edición: 2515 , Lunes, 23 julio 2018
10/02/2010
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Lula se pone la corona energética con Petrobrás a costa de Chávez y PEMEX

Petrobrás es ya la tercera petrolera del mundo por capitalización bursátil, la segunda americana en reservas y por primera vez está cuerpo a cuerpo con PEMEX en ventas y con Pdvsa en producción
Pemex busca una alianza estratégica para explorar el Golfo de México con la brasileña, que ya tiene a mano 26 bloques y reconoce que Repsol puede ser la bisagra de sus intenciones
Hugo Chávez y Luiz Inácio Lula da silva
Ana Zarzuela

Se miden las fuerzas y las geografías. No hace ni cinco años, las tres grandes petroleras paraestatales se repartían los galones, los proyectos y el mapa americano de la mayoría de las reservas de hidrocarburos del continente. Hoy, sólo el ranking por reservas favorece aún a Petróleos de Venezuela y deja a la brasileña en segundo lugar, por delante de Petróleos de México; pero Petrobrás le pisa los talones de la producción a PEMEX y, según los analistas independientes, hace meses que bordea la producción real de Pdvsa -no más de 2,3 millones de bdp- lejos de los 3,7 oficiales.  Las zozobras de Pdvsa y las líneas rojas del gigante estatal azteca le despejan a la brasileña por primera vez la corona de la tercera petrolera del mundo en capitalización bursátil, la primera del continente.  Las esperanzas del oro negro venezolano, las del Orinoco, casi no tienen quien las compre. Los ingresos petroleros de Petróleos de Venezuela han caído un 50%, Pdvsa ha reducido su producción en un millón de barriles y tiene 18.000 millones de dólares de deuda exterior y otros 10.000 con proveedores y contratistas. Lula lo sabe y quiere hacerse con la bandera de esa integración y con el botín del ‘oro negro’, ahora que los analistas descuentan que el sector brasileño crecerá un 19% en sólo un año. Se pone la corona de la energía regional, le roba a Venezuela los favores de EE UU y los mapas de la diplomacia al sur del Río Grande. Petrobrás no sólo dobla ya en capitalización bursátil a Pdvsa, sino que con cada golpe de repudio a los bolivarianos le da cuerda a sus planes para hacer de su gigante uno de los cinco primeros exportadores del mundo y duplicar su producción en menos de una década.

La sentencia de muerte de Brasilia al gasoducto del Sur y a los 25.000 millones de dólares de su inversión es la puntilla a la geopolítica de su petrorreino en la región. A Chávez, el Palacio de Planalto le amarga la refinería de Abreu en Lima y el interés por el oro del Orinoco. Hasta Uruguay recibirá más que Venezuela del pastel de 174.400 millones de dólares de inversiones de Petrobras hasta 2013. Los de Gabrielli se conforman con suplir las zozobras de Petróleos de Venezuela a domicilio: sólo los combustibles brasileños han podido permitir a Pdvsa en el último trimestre completar sus inventarios y compensar las paradas en las plantas venezolanas.

Las expectativas de PEMEX se moderan, como su exportación -1.220 millones de bpd en diciembre frente a 1.434 un mes antes- producción -en 2,55 millones de bpd frente a los 2,6 de 2008- y sus reservas. Cantarell va en declive  y en Chiconpetec a pesar de la inversión de 4.000 millones de dólares el que estaba llamado a ser su motor para recuperar la producción ha caído del 75% en 2007 al 42% en 2009,  31.000 barriles diarios, lo suficientemente lejos de la meta de 226.000 como para que México se plantee reformar de nuevo un proyecto que representa el 39% de su reserva total de hidrocarburos y lanzar un nuevo sistema de licitación desde el próximo semestre para Petróleos de México. Y es que ni Pdvsa ni PEMEX se ven en los espejos de Petrobras. Sólo comparten la piel paraestatal y las expectativas de sus gigantes energéticos.

Pero Lula ha seguido el camino inverso: a diferencia de la mexicana, incrementó no sólo sus reservas -hasta más de 100.000 millones de barriles en los descubrimientos presal-, sino su producción -hasta más de dos millones de barriles- la capacidad de refino -1,9 millones- y, con un 57% de sus acciones ya en manos de inversores privados, abrió las puertas a la inversión extranjera en la industria local (sólo las explotaciones de aguas profundas compartirán la mayoría de la propiedad con la nueva empresa pública Presal) y ha conseguido driblar su propia trayectoria y convertirse en productor y exportador de crudo. Mucho más de lo que Pdvsa- con sus 590.000 millones de barriles de reservas de crudo- puede decir.

La corona de Petrobras no puede opacar algunos desconchones de la mirada de los analistas y los inversores. Ni las promesas de capitalización pública para explotar la capa de presal, ni los planes para invertir 174.000 millones de dólares hasta 2013, ni los esfuerzos de la ministra Rousseff para que los bancos privados dejen a Petrobras tocar algo de los 75.000 millones de dólares que el Estado les inyectó opacan sus grietas. Pero ahora que Lula da Silva y el presidente de Petrobras, Sergio Gabrielli se entregan a los nuevos cielos de Guará y a sus posibles 4.000 millones de barriles de crudo adicionales, por primera vez, el Palacio de Planalto acaricia el autoabastecimiento en hidrocarburos y no esconde que, tras él, peleará por un sitio en la batalla de los grandes productores y exportadores.  La paraestatal brasileña no le hace ascos a la posibilidad de hacerse con Galp, desde finales de 2009 hace saber que tantea sus negociaciones.

REPUDIO BOLIVARIANO

Bailaron la danza más apretada con la diplomacia por bandera. Lula y Chávez se dejaron ‘tocar' entre sí las joyas de la corona mediante la constitución de dos empresas mixtas entre la brasileña Petrobras y Pdvsa, pero ahora enseñan el puño que mantenían a la espalda, el abrazo se torna forcejeo y quiebra la alianza estratégica. El brasileño se entrega a la propia samba de su hegemonía y su autosuficiencia, al son de los crujidos del petroreino chavista, del gas boliviano y de las grietas energéticas de sus vecinos. Sólo la devaluación del bolívar permitirá a Petróleos de Venezuela reducir su deuda en moneda nacional, incrementar su aporte fiscal al Estado y renovar el convenio laboral vencido desde hace un año.

El músculo petrolero del gigante energético de Hugo Chávez flaquea, la capacidad de producción  está lesionada y, sin inyecciones de capital exterior, el impulso del buque insignia de la estrategia energética venezolana no mejora. Ha multiplicado por siete sus pasivos en res años y ha bajado su nivel de producción. En el último año, abarrotada de compromisos de inversión propios y ajenos -el proceso la adquisición de las empresas eléctricas- y con un flujo de caja ajustado, Pdvsa recurrió al financiamiento externo y contrajo más de 13.000 millones de dólares en deuda nueva en un solo año. Esto elevó la relación entre su deuda y patrimonio de un 9 a casi un 30%. Hasta el ministro Ali Rodríguez reconocía al cierre del año que los ingresos petroleros habían caído un 50%, Petróleos de Venezuela ha reducido su producción en un millón de barriles, arrastra el lastre de 100.000 empleados -casi el triple que hace ocho años- y tiene 18.000 millones de dólares de deuda exterior y otros 10.000 con proveedores y contratistas a los que ha empezado a fagocitar por la vía de la nacionalización. La industria petrolera tiene pendiente por cancelar en Impuesto Sobre la Renta (ISLR) 2.000 millones de dólares.

Miraflores se mira al ombligo de las sextas reservas de petróleo y las octavas de gas del mundo. Pero el brasileño es el primero en comprobar que, por mucho que Chávez lo arrope, el ajuar de Pdvsa y los presentes del bolivariano están más que roídos para su alianza energética. Le da la espalda a su ‘oro negro’, ahora ya sin recelos. Petrobrás encabeza la lista de las grandes petroleras que prometieron acudir al calor de los 513.000 millones de barriles de reservas de la licitación de la Faja del Orinoco -la primera gran licitación en una década en Venezuela- y no lo han hecho. Le dice adiós a la llave con la que Chávez confía desde hace tres años en agregar 1,2 millones de bdp de crudo a su producción, sólo así, según sus cálculos, podrá llegar a 4,5 barriles por día en 2015. Nada que no haya entonado ya Lula da Silva ante el Palacio de Miraflores con los demás proyectos comunes.

El mapa del oro negro de Brasilia le rompe la diplomacia energética y las bitácoras de su imperialismo ‘bolivariano’. En el Palacio de Planalto y los despachos de Gabrielli han preferido inyectar 22.000 millones de dólares a Petrobrás para poner de largo desde este trimestre su refinería de Maranhao, la mayor del continente y la quinta del mundo -llamada a procesar 300.000 barriles diarios desde 2013- y amasar la calma de la Abreu y Lima, la que Chávez planifica desde 2005 con Lula. Ya tiene once en funcionamiento en Brasil, cuatro fuera del país y cinco en construcción y, ahora que el tribunal de cuentas le pasa la lupa a algunas de las inversiones de la PAC y ralentiza sus cronómetros, no será Brasilia la que tenga prisas.

En 2005 establecieron un acuerdo para construir la refinería de Abreu e Lima, pero en 2007 Brasil comenzó las obras -ya hay un 15% en pie- y ya ha constituido la empresa mixta que la gestionará sin que hasta ahora el Gobierno de Lula haya visto de Caracas ninguno de los casi 2.000 millones de dólares que debía aportar. El Palacio de Miraflores se aferra a las diferencias y enarbola la urgencia de cobrar a precios por encima del mercado el petróleo que aportará para su refino. Bautiza su orfandad sobre Abreu -y sus 200.000 barriles diarios desde 2011- que se engendra ya a solas con los reales cariocas.

Los avances en el proyecto amazónico de Petrobras -transportará desde este año 5,5 millones de metros cúbicos por día del combustible, para generar unos 760 megavatios (MW) de electricidad- adelantan por la derecha al Gasoducto del Sur de Chávez, que sigue huérfano de realismo, financiación y socios. Brasilia tiende ya los lazos de la inversión con Uruguay (donde Petrobras está precalificada para el despegue de la plataforma marina) y Argentina -que será el destino del 16% de sus inversiones- allá donde Pdvsa no alcanza. Y ni siquiera Rusia, que coquetea con una sucursal de la Guerra Fría en tierras bolivarianas y anuncia desde hace meses un Banco ruso-venezolano ha conseguido que Gazprom o Lukoil, con su promesa de 3.000 millones para invertir en la Faja del Orinoco vayan hasta ahora mucho más lejos de las buenas palabras y los entretenimientos militares a cuatro manos. Todo lo contrario: Gazprom ayudará a la petrolera brasileña Petrobras a construir un gasoducto para distribuir por el país el gas que se extraiga en las aguas de Santos Basin, una zona situada en el sudeste de Brasil en la que los estudios geológicos definen unas reservas capaces de proporcionar 30 millones de metros cúbicos diarios, (seis más que los 24 que en la actualidad Bolivia vende a Brasil y que suponen la mitad del consumo diario del país que preside Lula da Silva.

Lo sabe Repsol YPF. No es la recién firmada carta de intenciones con Petrobrás y BG para la plataforma de producción y carga de Guará la única evidencia de que en tierras cariocas, con menos competencia en la región, las vitaminas de la diversificación de YPF y un músculo que promete invertir 32.000 millones hasta 2012, Repsol estaba llamada a beber en la fiebre del oro negro brasileño. Repsol juega su ajedrez global con los alfiles brasileños. Sobre el papel, podría comer del oasis de sus reservas sin cargar con las cruces de sus expectativas financieras, sin los pies en el lodo de la inflación brasileña y fuera del tiesto de la zozobra política. Como segunda petrolera en el país, sería uno de los llamados si Lula decide dar participación a las multinacionales en una nueva empresa bajo batuta estatal que explote las nuevas reservas. Repsol YPF es ya es la segunda de Brasil por dominio minero exploratorio fuera de la costa, sólo superada por Petrobras, en las cuencas de Santos, Campos y Espíritu Santo y participa en 23 bloques, 11 de ellos como operadora. Con el inicio de su campaña de perforación en la Cuenca de Santos, Brufau arrima el ascua a la sardina de Gabrielli. Las dimensiones del pozo Iara, en el norte del megayacimiento de Tupí y la interconexión en la cuenca, que los analistas dan por descontada,  no hacen más que alentar las expectativas de la española, que acaba de iniciar la campaña de exploración en pozos de Santos.

HEGEMONÍA REGIONAL

Petróleos de Venezuela se aferra a China, Rusia y Vietnam: necesita pasar en 2013 de los 4,9 millones de barriles diarios desde los menos de 3 actuales -2,3 según los ex directivos de la petrolera-. Reedita los acuerdos mil veces firmados con Ecuador. Escenifica de nuevo la génesis de la refinería de Manabí. Acaba de dar a luz otra alianza estratégica con Petroecuador para explotar un campo en la selva de la Amazonía con reservas por unos 1 000 millones de barriles y busca ya fórmulas para resucitar las refinerías de Nicaragua y Bolivia. Mantiene en papel mojado aún su integración más a fondo con República Dominicana e incluso la construcción de nuevas instalaciones en Cuba ha quedado en la práctica en el limbo, a la espera de nuevos estudios de factibilidad. Pero a Chávez no le reluce el oro del Orinoco y, de espaldas a Brasil, no tendrá ni el calor de las inversiones ni el gas suficiente para sacar del congelador el gasoducto del sur. Venezuela cuenta con reservas de gas por el orden de los 150 trillones de pies cúbicos, pero están asociadas al petróleo en un 85% y sólo las importaciones podrán compensar su déficit de 1.500 pies cúbicos de gas por día, aunque esperaba producir 1.500 millones de pies cúbicos diarios.

Amparado por la envergadura de la mayor economía al sur del Río Grande y enfrascado en la carrera para hacerse con la hegemonía regional a dos bandas -la comercial y la militar-, el mandatario brasileño le saca brillo a la petrolera y trata de pescar en el ajedrez de las miserias latinoamericanas. Hace apenas un lustro, cuando Chávez comenzó a hacer ondear ante sus vecinos el poderío de su bandera petrolera y el supuesto músculo de su reino con pretensiones de autarquía petrolera, desde Caracas a Brasilia se daba por descontado que América del Sur es una región privilegiada que puede autoabastecerse energéticamente, con México, Bolivia y Venezuela como los grandes productores de hidrocarburos y Brasil y Argentina como grandes consumidores. Hoy el paradigma se ha evaporado.

Brasilia y los planes de Gabriellli confían en el mapa del poderío energético regional: por primera vez, como advierte Latin Bussiness Chronicle, Petrobrás sustituye a PEMEX en volumen de ventas. Empiezan a descolocarse los rankings que en el primer trimestre de 2009 dejaban a México al frente de la producción de petróleo de América Latina con 2,72 millones de barriles por día, seguido por Venezuela, con 2,35 millones de barriles diarios y Brasil con 1,88 millones de barriles por día. Petrobras ha superado los 2,4 millones de barriles por día puntualmente y confía en hacer crónico ese suelo –o al menos el de 2 millones- a medida que incorpore, en los próximos meses, cuatro nuevas plataformas, entre ellas la llamada a poner en funcionamiento la extracción en el campo de Tupí.  Lo suficiente, además, como para que Lula da Silva acompañe la rebaja de las inversiones de Petrobras en Bolivia con la promesa de que, en breve, se zafará la dependencia con la Paz, un lazo que estrecha en el cuello de Brasilia el 50% del gas y el 60% del que bebe el corazón industrial de Sao Paulo. La compañía deja en la carpeta el proyecto de construir una tercera terminal de gas natural licuado (GNL) hacia el 2014 en tierras bolivianas; consiente con un nuevo contrato de servicios en Ecuador y mete al congelador los 500 millones de deuda de Quito, se conforma con sostener la producción en Bolivia. Y pone en cuarentena parte de sus proyectos con Caracas.

Paradojas de su laberinto energético, Chávez se puede convertir, sin querer, en el mejor aliado de la política de autonomía energética de Barack Obama: de los 200.000 bpd del recorte acordado por la OPEP para Venezuela que asume Pdvsa EE UU sentirá el tijeretazo de casi 166.000. Lo del suministro petrolero a su primer consumidor será otra cosa. Y ya desde finales de 2008 comenzó la disminución de las exportaciones a Norteamérica (12,4%) y Europa (15%). Por más que se empeñe el ex ministro Rodrigo Cabezas, Washington ya ha comenzado a encontrar sustitutos para el crudo venezolano: Petrobras tiene planes de ampliar sus inversiones en esa nación. Alrededor de 354.000 barriles de petróleo por día procedentes de Brasil han reemplazado en 2009 parte de los 500.000 barriles diarios que Venezuela ha dejado de exportar a Estados Unidos en los últimos meses.

Brasilia pasea sus anzuelos por todo el mundo y ondea la bandera de las joint ventures con quien se presente. Lo hizo por toda Europa y repitió el canto de sirenas en tierras de Barack Obama. En los últimos diez años adquirió importantes concesiones en los yacimientos de Camisea en el Perú, compró la empresa argentina Pérez Compaq (Pecom) en 1.124 millones de dólares, con esta compra tomó el control del 15% del mercado argentino de combustibles y del 10% de los lubricantes con la compra de la petrolera Santa Fe Petrobras ya es la segunda compañía en volúmenes de producción en la Argentina; también adquirió los activos de la Royal Ducht Shell en Colombia, Paraguay y Uruguay con vistas a extender a esos países la red de comercialización de sus productos. Pdvsa ha engendrado una empresa mixta para la explotación y mejoramiento de crudos en el Orinoco con Petrovietnam, para extraer 200.000 barriles del bloque Junín 2 y enviarlos al país asiático.  Y promete producir con China un millón de barriles desde 2015 y bautizar su alianza con una nueva refinería. Poco más. Pero la alianza de Pekín reserva sólo la mirada de soslayo para Caracas y le hace ojitos a Brasilia: Petrobras seguirá siendo su mayor proveedor en la región y mueve sus peones en Asia con un plan de 16.000 millones de inversión para los próximos cinco años. ha aprovechado las buenas relaciones de los gobiernos brasileños con las naciones lusoparlantes del África para obtener contratos y concesiones petroleras en Angola, Mozambique, Guinea Bissau y Cabo Verde, además de las anglo y francoparlantes Nigeria, Níger, Malí, Senegal, Togo y Tanzania. Dimitri Medvedev y Gazprom lo saben: si Petrobras y su paso atrás dejaron este trimestre más sitio a los alfiles de Brufau en Cuba, México y Brasil, ahora Moscú desembarca por las grietas de Lula: no es casualidad que la nueva sede de Gazprom para el continente acabe de abrir sus puertas en Brasilia; ni que por primera vez sellara acuerdos de prospección con la rusa. Las puertas entreabiertas de la colaboración con Pemex son la siguiente parada.

PETROBRÁS PESCA EN LAS DEBILIDADES DE PEMEX

A Petróleos de México le adelantan todos los relojes: Ni la inversión de 5.000 millones de pesos en PEMEX y los primeros amagos de la reforma energética de 2008 -que ya permitía contratos con incentivos han impedido una producción en retroceso en un 6,8% a lo largo del año pasado un 25% menos que en 2004. Cerró 2009 en rojos, con un saldo negativo de 75.000 millones de dólares que hacen de la empresa más fuerte del país, responsable del 40% de los ingresos del Estado, una de las más endeudadas del continente. Las pretensiones de hacer de Chicontepec la fuente de 700.000 barriles diarios pasan por la perforación de 15.000 pozos en 15 años- cuando hasta ahora el techo era 675 por año- y el antecedente de Halliburton -que tuvo hasta ahora la concesión- marca las líneas rojas de sus expectativas. No es Halliburton la única que le advierte que necesitaría inversiones de 16.000 millones de dólares anuales para ponerse al día con la perforación de pozos. Los cronómetros ajenos le palpitan al son de la batalla por el crudo del Golfo, que Cuba y EE UU han empezado ya. Si Pemex no sacude pronto sus aguas, lo harán por ella, sobre todo en la franja transfronteriza del Campo de  Perdido.

A la vista del declive de Cantarell -un 38% en el último semestre- y del suelo de su producción nacional PEMEX intenta acelerar el paso de sus ambiciones con la promesa de inversión de 16.899 millones de dólares en un año y la producción de 2,7 millones de barriles de crudo: nadie se atreve a ponerle fecha al retorno a los 3,4 millones de bpd que producía en 2004. Será sólo si consigue incorporar nuevos campos. Sus esperanzas operativas miran al Golfo de México y sus nuevos pozos; las de la financiación, al vecino del Norte y el mercado internacional, en el que espera refinanciar más de 10.500 millones de dólares en un año; las estratégicas sólo tienen ojos para Perdido. PEMEX se ocupa hoy de ocho pozos en aguas profundas del Golfo, pero no serán productivos al menos hasta 2012. El caramelo de las concesiones de Petróleos de México amarga aún a las grandes petroleras, que sólo tienen ojos para otras latitudes del Golfo, en las que sumar además reservas y se conforman con la repesca de los servicios y la venta de equipos al gigante mexicano, un mercado de 30.000 millones de dólares. PEMEX juega sus dados en el espejo de sus vecinas del norte y en las expectativas de los aliados cubanos. Pero el cristal le devuelve la imagen de las impotencias de su ‘hidalgo añejo’ petrolero. Sus dedos no tocarán el crudo antes de 2015 en el campo de Perdido, el que el presidente Calderón hizo ondear como enseña del orgullo patrio y como justificación para la reforma energética.

El Palacio de los Pinos no quiere perder el paso con Shell y Stone Energy, que esperan completar el proyecto de Perdido en el Golfo de México en 2010 -concesionarias de los campos Trident y Hammerhead del lado estadounidense y que forman parte de la misma estructura que México comparte en esa región limítrofe-. Y de Chevron, que obtendrá desde este mismo año más de 130.000 barriles diarios. Por eso la mexicana mira a la piel de Petrobrás y a su experiencia en latitudes cariocas en la capa presal. PEMEX comparte la ‘maldición’ de las paraestatales americanas con Petrobrás. La de las reservas inalcanzables en el fondo del mar y la de la caza de inversores. La buena noticia es que hay petróleo; la mala es que la mayoría está a más de 9.000 metros de profundidad. Pero si para la carioca todos los caminos conducen a las arcas privadas, para los aztecas, el único horizonte ha seguido mirando hasta ahora al Palacio de los Pinos. Y al hidalgo añejo de los petróleos aztecas le ahoga la bandera de la ‘mexicanidad’, que sigue cargando a sus espaldas con el 40% del PIB, las olas del sector y el efecto cambiario de una empresa que opera en divisas anclan a PEMEX sobre todo en las aguas profundas. A pesar del bajón de 2009, PEMEX había vendido en 2008 un 22% más a EE UU que en 2007 y busca colarse por las grietas del crudo venezolano para recuperar- con permiso de Petrobras- sus galones de segundo exportador tras Canadá.

Le pisa ya los talones a la cooperación con la paraestatal brasileña, desde hace seis meses la ministra Georgina Kessel se lo hace saber al gobierno de Lula. PEMEX sólo tiene experiencia en producción de crudo en México y prepara ya nuevos modelos de contratos. Petrobrás no esperará por su llave para zambullirse en las aguas del Golfo: acaba de hacerse, de manos de la estadounidense Devon Energy con la concesión de 22 campos en el Golfo de México. En los últimos tres años ha resultado favorecida en las licitaciones de 26 bloques geológicos en aguas profundas y ultraprofundas estadounidenses en el Golfo de México y en 2009 resultó la empresa seleccionada por el gobierno cubano a través de su estatal del petróleo, Cupet, para explorar y explotar yacimientos off shore en aguas profundas en Hoya de la Dona, en la zona económica exclusiva de la isla caribeña en el Golfo de México. En la Secretaría de Estado de Energía no se descarta que sea YPF el puente entre Brasilia y México DF. Antoni Brufau está en condiciones de hacer valer su buena sintonía con el director de Petróleos de México (PEMEX), con el secretario de la Gobernación, Juan Camilo Mouriño y con el propio presidente Felipe Calderón, que, mucho antes de llegar al Palacio de los Pinos, cuando llevaba las riendas de la Secretaría de Estado de Energía, no dudó en estrechar los lazos comerciales con Repsol y asignarle contratos con Petróleos de México en 2003, una sintonía que ha permitido consumar la firma de un contrato con la Comisión Federal de Electricidad para la compra a Repsol de gas por 26.000 millones de dólares -el que la española transporta desde los yacimientos peruanos de Camisea-, que le aportará beneficios de 18.000 millones de dólares. A las filas de Repsol la reforma de Petróleos de México les permite, en teoría, amortizar sus ganas de seguir en la región, la experiencia en aguas profundas, su presencia en el Golfo de México, su fortaleza en refinerías internacionales y el lazo accionarial y de operación con la mexicana.

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