edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
29/09/2010

Mercado cambiario, Brasil toca la alarma

Carlos Schwartz
El ministro de Economía de Brasil, Guido Mantega, ha hecho buena nuestra columna del pasado jueves ‘El tío vivo de las divisas no cesa’ al anunciar que hay una verdadera guerra cambiaria a nivel internacional con el objetivo de obtener ventajas competitivas sobre las otras naciones. La denuncia ministerial ha puesto de relieve que a Brasil los intentos de sofrenar la subida del real frente al dólar de un 25% le están costando del orden de los 50.000 millones de dólares al año en reservas centrales por la intervención en los mercados de cambios.

Cosas del éxito, ahora ha tenido que esterilizar la fuerte entrada de divisas que ha supuesto la exitosa colocación en el mercado de la macro ampliación de capital de Petrobras de unos 70.000 millones de dólares. Mientras Brasil se lleva los titulares de la prensa internacional, la verdad es que sólo unos 35.000 millones son ingresos netos de inversión privada ya que el resto ha sido aportado por el estado, accionista mayoritario de Petrobras.

La denuncia de Mantega tiene por objetivo ir fijando posiciones ante la reunión del G20 de noviembre en Corea del Sur. Pero la cadena de intervenciones en los mercados de cambios con epicentro en Asia ha puesto de relieve que no solo Japón ha estado interviniendo junto a China, sino que también lo ha hecho Corea. Sin embargo la más perjudicada de las naciones del grupo BRIC es sin dudas Brasil. Esto tiene bastante que ver con el aflujo persistente de inversión extranjera al país. El año pasado el gobierno introdujo una tasa del 2% a las inversiones en renta variable en un intento de limitar los flujos de capital especulativo, pero con poco éxito. Por cierto es que en la escuadra de los intervencionistas se debe contabilizar al Banco Nacional de Suiza que cuida las ventas de las principales industrias del país, entre ellas la de armas.

A Repsol la idea de colocar en la bolsa paulista capital de su filial en Brasil le viene brillando en los ojos y mientras la colocación de al menos un 10% más de YPF en Argentina no acaba de cuajar, la meta brasileña se acerca y capta todos los desvelos de la casa en estas semanas. Mientras el real se mantenga en sus altos niveles de cotización la salida a bolsa en Brasil puede suponer un ingreso goloso medido en divisa fuerte como el euro.

No es menos cierto que con un panorama tan volátil como el actual en los mercados de divisas más de uno puede no acertar en el bingo cambiario y las inversiones muy apalancadas en los mercados de divisas pueden ocasionar severas pérdidas a los incautos que creen que no yerran. “Es imposible hacer cualquier previsión seria en las paridades de las divisas por la creciente complejidad de los factores que intervienen en los mercados”, afirma un economista jefe de Endesa.  Al final del recorrido las intervenciones den los mercados que no se esterilizan a posteriori lo que hacen aumentar la circulación lo cual implica una tendencia a la inflación. Esto genera una paradoja. Más liquidez, más circulante, y los bancos centrales tienden a incrementar los tipos de interés para limitar el calentamiento potencial de las economías. A su turno esos tipos de interés atraen nuevos capitales y vuelven a reforzar la moneda. Las salidas a estos círculos viciosos de los desequilibrios en los mercados monetarios suelen ser violentas. Estados Unidos sigue apuntando a China como el principal villano en esa película, pero otros prefieren no señalar con el dedo. Brasil tiene en China a su principal cliente. Un ajuste en China y las ventas de materias primas de la gran estrella del momento se van al garete. Así que chitón. Si algo no hará Brasil es criticar a su principal socio comercial.

Mientras tanto el oro se presenta como la contrapartida de la volatilidad y la incertidumbre que existe en los mercados de cambios. El precio de la onza toca los 1.300 dólares y suscita el recuerdo de los incrementos récord de 1980 con los 850 dólares la onza. El precio de enero de 1980 ajustado por la inflación sería del orden de los 2.000 dólares la onza, aunque esa valoración es bastante disputada. El hecho es que el sistema monetario internacional no logra sustraerse a la presencia del oro que sigue siendo la vara de medir. Los bancos centrales tomaron debida nota de ello de siempre. El Banco Central Europeo emitió un comunicado conjunto de los bancos centrales adheridos el 8 de marzo de 2004 en el cual señalaban que “El oro seguirá siendo uno de los elemento sprincipales de las reservas monetarias internacionales”. Las ventas de oro reguladas por el Central Bank Gold Agreement que se inició en 1999 y se renueva cada cinco años limita las ventas anuales de oro por consenso entre los bancos centrales. Las ventas en el último periodo estaban limitadas a 400 toneladas anuales. Los bancos centrales del sistema europeo han paralizado las ventas de oro en el último año. Para ser más exactos, en el estado financiero consolidado del Eurosistema la cifra de reservas de oro y derechos en oro al 21 de septiembre de 2010 era de 351.948 millones de euros comparado con los 231.913 de igual fecha en 2009. Es decir un incremento de 120.000 millones en un año. Los analistas del mercado internacional del oro descartan que los bancos centrales vayan a vender metal este año lo que dará un soporte más estable al mercado. La subida del oro no es buena señal.

Hay toda una corriente entre los economistas que señalan que al final del camino la intervención en los mercados de cambios es una forma de “quantitative easing” cuando las intervenciones no se esterilizan porque la compra/venta de divisas se financia con emisión monetaria y como se señaló antes esto es inyectar liquidez al sistema. La idea de que esto es bueno tiene por detrás el fantasma inflacionario. Llama la atención de que uno de los economistas que preconizan este punto de vista sea Barry Eichengreen, ya que éste ha dedicado más de una conferencia a explicar que el modelo bueno es el de Japón que en los años posteriores a las crisis del oro de 1980 permitió un incremento del tipo de cambio del yen y logró compatibilizar un yen más fuerte con el continuado crecimiento de las exportaciones ( Los desequilibrios globales y las lecciones de Bretton Woods, The MIT Press 2007).

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