edición: 2577 , Jueves, 18 octubre 2018
14/01/2015
OBSERVATORIO TALENTO RELACIONAL

Mi última aventura

Julián Gutiérrez Conde
Cuando uno sufre un Ictus y lo sobrevive sin daños ni secuelas, recibe muchas lecciones que conviene aprender.

14-11-14 Viernes. Esperaba iniciar un agradable y placentero fin de semana que iba a comenzar con un almuerzo en familia.
15:15 horas. Llegan a mi casa después de salir de su trabajo y nos sentamos a comer en torno a la mesa. No celebramos nada especial pero el hecho de ser viernes da una alegría especial.
16:15 horas. Llegamos a los postres y compartimos unos exquisitos dulces que han traído.
¡Inesperadamente salta el aviso! “Me mareo”, digo, sorprendiendo a todos.
La segunda vez que digo “me mareo”, noto con sorpresa que mi expresión “se me cae” y solo balbucear un lento” meeee ma beee oooo”.que me deja sorprendido.
A continuación un estridente y agudísimo pitido que me recuerda el de una alarma, viaja desde fuera hasta instalarse en el interior de mi oído izquierdo donde finalmente se apaga.
Es entonces cuando se me disipan todas las dudas y tomo conciencia: “Estoy sufriendo un Ictus”.
Veo como todos se agitan. Y escucho su llamada a emergencias.
Aunque yo perdí la medición temporal, las ambulancias (una estándar y otra Medicalizada) llegaron en menos de 15 minutos.
Recuerdo estar sentado en el salón y ver la entrada de dos médicos y dos miembros del equipo sanitario.
La doctora que asume el mando, se dirige a mí con toda amabilidad. Se coloca delante y me pregunta. ¿Me puede ver?

-Respondo afirmativamente

-Mire a mi cara y dígame si puede ver mis manos.

-La que está a mi derecha sí, le digo. La que tengo a la izquierda se me pierde.

-¿Y ahora?

Continúa haciéndome sencillas pruebas.

-Ahora le voy a enseñar un objeto y le voy a pedir que me diga lo que es.

Me enseña el primero y me llevo la primera desagradable sorpresa:
Me es perfectamente reconocible, pero no soy capa de recordar su nombre.
Finalmente explico:

-“Pues lo que se usa para escribir”

-¿Y este otro?

Me vuelve a pasar lo mismo: Lo identifico perfectamente. Me es familiar. Pero no soy capaz de nombrarlo.

-Pues…, titubeo, “con lo que abrimos las puertas”.

……………………..PRIMERA LECCIÓN APRENDIDA……………………..

Entonces tengo la sensación de que mi “Yo Habitual”, parece haberse desglosado en “Tres Yoes” distintos:

Uno que percibe y continúa viendo y percibiendo las cosas con naturalidad.
Otro que no consigue expresar lo que su Yo Natural percibe.
Un “Tercer Yo” que actúa como “Observador” de lo que está pasando y que se queda absorto ante lo que acontece entre los otros dos “Yoes”.
Es una sensación extraña la que vives en esos momentos. Algo así como “si te vieras desde fuera de ti mismo”.

……………………..SEGUNDA LECCIÓN APRENDIDA……………………..


La sensación de “descontrol contigo mismo” te hace fijar mayor atención en los signos que percibes de quienes te rodean. Cualquier pequeño matiz o gesto es interpretado por tu “Ser Observador” que se empeña en escudriñar hasta los más leves detalles.

……………………..TERCERA LECCIÓN APRENDIDA……………………..

Recuerdo haber recibido un excelente trato por parte del equipo médico y sanitario. Se movían con calma y tranquilidad. Parecían serenos. No dejaban de actuar pero sin dar señales de precipitación ni de angustia, lo cual fue muy reconfortante para mí.
Hubo un detalle que recuerdo especialmente. Mientras que la doctora me hacía preguntas desde una posición en pie frente a mí, en un momento el doctor que la acompañaba y que había permanecido en posición más secundaria, se sentó en un sillón próximo al mío y desde esa posición me hizo algunas preguntas con gran calma. En ese momento, el hecho de verle sentarse y de bajar la posición de mi mirada hasta un nivel equivalente al mío, me creó una sensación de comodidad y de tranquilidad que agradecí mucho. No sé si esa actitud fue consciente o espontánea pero quiero manifestarla expresamente porque fue uno de los “hitos” que mejor recuerdo.

……………………..CUARTA LECCIÓN APRENDIDA……………………..

En ese momento tomé conciencia de que, con independencia de mi situación y estado físico, lo psicológico tenía una gran influencia. Fue en ese momento cuando decidí “confiar en las acciones que los equipos médicos decidieran llevar a cabo y concentrarme en hacer ejercicios simples de relajación que a buen seguro mejorarían mi estado general, o al menos no lo empeorarían por el impacto de la angustia”.
Nada más tumbarme en la camilla de la Ambulancia Medicalizada, cerré los ojos, comencé a respirar profundo y a “dejarme llevar”. Ese estado de “bajo consumo” lo mantuve hasta mi llegada a destino en Urgencias del Hospital de La Princesa (Madrid). Durante mi viaje, incluso por los pasillos del hospital, escuché conversaciones de personas, pero mantuve ese estado de “calma y confianza”.
Recuerdo abrir los ojos cuando alguien me anunció que iban a pasarme a otra camilla para hacerme una resonancia magnética. Lo hicieron con absoluta normalidad. Sólo en ese momento abrí los ojos y colaboré lo mejor que pude. Luego me insistieron en que estuviera quieto durante la prueba, lo cual hice volviendo a cerrar de nuevo los ojos y pasando al “estado de letargo” en que me había concentrado desde el inicio de esta aventura.
Al terminar esa prueba sucedió uno de los hechos que con más intensidad y agrado recuerdo de todo este proceso.

……………………..QUINTA LECCIÓN APRENDIDA……………………..

Nada más terminar esa prueba, escuché una voz que interpreté se dirigía a mí y me preguntaba: ¿Cómo se encuentra?
Abrí los ojos y me encontré con el rostro, sonriente y relajado de quien lo primero que hizo fue presentarse: “Buenas tardes Julián, soy la doctora…”
Me río al recordarlo porque recuerdo no haber sido capaz de retener su nombre y se lo pregunté varias veces. Probablemente esa fue una de las demostraciones de mantenerme en un estado “reiterativo” persistente del que yo no era consciente y que me relataron luego mis familiares. Días más tarde recuerdo reírme con la misma doctora cuando bromeamos sobre si ya me acordaba de su nombre. (La llamaré, si se me permite, Doctora RC)
Lo primero que recuerdo es que agradecí que me llamara por mi nombre. Lo segundo fue esa mirada firme pero tranquila su sonrisa de calma.
Le voy a hacer unas preguntas, me dijo, y volvió con las pruebas de reconocimiento de unas llaves, un bolígrafo y algún otro objeto sencillo que, si bien reconocí, no fui capaz de nombrar.
No se preocupe, me dijo. Todo está bien y controlado. ¿Puede mover bien las piernas? ¿Y los brazos? Abra la boca y enséñeme los dientes. Cierre la mandíbula.
Ha sufrido usted un Ictus pero se va a recuperar. Le vamos a trasladar a una Unidad especial. Yo le voy a acompañar.
Esa doctora, pese a su juventud, sabía inspirar confianza y serenidad. Su sonrisa daba un aire de sosiego.
A eso le respondí: Muchas gracias doctora, haga usted lo que crea que debe de hacer.
Su sonrisa se amplió aún más, adquiriendo un aire como de agradecimiento
Es muy curioso también percibir el efecto que provoca en uno, al encontrarse despistado y enfermo, el hecho de tomar la decisión de “Confiar” en la sabiduría, buen criterio y destreza del Equipo Médico-Sanitario que se ocupa de ti. Y ese acto de “ganarse la confianza” es especialmente de agradecer.

……………………..SEXTA LECCIÓN APRENDIDA……………………..

Me acompañó mientras subíamos hasta la planta séptima del Hospital donde radica la Unidad de Ictus. Durante ese proceso no dejó de mantener su sonrisa ni yo de pensar en sus efectos.
“Entregar la Confianza” a alguien no es necesariamente un acto consciente ni de la voluntad. Es un acto instintivo basado fundamentalmente en “sensaciones” o “impresiones”. Actúa como una especia de descarga de peso personal. Un “liberador” de carga.
Al no estar basado en “procesos racionales” sino en “impresiones”, las actitudes importan y tienen más valor que las explicaciones. Por eso la forma de comportarse de esa doctora tuvo sobre mí un impacto tan positivo.
Cuando hablé de esto con ella el día en que vino a darme de alta y tuvimos la oportunidad de conversar al respecto, le expliqué el enorme valor que aportaba a los pacientes y se mostró sorprendida. Nunca nadie le había explicado ni le había hablado de esa habilidad. Será algo natural que me sale de forma espontánea, me dijo.
No, la respondí. Puede que sea natural y algo innato pero eso no le quita ni mérito ni eficacia. Es algo que debe cuidar ya que aporta un gran valor a las personas cuando nos encontramos en “bajo rendimiento”. Cuídelo, porque hace un enorme bien a sus pacientes. No lo pierda nunca. Y cuando tenga otras personas a su cargo no deje de inculcarles el cuidado de esa valiosa habilidad personal.

……………………..SÉPTIMA LECCIÓN APRENDIDA……………………..

La Unidad especial para el tratamiento de Ictus es un área hospitalaria dura y de alta intensidad. Nadie entra allí de forma programada. El Ictus se produce de forma sorpresiva. Sobreviene y nunca se le espera.
Las intensidades son muy variables; igualmente el grado de impacto con que actúa sobre las personas por las secuelas inmediatas o a largo plazo que produce.
La Unidad de Ictus del Hospital de La Princesa es una Unidad de referencia. Los daños con que entran los pacientes son muy variados en intensidad. Unos entran en estado de consciencia mientras que otros permanecen en una situación de muy bajo nivel de actividad.
En cualquiera de los casos el grado de desarrollo se encuentra seriamente afectado y las personas bastante limitadas tanto en su capacidad de comprensión como en la de expresión.
En mi caso, en que el infarto cerebral no fue de muy alto impacto y que además fui atendido con inmediatez, tanto la capacidad comprensiva y expresiva se encontraban muy limitadas, así que es de suponer que en otros casos las circunstancias han de ser mucho más duras y complicadas.
Sorprende que tratándose de una Unidad de élite y estando los pacientes y acompañantes en condiciones tan sorpresivas, duras y dispares, las instalaciones resulten a todas luces anticuadas, escasas, poco confortables y anticuadas. El grado de cualificación, atención y medios técnicos no se corresponde con el de las infraestructuras en las que se asientan.
Cuando ingresé en la Unidad de Monitorización, el otro paciente que se encontraba en la cama contigua había pasado ya allí varios días y se encontraba en franca mejoría, hasta el punto de que al día siguiente pasaría a una habitación de planta. Pero al día siguiente llegó un nuevo compañero que ingresó en un estado lamentable.
Se trataba de un varón de unos setenta años, con notable sobrepeso. Su familia se encontraba de viaje y él había sufrido el infarto cerebral en la puerta del ascensor de su casa, donde fue casualmente encontrado por unos vecinos que fueron quienes dieron la alerta. Tenía además una seria dificultad respiratoria que llegó a encharcarle los pulmones. Su respiración era angustiosa.
Pude comprobar la llegada de su familia. Recuerdo perfectamente que le preguntaban: ¿Quién soy?
Él respondía de forma ininteligible.
Le preguntaban algunas otras cosas; por ejemplo: ¿Cómo te encuentras? Y respondía igualmente de forma incomprensible.
Al ser compañeros de habitación y estar separados tan sólo por una simple y endeble mampara corredera, me era inevitable escuchar todo aquel proceso.
Recordé a mis “tres Yoes” y pensé que aquella persona se encontraría en situación similar: Su primer Yo escuchaba correctamente las preguntas que le hacían. El segundo respondía sin que su vocalización fuera capaz de articular nada comprensible ni equivalente a lo que quería decir. Y su tercer “Yo” observaba a los otros dos. Supuse, en profundo desconcierto y hasta angustia, qué estaría sintiendo, especialmente cuando sus familiares les respondían:

-“No se te entiende nada”, o

-“Calla y descansa. No hay forma de entenderte”

Aquella noche fue angustiosa. El pobre no paró de quejarse. Su respiración angustiaba a cualquiera y por dos veces tuvieron que someterle a un drenaje de pulmones para poder aliviarle ligeramente.
En esas circunstancias, uno, por un lado, da gracias a Dios por encontrase mejor que aquel compañero de habitación, mientras que, por el otro, no deja de observarse.
Ese clima tan dañino emocionalmente, induce a analizarse hasta en los más mínimos detalles. Cualquier pequeña impresión, por liviana que sea, se convierte en una alerta, aunque acabe en falsa alarma. La noche es muy larga y, si se envuelve en angustia, resulta interminable.

……………………..OCTAVA LECCIÓN APRENDIDA……………………..

El segundo día de estancia en la Unidad Monitorizada me llevan a hacer nuevas pruebas. Un nuevo escáner.
Al poco rato de realizado el escáner, se presenta la otra doctora que me ha venido atendiendo. Es igualmente joven y también muy cercana. Al igual que su compañera, suele mostrarse sonriente y no escatima tiempo. Es excelente verla relajada conversar con los pacientes. Tiene una gran capacidad de escucha. Cuando estás como paciente percibes que le interesa lo que le hablas. No responde de forma “estándar” sino que sabe personalizar las respuestas. Además su lenguaje se adapta a las capacidades de comprensión y nivel educativo, tanto de los pacientes como de sus familias.
Cuando la vi aparecer me llevé una alegría. Pero noté en su rostro que “algo había cambiado” en relación a momentos antes cuando vino a anunciarme que me iban a trasladar para realizar una nueva prueba de verificación. Estaba algo más seria, como si algo la incomodara.
La prueba ha ido bien, explicó. Sólo que hemos descubierto que ha sufrido 2 infartos, no uno como reflejó la prueba del primer día.
Lo dijo mostrando algo de extrañeza. Leí en su rostro que se sorprendía de que, habiendo dos impactos visibles, los daños derivados estuvieran tan minimizados.

-“Bueno, todo va muy bien. Aunque siempre queda el momento en que pase de una posición de acostado a la de erguido al levantarse de la cama”.

-“Ahora lo más importante es medir adecuadamente el nivel de heparina para evitar que se provoque algún derrame de las 2 zonas dañadas (el del cerebro y el del cerebelo) que pudiera crearnos problemas serios”. “Le estoy explicando esto con absoluta sinceridad porque usted me ha dicho que quiere conocer la realidad y pormenores, ¿Correcto?

-Cierto, le respondí. Aproveché para hacerle varias preguntas que me respondió con calma y seguridad.

Me gusta el interés, la cercanía, la calidez y la claridad con la que expone la doctora LR, pero se nota que lo pasa mal. Por supuesto que no le gusta dar malas noticias, pero además es que sufre al darlas. Esa es una de las cuestiones más desagradables para un médico.
Los días siguientes observé tanto a la doctora RC como a la doctora LR en el momento de tener que dar otras malas noticias. RC encajaba sus manos en los bolsillos de su bata de trabajo. No perdía su cálido aspecto ni su cercanía pero apretaba las manos en los bolsillos hacia su cuerpo.
Dado que las instalaciones, como he dicho, son anticuadas y poco adecuadas, a la doctora LR la vi tener que comunicar a unos familiares que su pariente no evolucionaría mucho más de cómo se encontraba en esos momentos y que tenían que pensar en trasladarle a una residencia o lugar en el que estuvieran especializados en rehabilitación para tratar de hacerle progresar del mejor modo posible. Lo pasó muy mal. Y tener que dar esa noticia en medio del pasillo no favorece en nada tan ingrata tarea.
El otro doctor joven era más rudo. Su tendencia natural a la “distancia” le aliviaba internamente pero le hacía mostrarse más seco y casi “algo ajeno” al dar la noticia.
La habilidad para dar noticias delicadas o desagradables y duras es algo que se puede aprender. No es necesario aparecer mecánico y frío para proteger los sentimientos que, como personas, estos profesionales de la medicina tienen que afrontar. Es una de las cosas que debemos cuidar en su entrenamiento.
……………………..NOVENA LECCIÓN APRENDIDA……………………..

En la Unidad Monitorizada de Ictus te encuentras continuamente vigilado, incluso por cámaras, y todas tus constantes están seguidas mediante una red de cableado que suministra y deja registradas todas tus evoluciones. Eso además de los viales que, a través de ambos brazos, te nutren de medicamentos y suero.
Recuerdo encontrarme “cableado” y no fui capaz de recordar el momento en que me desvistieron. Simplemente que me encontré totalmente desnudo y todas mis pertenencias aparecieron guardadas en una bolsa de plástico depositada en el armario de la habitación a disposición de mis familiares.
Los doctores pasaron regularmente al menos una cinco o seis veces durante cada jornada. Y el personal de enfermería con mucha mayor frecuencia.
En todo momento me dispensaron un trato excelente que, honestamente, debo de elogiar y destacar aquí. Durante las muchas horas de estancia en cama, me dediqué a observar los comportamientos y características de cada uno. Me sirvió para obtener interesantes percepciones que les quiero hacer llegar junto con mi reconocimiento.
Cada cual entra de un modo diferente y aborda de forma distinta sus tareas. Hay quien piensa más en sí mismo y viene más absorto en su quehacer que en la persona con la que se va a relacionar. Y hay quienes, por el contrario, primero entablan la relación y según el resultado que obtienen abordan la tarea profesional.
En cualquiera de los casos, lo que queda bien patente es que el Proceso Relacional influye directa y sustancialmente.
Entre el equipo médico que me atendió había un doctor joven. Es un hombre que, por la forma en que se manifestaba, parecía tener una excelente preparación y su criterio y opiniones se veían muy bien valorados y considerados por sus colegas. Sin embargo, su rostro se manifestaba lejano y extremadamente rígido. Eso le distanciaba de las personas del entorno, bien fueran colegas de profesión, enfermeras, asistentes o incluso pacientes.
Es una pena, pensé para mí. Ese joven doctor podría multiplicar su eficacia si cuidara determinados modos. No creo que no tenga esas habilidades. Tan sólo con algo de entrenamiento podría multiplicar su eficacia curativa.
……………………..DÉCIMA LECCIÓN APRENDIDA……………………..

Cada uno es algo esclavo de su profesión. Yo soy empresario y directivo. Me dedico a gestionar personas y situaciones para transformarlas y dirigirnos a conseguir mejoras y alcanzar las metas que me propongo como Horizonte Azul. Esa forma de vida ha hecho que mi mente no tenga facilidad para aceptar “las cosas como son” sino que me he adiestrado en modificarlas.
Esta forma de entender la vida no es demasiado compatible con la enfermedad, y mucho menos con una como el Ictus, que te desconfigura interiormente. Tiene la ventaja, sin embargo, de llevar mentalmente interiorizado el espíritu de superación. Sin embargo, en este estado tienes que aprender a aceptar las situaciones, a tener calma y a aceptar la evolución a “ritmo lento”. Tienes que aprender nuevas habilidades que te son bastante lejanas a tus hábitos cotidianos.
Pero la pérdida de energía a la que te somete un Ictus, no puede convertirse en “algo angustioso” ni por supuesto dominarte. Lo más importante en esos momentos es “permanecer sereno”, no angustiarse y aprender a “sacar partido” de las dificultades que en todo caso y con la intensidad que te toque, vas necesariamente a tener que soportar.
La enfermedad es algo contra lo que debes luchar. Y uno de los mejores medios es disponer no sólo de tus recursos físicos que la química de los tratamientos médicos te facilita, sino, además, reforzarlos con el valor añadido de la energía mental. Conseguir permanecer relajado y en positivo es el primer paso. Necesitas los mejores aliados y en la mayor medida para conseguir el restablecimiento lo antes posible.
Suelo hablar mucho de la Predisposición cuando hablo a mis alumnos y asistentes a mis conferencias. La Predisposición comienza por el autodominio. Y si la Predisposición Positiva es uno de los primeros valores para cosechar acuerdos favorables y exitosos, la Predisposición Negativa es el mayor asesino de acuerdos posibles de la historia.
La mayor posibilidad de encontrar a alguien interesante surge cuando se piensa que entre los que nos cruzamos puede haber muchos que merecen la pena. Si se piensa lo contrario, estamos cerrándonos las opciones posibles.
Es muy curioso el impacto del Factor Predisposición y sus efectos relacionales.
El Hospital de La Princesa es un hospital universitario en el que, por lo tanto, nuestros estudiantes de Medicina, a partir del cuarto año, acompañan a los directores de departamento y sus ayudantes en las visitas a los enfermos para realizar ejercicios de aprendizaje práctico.
Durante mi tiempo de ingreso, 3 estudiantes, dos de ellos mujeres y un muchacho, que después me comentó ser peruano, vinieron a visitarme en varias ocasiones.
El último día de estancia me pidieron si podían entrevistarme para tomar unas notas y hacer así unos informes de prácticas. Por supuesto que acepté gustoso de colaborar con ellos y tuvimos una entrevista muy interesante en la que se tocaron temas técnicos de la enfermedad, junto a otros de sintomatología. Hablamos también del efecto del trato sobre los pacientes.

-“Sí, me explicaron, hay muchos tipos de personas. Desde aquellos que tratan a los pacientes de forma respetuosa y exquisita, a aquellos que resultan ser invasivos o quienes los envuelven en calificativos repletos de diminutivos absurdos y simples que parecen confundir a un enfermo con un estúpido por el hecho de estar postrado y envuelto en un pijama oficial”. Pero ¡Qué se le va a hacer!, expresaron con resignación.

-¡Ah, no!; respondí. ¡De eso nada!, les respondí con una rotundidad que les sorprendió. Miren. Ustedes van a ser en pocos años no sólo unos excelentes profesionales especialistas de la medicina sino también “ejes de referencia” respecto de un equipo de colaboradores con los que van a trabajar. Tienen que buscar la excelencia no sólo desde la perspectiva técnica de la Medicina sino también desde el trato. Cuando alguien entra a visitar a un paciente con expresiones tales como “A ver cariñito que voy a darle un pinchacito”, “Quédese quietecito para que le mueva la rodillita” o “Cómo se encuentra el abuelete (al dirigirse a una persona de edad avanzada)”, está confundiendo a un enfermo con un estúpido. Se puede ser cariñoso en el trato sin majaderías expresivas.

-Los pacientes somos primero personas y luego pacientes. Como personas merecemos un trato respetuoso. Pero es que además cuando alguien tiene la habilidad de conseguir “conectar e implicar la parte anímico-emocional” de un paciente, está activando su energía interna y encontrando excelentes alianzas para combatir la enfermedad a la que se pretende desterrar. Por favor, nunca sean tolerantes con el “trato vulgarizado” a sus pacientes. Hay personas que emplean estas formas de modo inconsciente, no quiero decir que pretendan ser ofensivos, pero pueden legar a serlo sin desearlo. Frente a aquel anticuado concepto de medicina clásica en la que “se prohibía” la colaboración de los pacientes, la moderna medicina participa, que ya desde primeros del XIX algunos médicos defendían, procura obtener el máximo rendimiento mediante la colaboración.

-La gestión del trato correcto y respetuoso entre paciente y profesionales médico-sanitarios es algo que debe presidir siempre una institución sanitaria de élite. Y eso no está reñido en absoluto con la cordialidad. Todo lo contrario; esta es una señal de madurez.

-Y quiero decirles que por lo que he podido comprobar estos días de estancia en esta Unidad de Ictus, tiene ustedes la oportunidad de aprender de un modelo de trato que, como el de aquí, es excelente. No desaprovechen esta oportunidad.

Fue una conversación muy interesante y agradable con ellos durante la que hablamos de sus aspiraciones. Me gustó verles brillar la cara y percibí unas gratificantes dosis de vocación en sus miradas. Dios quiera que tengan buenos jefes que les sepan dar las oportunidades que se merecen y les adiestren en mucho más que la siempre valiosa sabiduría médica.

……………………..LECCIÓN EPÍLOGO……………………..

Dijo Ramón y Cajal en su precioso libro “Lecciones para la investigación científica”, que frente a los grandes laboratorios dotados de todo tipo de técnicas y medios, está ese otro en el que con la constancia, el trabajo callado, profundo y sistemático suelen florecer los grandes descubrimientos. Quería con esto aludir a que la voluntad de carácter y el estímulo interior son imprescindibles y no se pueden suplir con medios económicos. Sino que estos, a veces. atrofian a los otros. Eso que llamaba los “tónicos de la voluntad”

En estos tiempos en los que, pese a las restricciones, seguimos estando en la sociedad de la abundancia, lo que llama la atención es la falta de criterio y priorización en las decisiones políticas. Frente a gastos desorbitados en absurdos y megalomanías personalistas con los que uno se topa por toda la geografía española, contrasta las limitaciones y raquitismos en una Unidad de Referencia como esta, dotada de una excelencia en conocimiento y trato que se abren paso entre el olor a letrina emitida por los desagües de los baños instalados en las habitaciones monitorizadas.

A nuestros políticos les sobra orgullo y ego. Y les falta viajar en Metro. Desentenderse de ese círculo de “corifeos del elogio” que les engolan y aíslan de la realidad y conocer de cerca a las personas. Una Unidad de Ictus les garantizo que, como otras, es un curativo que te obliga a una inmersión en la cruda realidad. Un curativo que ayudaría a evitar derroches y dilapidaciones. A manejar el presupuesto de todos con racionalidad y prioridades lógicas.

Son muchas las personas con las que me he encontrado que merecen la pena.

Recuerdo el ofrecimiento de la Trabajadora Social para cualquier tipo de informaciones o gestiones que pudiéramos precisar. O los rostros de esas voluntarias con las que tuve el placer de conversar. Son muchas las personas de Alto Valor que día a día hacen un trabajo admirable en nuestra sociedad.

Su presencia me reforzó la convicción de que un proyecto como DUETS (www.duets.es), merece la pena. Porque hay muchas personas desconocidas y admirables con las que nos cruzamos sin saberlo cada día. En nuestro canal YouTube “Duets-people” pueden verse las entrevistas que un equipo de personas entusiastas desarrollan con ellos. Son una inyección de energía positiva que vale la pena conocer.

Finalmente mi última lección personal. Lo dejé escrito en mi página Facebook: “Aprender a dejarse querer por los que tenemos al lado es también una forma de Inteligencia”

Yo voy a seguir “reforestando” mi vida.

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