edición: 3102 , Viernes, 4 diciembre 2020
13/01/2009
Observatorio de Coyuntrura

Máxima incertidumbre

Servicio de Estudios de 'la Caixa'.- El año 2009 comienza en un ambiente de pesimismo generalizado, madurado a lo largo de un año 2008 en el que, haciendo buenas las leyes de Murphy, todo lo susceptible de empeorar ha empeorado. ¿Mala suerte? Tiempo habrá de debatir por qué la economía mundial ha llegado hasta aquí. Lo más relevante, en estos momentos, es que el mundo ha pasado por crisis mucho peores y que las lecciones derivadas de estos episodios constituyen un material muy valioso para afrontar la actual. Una subley de Murphy afirma que, si se deja que las cosas evolucionen a su aire, los problemas irán de mal en peor. No es éste el caso actual, puesto que todos los gobiernos afectados han sacado la artillería monetaria y presupuestaria pesada con tal de que a finales de 2009 podamos contemplar el pesimismo actual como una exageración colectiva.

De momento, muy a nuestro pesar, nos hallamos en la estación de las malas noticias. Estados Unidos, la primera economía mundial, está en recesión desde enero de 2008, aunque hasta la primera mitad del año el principal indicador, el producto interior bruto (PIB), había registrado avances. Sin embargo, desde el mes de septiembre los niveles de actividad sufren un intenso deterioro que hace que las previsiones para el cuarto trimestre sean de un descenso muy abrupto del PIB, que probablemente se repetirá en el primer periodo de 2009. ¿Qué está fallando? Indiscutiblemente, el consumo privado, que hasta ahora había sostenido un crecimiento precario, enormemente lastrado por un sector inmobiliario que atraviesa una recesión larga y profunda.

La capitulación del consumidor estadounidense no era difícil de prever si tenemos en cuenta que en los once primeros meses de 2008 se han perdido más de 1,9 millones de empleos y la tasa de paro se ha elevado hasta el 6,7% desde los mínimos del 4,6%. Además, la recesión ha pillado a los hogares con un endeudamiento bruto equivalente a cerca del 100% del PIB y con unos activos financieros y reales que han perdido una parte importante de su valor, en un contexto de endurecimiento de las condiciones crediticias. El lado positivo está en el desplome del precio del petróleo, que ha devuelto a los consumidores una parte del poder adquisitivo perdido pero que no ha conseguido que remonten unos indicadores de confianza que se mueven cerca de los niveles mínimos históricos.

El hundimiento del petróleo y otras materias primas ha tenido un efecto negativo inesperado: despertar temores de deflación. El índice de precios de consumo (IPC) estadounidense de noviembre se situó en el 1,1% en tasa anual, después de haber alcanzado cotas del 5,6% en julio pasado. Si los precios de los hidrocarburos no sufren un tirón alcista, el IPC experimentará retrocesos en tasa interanual dentro de pocos meses. En propiedad, no cabría hablar de deflación si la parte subyacente del índice –la que no incluye precios volátiles como los de la energía o los alimentos– no entra en territorio negativo. Pero el riesgo está ahí y las experiencias recientes de deflación, singularmente la japonesa, obligan a prestar la máxima atención al tema.

Esta combinación de recesión con riesgo de deflación ha obligado a la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, a reaccionar de forma rápida y contundente. Efectivamente, en su reunión del 16 de diciembre el comité monetario dejó el tipo de interés de referencia en un rango de entre 0% y 0,25%, un mínimo que no había alcanzado nunca desde la creación del banco central de Estados Unidos en 1913. Además, la Fed aprovechó su comunicado para dar tres importantes mensajes sobre la futura dirección de su política monetaria. El primero es que utilizará todos los medios a su alcance para que la economía estadounidense retorne a una senda de crecimiento estable. El segundo es que las excepcionales condiciones actuales exigirán el mantenimiento del muy bajo tipo de interés oficial actual durante un largo periodo de tiempo. El tercer mensaje es que durante los próximos trimestres el banco central adquirirá grandes cantidades de deuda de agencias y bonos cuyo colateral sean activos hipotecarios con el fin de apoyar al mercado hipotecario y al sector de la construcción.

El efecto inmediato de esta política ha sido una caída de los tipos de interés en todos los plazos. En el mercado interbancario de Estados Unidos, donde las operaciones a tres meses se cerraban a niveles del 4,8% en octubre, ahora lo hacen al 1,5%. Los inversores están dispuestos a comprar deuda pública con vencimiento a 10 años que les ofrece tan sólo una rentabilidad del 2,1% anual, lejos del máximo anual del 4,3% alcanzado en junio. El recorte del tipo de interés de referencia de la Reserva Federal y la inyección masiva de liquidez han impulsado una fuerte depreciación del dólar en el último mes: un 12% con respecto al euro y un 7,2% contra el yen japonés.

En la eurozona, la situación recesiva parece por el momento menos aguda, pero los datos disponibles del cuarto trimestre señalan que la recesión, lejos de remitir, se está intensificando. En julio-septiembre de 2008, el PIB se contrajo por segundo trimestre consecutivo, entrando, por tanto, en una situación de recesión técnica. Por lo que se refiere a la demanda interna, el componente más afectado es la formación bruta de capital fijo, que tras crecer un 2,6% interanual en el segundo trimestre, apenas alcanzó un avance del 0,9% en los meses de julio a septiembre. El consumo privado, por su parte, aunque registró un crecimiento nulo en el tercer trimestre, venía de un moderado incremento del 0,4% interanual. El sector exterior también se ralentizó apreciablemente. En definitiva, el peor comportamiento exportador e inversor explica en gran medida la entrada en recesión, por un contexto interior y exterior menos dinámico y con el agravante de un tipo de cambio efectivo apreciado.

Ante este panorama, el Banco Central Europeo (BCE) también ha actuado con contundencia. El tipo de interés de referencia ha pasado del 4,25% en julio al 2,50% en diciembre, a la vez que, aunque en menor medida que la Fed, también el BCE ha inyectado masivas dosis de liquidez, reflejadas en el aumento del activo en su balance. De todas formas, el BCE mantiene una postura más ortodoxa que su homólogo norteamericano, ya que, aunque el BCE apoya los planes de gasto fiscal para contrarrestar la severidad de la desaceleración económica, recuerda a los países miembros de la Unión Europea la necesidad de mantener la disciplina fiscal a medio y largo plazo.

El mismo día de diciembre que el BCE recortaba su tipo de interés de referencia, el Banco de Inglaterra rebajaba el suyo propio en 100 puntos básicos hasta el 2%, el más bajo desde 1951, por el fuerte deterioro de la economía británica. Algo parecido ha hecho el Banco de Japón, que mantenía su tipo de referencia en el 0,30%, pero que el 19 de diciembre decidió bajarlo hasta el 0,10% y anunciar que ampliará la compra de deuda pública para inyectar liquidez en la economía nipona.

Todos estos movimientos son reflejo de un progresivo deterioro del entorno económico en las economías avanzadas. ¿Qué sucede en las emergentes? Las livianas expectativas de un desacoplamiento de las mismas respecto a las desarrolladas, que permitiera que los emergentes tiraran de la economía global, se han desvanecido casi totalmente. Así, la economía china, el principal contribuidor al crecimiento global en 2008, muestra cada vez mayores signos de ralentización; aunque el PIB del tercer trimestre creció un 9,0% interanual, los últimos indicadores de oferta y demanda muestran un panorama mucho más deprimido. En general, el freno de los flujos de inversión extranjera directa y el bache del comercio internacional van a pasar su factura, a la vez que la caída del precio de las materias primas va a perjudicar sensiblemente el potencial de crecimiento de los productores.

En España, después de que en el tercer trimestre de 2008 el PIB registrara el primer descenso intertrimestral desde principios de 1993, los indicadores disponibles del cuarto trimestre apuntan a una intensificación de la contracción de la actividad económica. El consumo de los hogares continúa debilitándose, sobre todo en bienes duraderos, debido a unas condiciones de financiación más restrictivas, al aumento del paro y sobre todo por el temor a las perspectivas futuras, que se plasma en un indicador de confianza de los consumidores en la cota mínima histórica.

Tampoco la inversión atraviesa un buen momento, debido a la debilidad tanto de la demanda interior como exterior y a la ralentización de los beneficios empresariales. Desde la vertiente de la oferta, el sector industrial está sufriendo un duro castigo a causa de la caída de la demanda y por los problemas de competitividad acumulados. Pero el epicentro del ajuste sectorial se halla sin duda en la construcción y particularmente en el sector inmobiliario, que experimentó un descenso de las transacciones de viviendas del 27,1% en septiembre con relación al mismo mes del año anterior y una caída interanual del 63,5% en los visados de obra nueva.

La situación recesiva por la que atraviesa la economía cobra su mayor crudeza en el mercado de trabajo. Las cifras de la afiliación a la Seguridad Social de noviembre muestran una intensificación de la destrucción de empleo. Así, en promedio mensual el número de afiliados en alta laboral se situó en 18,72 millones, con un descenso interanual del 3,5%, frente a una bajada del 2,3% en octubre. En promedio mensual se destruyeron 197.087 empleos en noviembre y 671.772 en los últimos doce meses. Como consecuencia, el paro experimenta una escalada que afecta ya a casi 3 millones, según las cifras de parados registrados en las oficinas de empleo en noviembre, un alza interanual del 43%.

En el lado positivo de la balanza están los descensos de la inflación y del desequilibrio exterior. En noviembre continuó desacelerándose el crecimiento del índice de precios de consumo, que ha pasado del 5,3% de julio al 2,4% en noviembre y se espera que en los meses próximos se sitúe por debajo del 2%. En cuanto al déficit por cuenta corriente, cabe señalar la tendencia de mejoría gracias a que las balanzas comercial y de rentas aumentan sus desequilibrios a un ritmo sensiblemente menor al tiempo que el déficit de la cuenta de transferencias ha disminuido y el superávit de servicios ha crecido de forma moderada.

El Gobierno, por su parte, siguiendo las directrices emanadas de la Unión Europea, ha sumado a las medidas ya adoptadas de apoyo al sector financiero el anuncio de un nuevo plan de medidas de estímulo económico que asciende a 8.000 millones de euros para inversiones en el ámbito municipal, además de 3.000 millones de euros para la realización de actuaciones de inmediata ejecución, con destino a I+D+i, al sector automovilístico, medioambiental, construcción de edificios públicos y rehabilitación de vivienda, pequeñas infraestructuras del transporte y actuaciones vinculadas con la prestación de servicios sociales.

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