y ya hace semanas que los problemas de tesorería empujaron a Lukoil a pedir 1.000 millones al Banco de Rusia. Si llega, la cuadratura del círculo de su rentabilidad lo hará con mucho más que el perdón del banco estatal VEB a los 1.900 millones de dólares de su deuda pendiente. Si no, Lukoil hará músculo en el miedo de sus aliados galos e italianos.

Moscú juró hacer de Gazprom su embajadora energética y expandir su telaraña por las grietas europeas. Pero sólo si el ‘milagro’ de Lukoil se obra en otros altares podrá hacerlo realidad sobre Repsol. Lo de animar el parqué moscovita, en el que se ha dejado ya un 74% en sólo cuatro meses, no le ha salido. Sus socios de Conoco, con el descenso del crudo estadounidense tampoco están para alegrías. Acaban de postergar, por la incertidumbre financiera, una refinería en Arabia Saudita con Aramco, que iba a costarles 10.000 millones de dólares. Y, a pesar de perder la mitad del precio que le pagó a ConocoPhillips hace cuatro años, Lukoil se acaba de desprender de la cuarta parte de las gasolineras estadounidenses. 

Lukoil es la primera de las energéticas rusas en comenzar a revisar sus planes y reconocer un recorte del 20% de las inversiones para 2009. Aún así, el hozironte de su ambición, los encargos prestados por el Kremlin, sus alianzas y el borrón en los precios del crudo han acabado por sentar a Lukoil en un laberinto en el que deberá invertir 8.000 millones de dólares el próximo año para sostener los malabares de su hegemonía y mantener sus proyectos de exploración y producción en Kazakhstán, Egipto, Azerbaiyán, Uzbekistán, Arabia Saudí, Colombia, Venezuela, Costa de Marfil, Ghana e Iraq. Sólo para completar sus proyectos de Kandim y Guisar requiere una inversión extra de 5.000 millones de dólares Ya ha pedido cerca de 3.000 millones a los mercados para hacer frente a algunos proyectos a largo plazo. 

LOS RUBLOS DE PUTIN

Lukoil tiene el respaldo de la mano pública en sus espaldas, los rublos que el Kremlin les ha prometido a las cuatro grandes energéticas rusas para pagar sus deudas en Occidente y salir de compras. El tamaño, con un valor de 20.000 millones de euros, la segunda compañía petrolera privada rusa por capitalización bursátil lo tiene más que justo. El músculo, también. Según sus propios datos dispone el 1,3% de las reservas globales y el 2,3% de la producción mundial, aunque sus ambiciones se extienden también al resto de hidrocarburos. Otra cosa es que le alcance, más aún cuando el bocado que le gustaría de Repsol -un 29,9%- y la prima de 113% que promete estar dispuesta a pagar  la obligaría a desembolsar cerca de 9.000 millones de euros.

El Banco estatal Veb ya ha demostrado que su capacidad de ‘perdón’ y el manto de sus ayudas se estira para proteger todo lo que toca la bandera industrial rusa. Sus empresas energéticas son cuestión de Estado. Y si ya ha desembolsado  3.000 millones de dólares a Alfa Group y a la petrolera Rosneft para ayudar a refinanciar sus deudas foráneas, puede abrir más la mano con Lukoil. Pero la voracidad no está a la altura del músculo en el Kremlin, ahora que el castillo de naipes les comienza a temblar a Putin y Medvedev y a los 130.000 millones de dólares ‘soberanos’ de su fondo de estabilización.

El terremoto de Wall Street sacude también el suelo del Kremlin, sobre todo en las niñas bonitas de sus delirios energéticos, las más castigadas en un laberinto demarcado por las caídas de precios de las materias primas, la interferencia del Gobierno en las empresas y la guerra contra Georgia. Un paisaje que ni la compra de acciones con 1.000 millones de dólares públicos ha podido animar. A pesar de los 27.000 millones de dólares que el Gobierno inyectará en el tejido financiero, a los gigantes rusos del gas y el petróleo les cuesta trabajo conseguir un préstamo de sus bancos. El mercado interno de la deuda pública promete permanecer cerrado hasta finales de año como mínimo. Y aunque el Banco Central considera que el mercado de valores ruso ya superó el punto más álgido de la crisis financiera, seguirá padeciendo problemas de liquidez durante más de un año.

LA BOLSA DEL KREMLIN

El presidente Medvedev y el primer ministro Putin juegan sus cartas en plena redistribución de poderes, liquidez y proyectos, al calor de la crisis financiera. No lo esconden. El ‘new deal a la rusa’ pasa por repartir, desde el Gobierno, credenciales de vida o muerte y carta blanca a la conquista exterior a las grandes empresas de los sectores estratégicos. Y liquidez a las energéticas y los oligarcas que reinan en sus accionariados. Si en 1995, en la primera de las oleadas privatizadoras, pusieron sus rublos sobre la mesa del Kremlin a cambio de pasteles accionariales en las grandes empresas estratégicas y lo repitieron en 1998, hoy es al revés.

La mano del Kremlin no protege gratis. Quiere controlar directamente el petróleo y a los oligarcas que lo producen. Sólo sobreviven los que obedecen órdenes; los demás corren el riesgo de sufrir el destino de Jodorkovsky. Lo sabe uno de esos supervivientes: Vagit Alekperov, antiguo secretario de Estado del Gas y Petróleo de la extinta URSS. Ya desde 2000 Putin fumó la pipa de la paz con Alejpérov, cuando levantó las acusaciones de la Fiscalía General contra él y un grupo de empresarios. Alekperov, el primer millonario ruso, un oligarca crecido a los pechos de Boris Yeltsin y la privatización, fue un consentido por el Kremlin bajo el gobierno de Putin y ahora lo es con el ex presidente de Gazprom, Dimitri Medvmedev. Hoy en día, aunque la mayor parte de las reservas de Lukoil se encuentran en Siberia occidental,  mantiene sus oficinas centrales junto al Kremlin y un 25% de sus acciones en la mano.

LA PINZA SOBRE EUROPA

Moscú estrecha el cerco sobre Nord Stream; con el puño cerrado sobre Georgia, Osetia y Abjasia tiene la llave para cortarle el oxígeno -o al menos ponérselo caro- al Gasoducto Nabucco. Penetra por las grietas italianas y galas en el corazón de la Vieja Europa y reedita las amenazas de Ucrania. La UE le ha enseñado unas líneas rojas que se siente fuerte para saltar. Y no son muchas. Los tentáculos energéticos del Kremlin han encontrado en el miedo de Europa y las grietas del Cáucaso sus mejores embajadores. Y ahora, tienen en los rublos oficiales y en el acuerdo de asociación estratégica que la UE ha vuelto a repensar, los nutrientes para su avidez. Gazprom no oculta sus tentáculos en Latinoamérica ni su mirada hacia la península ibérica. Con la rebaja de la ‘cláusula Gazprom’, la UE se lo ha puesto más fácil. Podrá desplegar sus tentáculos siempre que cuente con las bendiciones de los reguladores locales a su separación y las garantías de seguridad de suministro. El entreguismo de Angela Merkel, el pragmatismo de Silvio Berlusconi y el empeño de la sarkodiplomacia nuclear en torear a dos manos -con el capote diplomático de la UE y el estoque inversor de Total y GDF Suez- le dejan claro al Palacio de Santa Cruz que las promesas de Medvedev van en serio: sus tentáculos energéticos aprietan ya.

Y es que Rusia se lo juega todo a la carta de más gas y más caro (prevé que sus exportaciones gasíferas a Europa aumenten un 37,8% hasta el 2015) y en las puertas que sus socios le abran en la UE. Aunque sea a cañonazos de humo y con las salvas prestadas por alguna petrolera ‘privada’. Moscú juró hacer de Gazprom su embajadora energética y expandir su telaraña por las grietas europeas. Tiene reservas, el 70% del gas mundial y más de un tercio a la mano del que consume Europa, gracias a una ‘troika del gas’ con piel de alianza, llamada a hacerle valer la energía a sus compradores. Pero, a la vista de que la niña bonita de sus ansias energéticas levanta los muros del espanto allá donde quiere pisar, el Kremlin despeja atajos para su expansión con la zapa de Lukoil y TNK.

Con la que está cayendo, Dimitri Medvedev deja quieta la ‘plaza roja’ de la Bolsa moscovita y los fondos, de los que el capital extranjero ha huido. Pero no se resiste a mandar a sus grandes energéticas a hacer patria, aprovechando las olas. Las cuatro gigantes del petróleo y el gas lo ejecutarán, además, con los créditos y las bendiciones del Kremlin. Consolidados como los cuatro mosqueteros de la energía rusa tras su desfile triunfal por la UE y Latinoamérica, Gazprom, Lukoil, Rosneft y TNK-BP -amos del 70% del crudo y el 91% el gas rusos- no se resisten a aprovechar el entusiasmo de Putin no sólo para amortizar los créditos occidentales al sector -80.000 millones de dólares- sino para financiar más producción. No ocultan sus tentáculos en Latinoamérica ni la avidez de su mirada hacia la península ibérica. Tientan la suerte con Total, aspiran a arañarle más que la intención a Enel y buscan los activos de BP. Eso, sólo para abrir boca. A falta de presas directas en la UE -la cláusula Gazprom se lo ha puesto más difícil- despejan los atajos libios, argelinos y nigerianos, cristalizan el túnel ruso en el Cáucaso, o simplemente esperan que la necesidad afloje las murallas de las compañías ajenas.

DE LA MANO DE GAZPROM

En Moscú ya todo se negocia por paquetes, con Alejpérov -el presidente de Lukoil- a la derecha de Medvedev y Miller -el de Gazprom- a su izquierda. Si los puentes a Berlusconi en Italia no fueron suficientes, Rusia busca ahora el canje de la deuda exterior iraquí por la perpetuidad del contrato con Lukoil. Desde 2007 camina con Gazprom de la mano de una joint venture que -no han dudado en confesar- estaba llamada a acceder a mayores proyectos de hidrocarburos dentro y fuera de casa con menos riesgo. Han acudido juntas a Venezuela y Bolivia, donde Lukoil promete dejar paso a Gazprom, que también ha firmado con Pdvsa un acuerdo para producir gas licuado con destino a la exportación. Y ya hace dos años que exploran en alianza con Sonatrach para despejar los caminos a la pinza rusa en el Magreb.

Lukoil afila sus garras justo ahora que remata la futura distribución del gas del yacimiento de Shtokman. Vaguit Alejpérov asusta al miedo con el ruido de sus sables. Se los ha enseñado a Repsol en Rusia, Argelia, Iraq, Venezuela y -ahora que la española apuesta por Noruega- los afila también en el Mar del Norte. Quiere cancha en el corazón de Europa, hasta ahora fuera de su alcance, por más que controle todos sus atajos: los argelinos, los turcos, los croatas y los caucásicos. Y que aproveche las grietas que le abren los italianos y los galos. Promete incrementar en un 60% sus instalaciones fuera de Rusia.

Comenzará a hacerlo mirando a Roma y a París. Ha comprado Europa-Mil, un distribuidor de hidrocarburos croata y consuma su desembarco en la Serbia Nis y la Turca Akpet. Acaba de engendrar con la italiana ERG una empresa conjunta para gestionar el complejo de refinerías ISAB en Sicilia. Su división de proyectos internacionales, Lukoil Overseas, cederá a la francesa GDF-Suez una participación del 15% en D-222, a cambio de alianzas en Europa del Este.  Está estudiando la posibilidad de construir refinerías en Cuba y participar en obras de prospección de petróleo en el Golfo de México. Y su acuerdo con Pdvsa es el preámbulo a una refinería conjunta en Latinoamérica.

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