edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
08/07/2011

Messi sigue sin ser profeta en su tierra

Antonio Cubero
Lionel Messi sigue sin dar motivos para ser profeta en su tierra de nacimiento. En Argentina todavía están esperando la explosión del jugador que sólo les deleita a través de la televisión con su fútbol canchero en los campos europeos y vistiendo los colores de su equipo de adopción, el Fútbol Club Barcelona. Pero hasta ahora Leo sólo les ha ofrecido contados destellos de su auténtica valía con la albiceleste sin la continuidad de quién ostenta el galardón de ser el mejor jugador del mundo.

A La Pulga se está poniendo en solfa. Se le culpa de ser otro de los grandes responsables de las malas noches en ka Copa América. ¿Pero por qué recae en él parte de la decepción? Porque no sólo el técnico carga al jugador con la responsabilidad de ser el dueño de un equipo que no le responde, lo hacen sus compañeros también que intentan buscarle pero no lo encuentran.

Los argentinos esperan que Messi lidere a la selección en una Copa América hecha para ella, que juegan en casa y que nadie piensa que se les vaya a escapar de sus vitrinas. A pesar de sus dos primeros tropiezos ante Bolivia y Colombia con las que solamente ha podido arrancar sendos empates ni el más pesimista de los aficionados espera lo que sin duda sería uno de los fracasos más grandes de la  historia del fútbol argentino.
Tras desarrollar un juego de escasísima calidad ante una hinchada a la que no hay que enfadar mucho para que exprese toda su violencia como recientemente pudimos comprobar con el descenso histórico del River Plate.

No hay más que navegar por internet para comprobar la dureza con la que los periódicos argentinos han encajado los malos comienzos de la selección en el torneo suramericano. La mayor parte de las críticas se las lleva el director técnico Sergio Batista a quien culpan de no haber encontrado aún el estilo de juego que engrane por fin en un conjunto que recupere la verdadera esencia del fútbol argentino. Una solución sin necesidad de tener que fijarse en el espejo europeo en general y en el Barça en particular.

A la deuda pendiente con el juego, el equipo de Batista le sumó una inesperada e intolerable falta de resultados y poder ofensivo. Porque contar con un goleador como Messi en su cesto no significa tener la clave perfecta para soñar con jugar como el Barça. Para practicar el juego barcelonista que tanto favorece a la capacidad ofensiva de Messi necesita en el centro del campo a Xavi Hernández, Iniesta y Busquest en lugar de Cambiasso, Banegas y Mascherano, muy buenos futbolistas para labores de contención, pero sin los recursos técnicos ni la creatividad de los barcelonistas campeones del mundo.

Argentina tiene la obligación de ganar el domingo a Costa Rica pasar de ronda y no caer en lo que sería una auténtica catástrofe nacional. Y los argentinos todavía siguen esperando que Messi los conduzca a la final en el hoy tristemente clausurado Monumental.

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