edición: 2284 , Viernes, 18 agosto 2017
17/06/2009
Su discurso hace trizas el mensaje optimista del Gobierno

MAFO juega (de nuevo) con fuego

20.000 millones separan el gasto público de Ordóñez y Salgado

J.J. González
Es posible que la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, haya dado prioridad en sus asuntos a la atenta lectura de las 7.300 palabras que en doce páginas de discurso entregó ayer el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, a su Consejo de Gobierno. Incluso, es previsible que ya se hayan cruzado comentarios entre vicepresidentes y presidente del Gobierno, a propósito del citado discurso y que tras las primeras deliberaciones haya surgido, entre todos y de común acuerdo, redoblar la condición de enemigo al supervisor de Cibeles, declarado como tal hace unos meses por discrepancias sobre el superávit en las cuentas de la seguridad social y consecuente reforma del sistema de pensiones, un asunto que para la vicepresidenta primera De la Vega es “alarmar sin fundamento”.

Si el disenso del Banco de España con el Gobierno en ese asunto producía una ruptura en el mensaje oficial del Ejecutivo y la “irritación contenida” del presidente por la "salida" del gobernador, en esta ocasión la gravedad sube algún grado más, ya que viene a cuestionar abiertamente la política económica del Gobierno, mediante un lance que va más allá del ejercicio de la independencia funcional del gobernador. Un editorialista francés se extraña de las críticas que públicamente expresó Zapatero a propósito de las "ideas neoconservadoras" del supervisor, así como de la sensación recogida en la prensa española donde se daba por hecho que el gobernador se había pasado a la oposición y en este caso, también, varios pueblos.

En el discurso de Miguel Fernández Ordóñez –en el discurso, no se sabe por qué, se omite el Ángel- al Consejo de Gobierno del banco, el arma del "delito" que renueva el clima de tensión entre las dos altas instituciones, es la cuantía del déficit público y el consiguiente desequilibrio fiscal –en torno al 10% del PIB y del 60% también del PIB en el caso de la deuda pública- todo ello por encima del Pacto de Estabilidad de la UE. Las previsiones del Banco de España son diferentes a las revisadas recientemente por el Consejo de Ministros, que fijó un desequilibrio en las cuentas, notablemente inferior al que prevén los análisis del supervisor, con una diferencia entre ambos de unos 20.000 millones de euros en el gasto público.

Esta es la primera preocupación del Banco respecto a la voraz actividad del Ejecutivo en el capítulo de gastos, y para ello propone que “debe evitarse” la expansión sin control del gasto público, una situación que encarecería las emisiones del Tesoro Público, haciéndolas insostenibles a largo plazo y corriendo el peligro de anular algunas de las medidas aprobadas por el Gobierno recientemente. Además, se subraya en el discurso, la necesidad de impedir que el endeudamiento del sector público sea un obstáculo para el momento en el que mejoren las condiciones de la economía española. Lo que le viene a proponer Ordóñez a Salgado es que no sacrifique ni hipoteque el futuro de las cuentas públicas en aras a una errónea opción política de corto plazo, que es lo que desea el Gobierno. En este punto es donde el gobernador aprovecha para lanzarle al Ejecutivo una puya que a buen seguro encontrará respuesta en breve: “resulta prioritaria la definición de una estrategia creíble que contemple la reducción del déficit hacia niveles compatibles con la estabilidad presupuestaria”.

Viene a decir Ordóñez que el Ejecutivo tiene las cuentas ‘hechas unos zorros’ y, lo que es peor aún, que en esta materia todo es susceptible de empeorar y su juicio choca frontalmente con la idea del Gobierno de que todo lo que sucede en la economía española es pasajero y global. “No creo que el proceso de desapalancamiento del sector financiero en España se deba considerar como algo transitorio”, apunta Ordóñez.

El fiel servidor del Estado, guardián intransigente de la ortodoxia bancaria en este proceloso mar de las cuentas españolas, se distancia voluntariamente y cada día más si cabe de las ideas anticrisis del Gobierno socialista, curiosamente mediante este último discurso, del que los expertos aseguran ha rebajado el tono y calculado la moderación, como demuestra el haber introducido elementos de esperanza y, sobre todo, haber omitido por discreción –que no por olvido- recetas y consejos para la reforma del mercado laboral, y mucho menos, mentar un asunto de bronca permanente como las pensiones. Tampoco hay referencias directas, pero sí indirectas, a la ausencia de premura en el asunto del Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria, el cual, a juicio del gobernador, ya debería estar funcionando desde hace unos meses. No cae el supervisor –o hace que no cae- en que han mediado unas elecciones autonómicas y europeas, pero recuerda que los resultados de las entidades financieras españolas no van a andar sobrados de presión en los próximos meses, “con márgenes operativos a la baja”.

La propuesta en cuestión, de no mediar la ley 13/1994 de Autonomía del Banco de España, ya habría dado a estas horas con los huesos del gobernador en un destino administrativo alejado de Cibeles, pero que merced a dicha ley se quedará en una segunda irritación contenida –y compartida- del presidente del Gobierno. Con ley o sin ella, en muchos estamentos existen dudas sobre si llegará ‘vivo’ a 2012, fecha en la expira el mandato para el que fue nombrado por José Luís Rodríguez Zapatero.

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