edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
10/12/2008

Medveded vendrá de “compras” a España en 2009

Juan José González

Las diplomacias española y rusa preparan ahora la que será primera visita oficial de Dimitri Medveded a Madrid, confirmada ayer a Miguel Ángel Moratinos por el vicepresidente del Gobierno ruso Alexandre Zhúkov. Éste le dijo a Moratinos que “España ocupa el quinto lugar en las preferencias turísticas de los ciudadanos de Rusia, aunque aspira a figurar en el primero” a lo que nuestro jefe de la diplomacia le contestó que “España tiene voluntad de intensificar la cooperación con Rusia, en especial, en economía, comercio e inversión”. Alguien advirtió a Moratinos tras la presentación que las declaraciones, al igual que las armas -a veces- las carga el diablo.

Así que los rusos vendrán en primavera. Cuando una delegación comercial se presenta con el presidente del Gobierno al frente de la misma, ya no se trata de una visita comercial cualquiera, tampoco para hacer giras gastronómicas o visitar museos. Medveded vendrá a firmar, a ratificar cuestiones con contenido económico y comercial, que supongan intereses, dinero o valor económico, no vendrá para inaugurar la casa rusa en Madrid o el instituto ruso en España. Viene a tiro fijo. Y ante tal poder visitante, el anfitrión deberá tener clara la contrapartida, sobre todo conociendo los intereses de aquel. La contrapartida que le conviene a España, a sus empresas, tiene que ver con la fluidez en los intercambios comerciales, con la facilidad de acceso a los mercados de aquel inmenso país y a su seguridad normativa, control y defensa legal de los intereses económicos españoles. En todo esto consiste la contrapartida a exigir. A cambio, España puede necesitar capital, canales de comunicación e intercambio, en definitiva, mercados, para empresas en sectores en los que ya han mostrado su interés, como son el energético, la distribución, alimentación, logística…

Cuando lleguen los rusos, se espera que ya se hayan resuelto todos los problemas que hoy rodean a la operación de la empresa rusa Lukoil, en su intento por hacerse con una posición accionarial de relevancia en el capital de la española Repsol. Para bien o para mal. En el ministerio de Industria (que también lo es de Turismo y Comercio de España) ven como primera labor inmediata, “homogenizar conceptos” haciendo lo posible porque ambas partes, se comuniquen entendiendo lo mismo. Se refieren en el departamento de Sebastián a que los rusos deben entender por libertad empresarial algo distinto al intervencionismo administrativo; entender también, que liberalizar supone aceptar controles, reglas de juego y garantías legales que conciernen a todos.

Sin embargo, el Gobierno español sigue sin resolver su particular enredo en la madeja energética, pendiente desde el memorable y triste suceso de la eléctrica Endesa. Sigue sin tener resuelta la clarificación estratégica y el modelo de abastecimiento energético que se desea para España. Tras varios años de rodaje, ni el modelo de privatizaciones de empresas públicas parece “rematado”, ni el proceso de liberalización del sistema eléctrico parece responder con eficacia a las demandas del mercado de 2008. Como recuerda una fuente del sector eléctrico “la cuestión energética en este país está anquilosada, como las autonomías en nuestra Constitución”. Viene a decir éste que la solución al problema pasa por una revisión del modelo energético.

A los rusos les resultará fácil comprender -pero más difícil aceptar- que la ley en la Unión Europea obliga a todos, y cuando accede un competidor no miembro, como es el caso, a observar todos los principios legales, de aceptación de controles y aplicación de reglas del juego. Lo mismo que para cada país miembro de la Unión. Según fuentes del sector, esta diferente forma de entender el funcionamiento del libre mercado es uno de los handicaps que tienen hoy por hoy los inversores rusos. Para el Gobierno ruso no hay en la práctica ninguna diferencia entre empresa pública y privada; ambas sirven con fidelidad a una misma estrategia o política de recursos nacional. La entrada de inversores rusos en compañías españolas, caso de que finalmente se produzca en Repsol, será una oportunidad de oro para que el management ruso pueda mostrarle al resto de Europa una nueva forma de actuación y comportamiento en una empresa privada, algo que hasta el momento o no han sabido o no han querido mostrar.

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