edición: 2511 , Martes, 17 julio 2018
24/12/2008

Mantener la inflación puede no ser tan descabellado

Con una tasa del 5-7%, la corrección del sector inmobiliario se terminaría en dos o tres meses
Se alejaría el fantasma de la ‘enfermendad del diablo’, la deflación
Subidas como las de Renfe pueden ayudar a mantener más elevada la inflación
Juan José González

Cuando todavía se desconoce el coste real que para el contribuyente tendrán los excesos financieros de la intervención del Tesoro en los asuntos de nuestra crisis financiera, a los economistas considerados más lúcidos de este país se les acaba de ocurrir un debate que promete traer cola en los próximos meses. La idea, al más puro estilo de un ‘think tank’, parece contar con destacados defensores, y también con numerosos detractores. Súbitamente, los bancos centrales de todo el mundo, han ordenado ¡avante a toda máquina! -a la de hacer billetes, claro- inundando de papel moneda los mercados o, lo que es lo mismo, para comprar toda la deuda pública emitida y toda la que venga, que se espera en abundancia. Una práctica que antaño se percibía en el mundo académico y económico como un evento o accidente a evitar, como una distorsión de la economía porque era, claramente, una práctica inflacionista. Quién lo iba a decir pero el tiempo ha venido a convertir lo heterodoxo en ortodoxo, algo que se consideraba pernicioso en algo ¿beneficioso? Pues sí, y aquí esta la idea, crear en este momento un poco de inflación –sólo un poco- y mantenerla en los mismos niveles durante un tiempo, puede que no resulte tan nocivo ni descabellado como pudiera parecer a primera vista.

Hace apenas unas semanas, cuando aún no se conocían los integrantes del equipo económico de Barack Obama, le preguntaron a uno de los antiguos profesores del presidente electo de EE UU, en Harvard, si entre las herramientas de economía clásicas al uso se encontraría la que podría sacar al sistema del atolladero, pero manteniendo la inflación controlada. El ex profesor de Obama respondió ¿por qué esa creencia en que la inflación es un mal a evitar? Nadie supo responder.

Dicen nuestros gobernantes que el principal problema que reviste la inflación para la economía es que al Gobierno de turno se le vaya de las manos, se descontrole y desboque hacia los dos dígitos, un percance del que en Japón ya cuentan con manuales de cómo se puede llegar a esa situación en seis meses. La situación de larga recesión de la economía japonesa ha producido en los últimos años ríos de tinta al respecto, con sesudos tratados sobre lo que se hizo y no se debió hacer, y sobre lo que no se hizo y se pudo hacer para evitar una situación que aún hoy perdura. En varios trabajos se contemplaba la producción de “inflación convenida” como una posibilidad que hubiera cambiado sensiblemente la situación económica.

Insisten nuestros gobernantes en que la situación actual es hija de un elevado valor real de las propiedades residenciales, y que el origen de todos los males se encuentra en la desproporcionada dimensión que han alcanzado los activos inmobiliarios. Pues bien, en nuestro Ministerio de Economía y en nuestro Banco de España han llegado a plantear la que llaman “nada despreciable hipótesis de la inflación por conveniencia” para conseguir dos propósitos. El primero, “estabilizar el mercado inmobiliario” toda vez que se cumpla que con una inflación moderada (entre el 5% y el 7%) los precios nominales del sector inmobiliario tendrían un camino más corto que recorrer. Si a tasas de inflación del 3% y del “2,5% en la actualidad, los precios nominales de los pisos deberían corregir entorno a un 18%, con una inflación superior, entre el 5% y el 7%, la corrección del inmobiliario se terminaría en dos o tres meses.

El segundo propósito, de rebote, es que se puede producir un alejamiento de la situación en la que técnicamente acaba de entrar la economía española; la recesión. Y también la deflación, o como dicen ahora en los bancos centrales, la ‘enfermedad del diablo’. Al fin y al cabo, “organizar” un poco de inflación no es demasiado difícil, y en esto sí que hay experiencia y expertos, más que en recesiones.

La disyuntiva para las autoridades económicas supone un órdago a las políticas proteccionistas que están llevando a cabo en Norteamérica, Europa continental, Reino Unido y Asia. Pero no deja de ser una posible solución que en circunstancias como las presentes nadie debe eliminar, entre otras cosas, porque las políticas que nunca han fallado ahora se han demostrado erróneas, o lo que era considerado como dogma de fe, pues parece que ni lo uno ni lo otro.

Y mientras las autoridades resuelven el dilema, el temor a largo es el miedo a corto, en el entendido de que la preocupación que tienen ministros de Economía y gobernadores de bancos centrales es la insolvencia de las entidades financieras, que se espera se ponga aprueba a mediados del próximo año, cuando las cuentas reflejen más de año y medio de negociación y aplazamiento de deudas, y límite para algunos bancos de sus reservas de liquidez. En este punto regresamos a la máquina de hacer dinero, billetes -mucho nos tememos que el dinero ya nunca volverá a ser redondo, sino cuadrado- para que, al igual que el Plan Paulson, respaldando una a una las grandes inyecciones en las entidades en pérdidas, todo para llegar a cubrir el agujero financiero con dinero público.

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