edición: 2472 , Miércoles, 23 mayo 2018
24/09/2014
LA OREJA DE LARRAZ

Medio millón de personas de entre 45 y 65 años se vieron afectadas por la rotación laboral

Javier Ardalán

En 2013 había cerca de dos millones de parados registrados con edades comprendidas entre los 45 y los 64 años, 800.000 de los cuales llevaban dos años o más buscando empleo. Más de medio millón de personas de estas edades, por otro lado, se vieron afectadas por la rotación laboral, con cuatro contratos de trabajo distintos firmados en ese mismo año, según las conclusiones del informe ‘La situación sociolaboral de las personas de 45 a 64 años de edad’ publicado por el Consejo Económico y Social (CES).

Dentro de estos dos grupos se observan algunos problemas especialmente graves, concentrados entre quienes presentan baja formación y trayectorias laborales asociadas a puestos de baja o media cualificación en actividades que han resultado muy afectadas por la crisis.

Se trata de un grupo muy importante, tanto en la estructura sociodemográfica española (en el último trimestre de 2013 representaba más del 26% de la población) como, más específicamente, en el mercado de trabajo, donde participa relativamente menos, como muestra una tasa de actividad todavía inferior a la de las personas entre 30 y 44 años, y donde, aunque su volumen de ocupación ha aumentado frente al descenso en los otros tramos de edad, se ha multiplicado por 4,5 veces su número de desempleados en la crisis, con una incidencia mucho mayor del paro de larga y muy larga duración.

 El 31% de las personas en paro en el cuarto trimestre de 2013 tenía entre 45 y 64 años de edad, pero si se atiende a quienes llevan dos y más años en paro, el peso de este grupo se eleva a una cifra algo por encima del 39%.

Un análisis más detallado señala que la mayoría de los desempleados de 45 a 64 años de edad tiene menos de 55 años y, por tanto, todavía está lejos de la edad de jubilación. Por otro lado, casi el 70 por 100 de los desempleados mayores de 45 años no tiene niveles educativos más allá de la educación obligatoria.

Además, el tramo de 45 a 64 años tiene probablemente progenitores en edades de 70 a 90 años5. Estos progenitores, como evidencian los datos sobre prevalencia de discapacidades según la edad, presentan una frecuencia global de estas de hasta un 50 por 100 a los 75-79 años (y hasta en tres cuartas partes de los casos en edades más avanzadas)6, lo que da una idea de clara de que las responsabilidades familiares sobre mayores con algún grado de limitación o dependencia son frecuentes en las personas de 45 a 64 años.

Todos estos datos componen un panorama de baja empleabilidad relativa, y acentúan para los mayores de 45 años el riesgo de consolidar un colectivo de desempleados que crece con fuerza en las etapas recesivas y no se reduce en igual medida en las expansivas, permaneciendo una porción en la situación de paro, en la denominada trampa de paro de larga duración; ello configura un tipo de paro crónico con efectos muy nocivos para las personas que permanecen atrapadas en él.

Incluso dentro de estos últimos hay situaciones y necesidades muy diferentes que deben tenerse en cuenta si se quieren atajar estos problemas. Los costes de no hacerlo son claros, e inasumibles para el futuro de nuestra sociedad. De ahí que se requiera una respuesta coordinada, como ocurre en general ante el problema del empleo en España, de todas las políticas públicas, incluyendo desde luego las económicas.

Por lo que se refiere a las políticas de empleo, es claro que estas no cumplen de manera adecuada sus funciones en lo referente a las personas de 45 a 64 años de edad: participan menos de lo que les correspondería en todas y cada una de las medidas de políticas activas, y algunos cambios en la protección por desempleo están teniendo un visible impacto negativo, tanto en su renta actual como en la expectativa de derechos de pensión de los más mayores.

Para superar esta situación es imprescindible contar con varios elementos, que deben tratarse en un amplio proceso en el marco del Sistema Nacional de Empleo, como vía para la participación y la colaboración de todas las administraciones públicas y agentes concernidos, así como, de manera decidida, de los interlocutores sociales.

Entre esos elementos cabe destacar tres. En primer lugar, un buen diagnóstico, que debe partir tanto del estudio detallado de este gran tramo de edades como de una auténtica evaluación de la eficiencia de las actuaciones aplicadas al mismo. En segundo lugar, un ambicioso diseño de políticas de empleo, evaluable en su alcance y eficiencia.

Consideran los especialistas que han elaborado el informe, que es necesario elaborar un plan estratégico, con medidas de choque y prioridades claras a corto y medio plazo. Y en tercer lugar, una dotación suficiente de recursos y medios para la puesta en práctica de esas políticas.
 
Se trata de actuar en una triple dirección, reorientando y mejorando la eficiencia de los recursos financieros, materiales y humanos actualmente disponibles, aprovechando al máximo las oportunidades que ofrece la colaboración público-privada en este terreno y, en su caso, incrementando con fuentes extraordinarias la dotación necesaria para mantener el alcance de estas políticas en un contexto de elevado desempleo.

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