edición: 3050 , Lunes, 21 septiembre 2020
21/06/2011

Marruecos optará en referéndum por su propio camino reformista

Pedro González
Los jóvenes del Movimiento 20-F querían mucho más, por supuesto. También los islamistas del ilegal pero tolerado Justicia y Caridad. E incluso los partidos izquierdistas como Vía Democrática. Exigían todos ellos un radical cambio constitucional, algo que demostrara que Marruecos se incorpora a la ola de revoluciones árabes iniciada en Túnez. No será así. El rey Mohamed VI ha introducido modificaciones que refuerzan el papel del jefe –en adelante, presidente- del Gobierno, que responsabiliza a los partidos del equilibrio político, que mejora sustancialmente la salvaguarda de los derechos humanos y avanza en el reconocimiento de las libertades ciudadanas.

No renuncia empero a sus principales prerrogativas tanto en el campo civil como árbitro supremo de una justicia que se administra en su nombre, como en el religioso, ya que presidirá el Consejo Superior de los Ulemas, y conserva asimismo el derecho a nombrar al titular de la cartera de Defensa, justificado en su papel de comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

Por lo tanto, Marruecos no será todavía una monarquía parlamentaria como la española, ni tampoco como la británica, aunque se asemeje a ésta en que también la reina de Inglaterra es asimismo la jefa de la Iglesia Anglicana, en palabras del propio portavoz del Gobierno marroquí, Khaled Naciri.

A pesar de la decepción que haya supuesto la cortedad de la reforma constitucional para los más exigentes en sus reclamaciones de cambio, el camino emprendido por el monarca alauí intenta modificar el régimen marroquí sin los sobresaltos registrados en Túnez y Egipto ni la deriva en que están sumidos Libia, Siria o Yemen. El país ha experimentado una considerable transformación, que se traduce tanto en sustanciales aumentos de PIB y renta per cápita como en la construcción de grandes infraestructuras, destinadas a articular un país con las grandes ambiciones especificadas en el Estatuto Avanzado concluido con la Unión Europea.

Así lo reconocen en el interior la práctica totalidad del arco parlamentario alauí, y en el exterior la UE y los dos principales mentores europeos de Marruecos, es decir Francia y España. Para todos ellos, la estabilidad del reino alauí es fundamental, y Mohamed VI está demostrando que sabe combinar la imprescindible apertura política con la resistencia a embarcarse en otras vías de resistencia, que serían precisamente las que preconizan otras monarquías, como las que se integran en el Consejo de Cooperación del Golfo (CGC), institución creada en 1981 y que agrupa a Arabia Saudí, Bahréin, EAU, Kuwait y Omán. Hace apenas un mes, el CGC invitó a Marruecos y a Jordania a formar parte del mismo pese a la evidente desconexión geográfica, so pretexto de elaborar una estrategia común, en base al carácter monárquico de tal club, para contrarrestar las revoluciones árabes. La negativa de Rabat a integrarse en semejante alianza no significa que no comparta gran parte de sus intereses y postulados, sino que ello le habría distanciado, quizá de forma irreversible, con un pueblo, que, sin renunciar a su carácter musulmán, tiene una tradición demostrada de tolerancia y de valores cercanos a los que rigen en la Unión Europea.

Partidos políticos e instituciones civiles inician hoy la campaña para el referéndum del próximo 1 de julio. Habrá una mayoría aplastante de voces a favor del sí a la reforma constitucional, a tenor de las declaraciones emitidas por los líderes de las principales formaciones políticas. Sería probablemente un error no conceder también la plataforma de las radios y televisiones públicas –de momento, las únicas existentes- a quienes propugnan el no. Si se les negara su derecho a expresarse libremente podría interpretarse como síntoma de miedo, y en consecuencia deslegitimar en buena parte el presumible y aplastante voto afirmativo de los marroquíes. Estos son sin duda conscientes de los avances registrados en el último decenio. Son precisamente los que les permiten contemplar el futuro con perspectiva de que pueden mejorar. Justo lo contrario de lo que veían los jóvenes de Túnez, Egipto, Libia, Siria o Yemen, que se lanzaron a las calles espoleados por el sentimiento de no tener salidas a sus frustraciones, y por consiguiente jugarse el todo por el todo.

Sería, pues, un síntoma saludable permitir el debate previo al referéndum. Que los acontecimientos externos e internos, especialmente las manifestaciones del 20 de febrero, que dan nombre al movimiento exigente con el cambio constitucional, hayan acelerado la iniciativa reformista de Mohamed VI, no le resta mérito. Pero los partidarios del sí habrán de describir con sólidos argumentos que la reforma de la Ley Fundamental es la mejor vía para los intereses y los ciudadanos del país. Y a éstos entonces, la satisfacción de empezar a sentirse como tales en vez de como meros súbditos.

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