edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
10/06/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Lula rediseña su "revolución" del etanol e inviste nuevos ‘caballeros blancos’

Rinde con España los planes para sus biocombustibles
Ana Zarzuela

Se aferra a su uniforme de “emperador de los biocombustibles”. Cumple con la coreografía de todos los mantras y baila la danza de la diplomacia. A la fuerza ahorcan: por más que le dé cuerda en casa, un tercio de los planes ‘verdes’ del segundo productor mundial de etanol requieren del mercado exterior, ahora que ni los precios, ni la liquidez acompañan a los 25.000 millones de dólares de inversión. Le acaba de jurar a Bruselas y Washington en la Cumbre Mundial de Sao Paulo que el etanol no encarece la alimentación. Brasil descuenta que la producción mundial crecerá un 200% en los próximos seis años. Otra cosa es que lleve sus apellidos, sobre todo los del consumo. Con Washington, el brasileño apunta al cielo de los subsidios, pero el ‘yes we can’ de Obama no pasa por los biocombustibles cariocas, al menos no sin las tasas a la importación. La CE le recuerda a Brasil que su certificación no da la talla. El interés de Bruselas es investigar, el de las multinacionales españolas producir, cada vez más, pero a domicilio y con la segunda generación de biocombustibles. Lula sabe que las lanzas que su ‘revolución verde’ necesita ya no son las de la exportación, sino las de la producción. Consuela el repudio chino, japonés y europeo con el horizonte africano -que tiene todo para el cultivo de la caña- y con la catapulta centroamericana para llegar por detrás -sin aranceles- al mercado estadounidense. Costa Rica será el atajo para penetrar por la puerta de las ventajas del TLC.

España -comienzan a reconocerlo en Petrobras y el Palacio de Planalto- no será el escenario de producción brasileña en Europa, tampoco el ‘caballero blanco’ del etanol brasileño ante Bruselas. Ni siquiera el acceso al mercado ibérico -más expuesto al dumping que sus vecinos europeos, abocado a digerir el stock de EE UU y Argentina y con un tercio de las plantas a medio gas- está despejado. En poco más de un año ha caído en el desánimo de Petrobras. Volverán a llamar a su puerta en 2010. De momento, compensa la orfandad ibérica con las lanzas de Galp y EDP y nutre la producción de apellidos brasileños en una quincena de países africanos con destino al mercado europeo.

Lula había buscado hasta ahora en Barack Obama el milagro para su revolución del etanol, el que George Bush le negó y la UE le cada vez más. Le prometió vehículos de flex-fuel brasileños y ser su introductor de embajadores ante Cuba, Venezuela, e incluso Argentina a cambio de compromisos ‘verdes’. Pero los Clinton, en persona y a domicilio -en plena Cumbre del Etanol de Sao Paulo- le han pedido la ‘carga de la prueba’ de que las huellas de su ‘galope verde’ no destruye la selva y le han recordado que no hay sitio para la rebaja del subsidio de 54 céntimos de dólar por galón de etanol importado de Brasil. El vecino del norte -primer productor mundial- está fascinado por el etanol y los biocombustibles, sobre todo porque ve en ellos una puerta para superar su dependencia del crudo en territorios poco amigos (Oriente Medio, Venezuela, Ecuador y Bolivia). Pero no tanto como para abrir la puerta a las pretensiones de Lula si perjudican a sus productores nacionales. Brasil produce etanol a un costo aproximado de 0,83 dólares por galón, según el BM, mientras que el gasto en EE UU es de 1,09 dólares y en Europa 1,20.  Pero sólo Lula cree que debe ser etanol brasileño a base de caña de azúcar -menos contaminante- antes que el bioetanol de maíz producido en EEUU el que nutra el motor de los ‘sueños verdes’ de Barack Obama. Sólo al gobernador de Florida, Charlie Crist, una isla en medio de un desierto internacional para los intereses de Lula. Su estado, que considera el etanol un asunto de "política estratégica" va a incrementar las importaciones desde tierras cariocas, estudia exigir que el 10% de la gasolina sea etanol y es el único que apoya a Brasilia en la campaña por la reducción del arancel de 0,54 centavos que Estados Unidos impone al etanol brasileño.

LAS BARRERAS DEL COMERCIO GLOBAL

Brasilia se aferra al incremento de sus exportaciones de etanol: 5.160 millones de litros en 2008, un 50% más. Pero la conquista de las economías en desarrollo no va a ser fácil como Brasilia cacareó.  La UE, que produce esencialmente biodiésel, es hoy el principal importador de biodiesel, provisto por Malasia, y de etanol, abastecido por Brasil y Paquistán. Bruselas dispuso el año pasado que para el 2020 el 10% de los combustibles contengan mezclas de origen biológico, en tanto que Estados Unidos se fijó el objetivo de producir 36,000 millones de galones (140,000 millones de litros) de etanol para el 2022, comparado con los 6,500 millones de galones del año pasado, que consumieron una cuarta parte de la cosecha de maíz que hubo en el país. Lula mira a la UE y a su programa recién sellado con Bruselas para la investigación de la segunda generación de biocombustibles y se anima con los euros, con Italia, los Países Bajos y los nórdicos en cabeza, que han acudieron al ´panal de rica miel´ lulista bajo el canto de sirenas de los 1.600 millones de dólares que el BNDES dedicó a financiar el sector sólo entre enero y abril.

Amigos y socios sí. Inversiones a domicilio e investigación para la segunda generación de biocombustibles, también. Se lo recuerda BP, que destinará 1.000 millones de dólares –la mitad de sus inversiones en investigación mundial en biocombustible- a expandir su refinería para crear un macrocentro de producción en Goias  Más que eso, ni con permiso de la OMC. La geometría de Abengoa se lo confirma: ya tiene tres plantas de fabricación de bioetanol en España, una en Lacq (Francia), otra en Rotterdam (Holanda) y cuatro en EE UU. Construye una más en Alemania, otra en Reino Unido y dos en EE UU.Y nada más, de momento. Aún así, Lula hincha a conciencia la burbuja del etanol, por más que se empeñen en explotarla la caída del precio del crudo, los aranceles, las dificultades de suministro, las dudas en el mercado internacional sobre las ventajas de este biocombustible, y los recelos estadounidenses y europeos a comprar con las condiciones ventajosas que Lula quiere.

Le ha tirado los tejos de su hermandad BRIC y la sintonía en la OMC a Hu Jintao, pero China prefiere mirar a sus hidrocarburos. Lula da Silva volvió de su viaje pekinés con 10.000 millones de créditos para Petrobras, pero sin vender ni una sola de las ofertas tecnológicas con las que pretendía poner de largo la producción a dos manos y el gigante asiático le ha dejado claro que no tocará –al menos por ahora- su mercado. Japón sólo quiere investigación a cuatro manos en la segunda generación de biocombustibles. Las siete visitas de Lula en un año dan fe de que Brasil mira de nuevo al continente africano: viste de largo el desembarco que hace dos años entonó a media voz. Benín, Burkina Faso, Cabo Verde, Costa de Marfil, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea Bissau, Liberia, Mali, Níger, Nigeria, Senegal, Sierra Leona y Togo tienen ya en marcha programas de producción de etanol de sello brasileño y padrinazgo británico que Brasilia espera destinar al mercado de la UE. Suecia se ha comprometido a comprar la producción de Ghana durante una década.

Ajeno a esa tormenta exterior para el etanol brasileño, el Ejecutivo sólo tiene ojos para su corona de ‘rey de las renovables -un 46% del consumo energético, frente a la media– y sigue favoreciendo incentivos e invirtiendo en tecnología y promoción del mercado. Lula vuelve la vista a las latitudes cariocas, donde ya el etanol superó a la gasolina en los automóviles y absorbe el 80% de su producción. Posee tierra suficiente para expandirse; voluntad política y necesidad económica como para hacerlo desde un punto de vista estratégico. Y muchos sueños de grandeza. Invertirá unos 25.000 millones de dólares en nuevas plantas de etanol para atender una demanda interna que crecerá –según sus cálculos- en un 150%  en una década, hasta llegar en 2017 a representar cerca del 80% del volumen total de combustibles líquidos consumidos en los vehículos livianos' en tierras cariocas. Pero ni los siete millones de automóviles flex fuel, ni la reciente ley que obliga a pasar del 2 al 3% la mezcla obligatoria de biodiesel con el diesel convencional, ni el etanol de caña de azúcar un 25% a la gasolina consuelan un tablero pensado para depender, en un tercio, del mercado exterior. Menos ahora que ha convertido a Petrobras en el abanderado de su ‘revolución’ verde y fija el horizonte de sus glorias: invertirá -hasta 2013- 2.400 millones de dólares (de los 174.400 de su presupuesto) a expandir el etanol y los biocombustibles.

Los biocombustibles son la única energía renovable que ha experimentado un retroceso global, con una inversión de 16.900 millones de dólares, un 9% menos que el año pasado. Pero en su Plan Nacional, el Palacio de Planalto sigue empeñado en tirar la casa por la ventana y esperar que estadounidenses, italianos, japoneses y holandeses se emborrachen con su ‘samba’. El principal productor de etanol en el planeta buscará tener 409 instalaciones, con una inversión de 14.600 millones de dólares. Una nueva fábrica cada mes. Pero su revolución del etanol se sueña en un entorno de un crecimiento promedio de la economía brasileña del 5% anual en la próxima década, con un precio promedio del petróleo de 85 dólares por barril, y siempre que la flota brasileña de vehículos pase de los actuales 23 millones de unidades hasta 37 millones en 2017. Está previsto que las exportaciones se dupliquen desde los actuales 4.200 millones de litros hasta 8.300 millones de litros en 2017, gracias principalmente a una mayor demanda de Japón que consumirá más de un tercio (3.000 millones de litros) de ese volumen. Una ecuación en a que a Lula le baila ya más de una variable.

Los inversores privados nadan en la cautela, ahora que ven que Eldorado del etanol brasileño tiene fronteras y que, si quiere dar el estirón y nutrir con biocombustibles sus aspiraciones hemisféricas tendrá que ser no sólo sin la ayuda de Washington y Bruselas- con los que contaba como principales mercados- sino de espaldas a ellos y a su pesar. Por ahora, su cocktail no es tan embriagador. La participación extranjera no sobrepasa el 6% de los recursos movilizados en torno a la "revolución del etanol". En 2008, los empresarios reportaron exportaciones por 3.625  millones de litros y un valor de 1.415 millones de dólares, con una  caída de 17 por ciento en la facturación respecto a 2007. No es casual que ETH Bioenergía- la subsidiaria de etanol del gigante petrolero Odebrecht SA- haya anunciado que desacelera sus planes para invertir 2.800 millones de dólares en producción de etanol, en un centro de almacenamiento en EE UU y una nueva planta en El Caribe y dirija sus pasos a la producción, sobre el terreno en Angola. El bajo precio del azúcar en el mercado internacional, la baja demanda para la exportación de etanol derivado de la caña y un nivel altísimo de inversiones hechas con recursos de corto plazo han comenzado a quitarle el oxígeno a los planes de Lula. En Mato Grosso do Sul, de 43 proyectos de instalación de usinas procesadoras de caña hasta 2018, unos 20 sufrieron recortes financieros. Y el sector del etanol y el biodiésel está entre los más afectados por la tocata y fuga de 27.800 millones de dólares de inversiones que en el último momento no desembarcaron en el país.

VECINOS Y COMPETENCIA

Aupado en el atractivo de los precios del etanol y los biocombustibles, Brasil penetró a dos manos en las grietas energéticas de todos sus vecinos, importadores netos de hidrocarburos. Pero la crisis le ha movido el tablero latinoamericano. Sólo los gobiernos del Caribe cruzan los dedos para que el arancel al etanol brasileño siga alimentando sus fortalezas comerciales. Los 24 estados de la región, gracias a las ventajas preferenciales  de 600 millones de dólares de la iniciativa de la Cuenca del Caribe se han convertido en el único atajo del vecino del Sur para hacer llegar el etanol a tierras estadounidenses. Lula da Silva apunta ahora a Centroamérica: será su puente para llegar al mercado estadounidense de espaldas a los muros arancelarios que la administración demócrata no quiere derribar. Ha comenzado a ponerle apellidos públicos a lo que hasta ahora hacía bajo la mesa. El TLC con Washington permite a Costa Rica acceso ilimitado de etanol originario y 31 millones de galones de biocombustible no originario. Una grieta por la que Brasilia ha comenzado esta semana a canjear las promesas de ayudas del Bndes y de cooperación en hidrocarburos.

Ni los esfuerzos por implicar a sus vecinos, ni por  exportar su ‘revolución’ verde han cuajado. Todo lo contrario. Le crece el mercado de sus vecinos, pero también los competidores. Chile y Perú ya han programado cambios en su matriz energética para asegurarse recursos a través de carburantes alternos al petróleo, como el etanol, el gas y recursos renovables no convencionales.  El Gobierno de Colombia -que produce 1,1 millón de litros diarios de etanol a partir de la caña de azúcar, y 170.000 litros de biodiésel a través de la palma africana y es ya el segundo productor de etanol, sólo detrás de Brasil- pretende situarse a la cabeza de los productores de biocombustibles y ha puesto en marcha un agresivo plan para inyectar capital y crear políticas sólidas en el sector agropecuario que le permitan alcanzar una producción del 20% de biocombustible en 2012, producir 900.000 litros diarios de biodiesel para ser el número uno en el mercado de Latinoamérica.

Perú invertirá para este año 200 millones de dólares para fabricar 120.000 galones de biodiésel al día, expandiendo la tierra de siembra a 50.000 hectáreas. En Argentina, las empresas producirán alrededor de tres millones de toneladas anuales de biocombustible en los próximos años, entre ellas la hispano-argentina Repsol YPF, que planea producir 100.000 toneladas anuales para exportar. Y México, donde la producción de bioenergéticos aún se está iniciando, coge sitio. Brasilia juega, in extremis, la baza cubana: los Castro se han comprometido ya a comenzar a trasplantar a la Isla el modelo brasileño.

SIN ALIADOS PARA EL DESEMBARCO ESPAÑOL

Prometía, hace poco más de un año, hacer de Madrid y París las dos plazas fuertes del etanol brasileño en el Viejo Continente. España -líder europeo´ en consumo de bioetanol y el quinto en producción de biodiésel- estaba llamada a ser una alfombra roja con la que despejar la producción y aprovechar las grietas del primer productor y consumidor mundial de biodiésel  ahora que el etanol brasileño sigue en el banquillo de los acusados de la OMC y el FMI que EE UU. Además, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero estaba llamado a ser el ‘introductor de embajadores’ brasileño en el primer semestre de la UE. Petrobras juró incluso que la pretendía Antonio Brufau. Pero Sergio Gabrielli ha reconocido en la Cumbre Mundial del Etanol -la que iba a ser la puesta de largo de alguna nueva instalación de biocombustibles en tierras españolas-, que a los posibles aliados del gigante energético ni está ni se les espera de este lado de los Pirineos.

 Lula se ha quedado sin valedores ibéricos para el biodiésel. El sector ya tiene demasiados padres propios para lo que querría la brasileña. Para empezar  Repsol YPF -que rompió hace ahora un año la sociedad conjunta que tenía con Acciona para desarrollar inversiones de hasta 300 millones de euros en la construcción y desarrollo de hasta seis plantas biodiésel- tiene experiencia y una historia de alianza estratégica con Petrobrás. los sables verdes brasileños lo tienen difícil: ya hay 16 plantas en producción, 30 en construccíón y 26 en proyecto. Los navíos militares para Petrobras serán construidos gracias a un acuerdo con Francia. Y con tecnología gala, el gigante suramericano tendrá su primer submarino atómico.  Pero tampoco el galo jugará en el tablero del biocombustible brasileño. A falta de un arco de triunfo francés o español, a la vista de la competencia y de la sombra de la planta de Calahorra, el mayor productor mundial se cuela por las grietas de las alianzas lusas: sólo Galp se presta a pasear a cuatro manos con Petrobrás la peana del biodiésel por los mercados de la Vieja Europa. Fundarán una empresa para producir 500.000 toneladas por año de biodiésel de segunda generación, la mitad con apellido portugués para distribuirla en Europa.

Lula consuela sus planes con el horizonte del mercado: buscará que su revolución apriete a España, por la puerta de atrás del consumo, o tras el rastro de estaciones de servicios heredadas de Exxon. La necesidad está servida. El consumo de biocarburantes representa aún solamente el 0,44% del mercado nacional de gasolinas y gasóleo para el transporte, muy lejos del objetivo de un 5,75% fijado por la UE para 2010. En base a datos de la Appa, el cumplimiento en materia de biocarburantes requerirá entre 2005 y 2010 una inversión acumulada de al menos 1.500 millones de euros por parte de la industria. Pero los estrategas de Petrobras son los primeros en reconocer que los muros antidumping recién reforzados por la UE y las asfixias del sector nacional -a mitad de las plantas de biodiésel están paradas y las cuatro que existen de bioetanol, al 60% de su capacidad- no son el escenario más cómodo para desembarcos más intensos.

El dumping y la erosión de las importaciones subvencionadas a bajo precio desde los EE UU han copado la mitad del consumo y han lastrado hasta ahora el despegue de los biocombustibles en España –carente de mecanismos legales internos de protección- y nutren las distancias entre la capacidad instalada de biodiésel, que en 2008 fue de más de dos millones de toneladas, y la demanda del mercado local, que no llegó a 600.000 toneladas. Durante 2008, de las 36 plantas con capacidad para producir este biocarburante, dos terceras partes no funcionaron o lo hicieron por debajo del 10% de su capacidad y sólo cuatro plantas produjeron por encima del 50% de sus posibilidades. En conjunto, el sector funcionó al 9% de su capacidad productiva, según la asociación APPA Biocarburantes. Un horizonte que ni la reforma de la ley de la Ley de Hidrocarburos y el desarrollo posterior de la orden desde el 1 de enero de este año (con la obligada la mezcla de un 3,4% durante el presente ejercicio y del 5,83% en el siguiente) ni las medidas antiantidumping y antisubvención aprobadas hace menos de un mes por la Comisión Europea han podido cambiar.

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