edición: 2561 , Martes, 25 septiembre 2018
26/11/2009
Moody´s, UBS, Credit Suisse y ahora el FMI no se creen las cuentas

Mensajes envenenados y ola de desconfianza contra la banca

Las dudas sobre la “limpieza en los balances”, un dardo peligroso contra la credibilidad de los bancos
La chispa que puede hacer saltar por los aires la confianza es mentar la posible reducción del dividendo
Juan José González

A fuerza de repetir que la banca oculta parte de sus pérdidas, es posible que se acabe por creer el mensaje o dudar de quien acusa sin presentar prueba. Credit Suisse, Moody´s, UBS y ahora el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, llevan largo tiempo "trabajando" en esa línea de cuestionar la limpieza de las cuentas bancarias, unos sospechan sobre los balances de las entidades españolas, otros no fijan nacionalidad y dicen que en general. Explican en un lenguaje muy claro, para que llegue incluso a los inversores más pequeños, que no es oro todo lo que reluce en la información bancaria. Dudas y más dudas que son la semilla más adecuada en la siembra de esta nueva ola de desconfianza hacia la banca. Desde aquel “la banca española oculta 30.000 millones de euros en créditos morosos” que acusaba el banco Credit Suisse, hasta los 57.000 millones que la agencia de calificación Moody´s recomendaba reservar a la banca, también española, para “afrontar previsibles pérdidas de 108.000 millones”, se ha podido escuchar de todo. Incluso el banco que más dinero perdió en la crisis, UBS, apuntaba numerosas salvedades sobre las cuentas de los bancos españoles.

El caso es que el mensaje esta logrando calar en una zona peligrosa, en el lugar donde mayor daño se le puede infligir a la banca (bancos y cajas), nada menos que en la confianza del público, ahorradores, empresas e instituciones, deudores y acreedores que se mueven y relacionan con la banca en un juego regulado y reglas aceptadas. Afirmar que los bancos “están aún muy lejos de haber limpiado sus balances” es ir demasiado lejos, casi tanto como cuando el citado banco suizo, UBS, afirmaba con rotundidad que las acciones de los bancos españoles deberían ponerse a la venta. En definitiva, las dudas sobre la solvencia de una entidad financiera equivalen a fumar un cigarrillo en un polvorín o como una bomba de relojería.

Son opiniones en base a, o influenciadas por, la evolución negativa de la economía española, de un marco general con paro, cierres de empresas, ‘eres’, impagos, déficits por los cuatro costados, en suma, nada bueno que en opinión de analistas y representantes de instituciones como el gerente del FMI, contaminan todo lo que hay alrededor, y como no, a la banca. Pero los bancos españoles están exentos, desde el punto de vista del negocio, de ese carácter provinciano y localista que caracteriza a otras entidades del resto de Europa; los españoles son bancos globales en su mayoría, sino fuera así posiblemente se estaría escribiendo sobre la bancarrota.

Ahora resulta que “la crisis esta bajo control, aunque los bancos están todavía muy lejos de haber limpiado sus balances”, luego, es difícil que “se produzca un crecimiento saludable de la economía sin una limpieza completa”, así se las gasta Strauss-Kahn. La afirmación-acusación de que cerca del 50% de las pérdidas de los bancos podrían seguir ocultas, una proporción que es mayor en Europa que en Estados Unidos, no parece ser el mejor de los diagnósticos. Y la oleada de desconfianza que se acerca a la orilla,  termina por convertirse en un tsunami cuando los bancos comienzan a publicar sus resultados con retrocesos en los beneficios trimestrales y de los que alguna firma de las mencionadas considera que los datos que ofrecen “infravaloran sus problemas”.

En ese ambiente de veredictos y mensajes envenenados, la chispa que puede hacer saltar por los aires la confianza del público, accionistas y ahorradores, es mentar la posible reducción del dividendo, medida cautelar que la actualidad y la coyuntura han convertido en moda, planteada en la mayoría de las empresas del Ibex, y que no necesitaría de muchos razonamientos. Al menos eso es lo que pensaron en el mayor banco del mundo, el HSBC, cuando sus asesores financieros les recomendaron reducir a la mitad el dividendo del ejercicio en curso y el siguiente, debido a las colosales sumas de capital que necesita. El del dividendo es también un asunto de confianza que mide la capacidad de las entidades para devolver rentabilidades por el capital, y que es la base sobre la que se sustenta la estabilidad de sus cotizaciones.

"La cuestión es crítica porque aún se puede producir una crisis financiera y la reacción no puede ser la misma”, razón de más y además para que el primer ejecutivo del FMI mida mejor sus palabras, sus mensajes. En realidad, tan indignante son los bonus bancarios como las dudas sobre la limpieza de los balances bancarios, en ambos casos dos buenas causas sobre las que la banca debería movilizarse para mayor gloria de los temores y desconfianzas de los ahorradores.

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