edición: 2662 , Viernes, 22 febrero 2019
09/03/2012
EL DEDO DE MADOZ

Mientras la UE se duerme sobre MIFID II los mercados regulan el trading de alta frecuencia

Carlos Schwartz

La exasperante lentitud con la que se mueve la estructura parlamentaria europea, que cuestiona seriamente su utilidad, ha repercutido en la adopción de las reformas de la directiva sobre los mercados financieros, vulgarmente conocida como MIFID. En 2010 la Unión Europea (UE) anunció su intención de reformar la directiva lo que llevó a que ríos de tinta y electrones circularan por las venas noticiosas. En enero pasado el informe para el debate de la MIFID reformada o II, como se la conoce, se dio por cerrado. Algunos de los temas que la directiva pretende ahora reformar o regular es el trading de alta frecuencia, basado en ordenadores. Los algoritmos de este tipo de transacciones disparan órdenes a velocidades difíciles de percibir lo que determina un muy bajo periodo de latencia.

Desde el denominado flash crash de 2010 motivado por un fallo en el algoritmo de un operador que basa sus órdenes en programas informáticos complejos que a lo largo de 20 minutos colocó en el mercado 75.000 órdenes de venta sobre contratos de futuros del índice S&P 500 bloqueando la capacidad el mercado y provocando una caída del índice de casi el 10%, los sistemas informáticos han quedado bajo sospecha.

Pero mientras la reforma de MIFID avanza a su paso cansino, los mercados han comenzado a tomar medidas. Uno de los efectos de las órdenes con periodos de latencia ínfimos es que pueden distorsionar los precios de los títulos. En particular las órdenes sin consecuencias, es decir aquellas que no acaban en una operación de compraventa. Estas órdenes han sido bautizadas como “algoritmos estúpidos”. Los reguladores de los mercados han comenzado a considerar a estos stupid algos como una cortina utilizada por algunos operadores para ocultar sus verdaderas estrategias. En cualquier caso una lluvia de órdenes y sus respectivas cancelaciones tienen como consecuencia un efecto de distorsión sobre los precios de las acciones.

Recientemente el supervisor sueco, Finansinspektionen, hizo público un trabajo de fuente privada encargado por el organismoque sobre la base de una extensa encuesta llega a la conclusión de que los sistemas de trading basados en una alta frecuencia de órdenes no son intrínsecamente peligrosos. Sin embargo si señala el problema de la formación de precios y la posibilidad de que si no se los regula puedan constituir un factor de distorsión de los mercados que afecten a los consumidores. Las bolsas han decidido comenzar a castigar a los stupid algos sobre la base de la ratio de órdenes emitidas a órdenes consumadas, y cada vez que esta ratio supera un indicador límite -variable según los mercados- se les aplica un recargo. La idea es que el encarecimiento de esta estrategia lleve a su eliminación.

A finales de febrero pasado Deutsche Borse anunció la implantación de este tipo de recargos. Un día después lo ha hecho Borsa Italiana. Esta anunció que aplicaría un recargo de 0,01 € por cada orden que excediera la ratio de 100 a 1 en hasta cinco veces la ratio. De 0,02 si el exceso era de entre 5 y 10 veces la ratio y de 0,025 si se superaba 10 veces la ratio. Intercontinental Exchange (ICE) entró en el debate para señalar que tiene un registro de un año de control sobre los stupid algos pero sobre una base un poco más sofisticada que las ratio de órdenes cursadas sobre órdenes materializadas. ICE ha desarrollado un sistema por el que compara el precio de las órdenes y su divergencia con un precio medio. Si la divergencia es baja, es decir cae dentro de una banda definida por el sistema como lógica, esas órdenes no entran en el cómputo de algoritmos estúpidos. La idea de ICE es preservar el volumen.

La gran preocupación de los mercados tanto de valores como de materias primas y de futuros es el volumen ya que los beneficios de los mercados dependen en última instancia de la cantidad de operaciones cursadas. De allí que la fuerte caída de los volúmenes en la bolsa española tras la suspensión en agosto de 2011 de las posiciones cortas haya tenido un impacto tan fuerte en los resultados de Bolsas y Mercados Españoles (BME). La preocupación de ICE está determinada por el hecho de que la operación con sistemas de alta frecuencia forma el grueso de las operaciones de los principales mercados de acciones y futuros y cualquier intento de regular en exceso la estrategia puede reducir los volúmenes y por tanto el beneficio de los mercados.

La estrategia de ICE se basa en discriminar entre una liquidez buena y otra liquidez ficticia, por lo tanto perjudicial en más de un sentido. Pero la exposición de los mercados a esta forma de operar sigue ahí. Y mientras puede que los accidentes no afecten realmente a los mercados la experiencia del NYMEX gestionado por el Chicago Mercantile Exchange (CME) sigue despertando temblores. El tres de febrero de 2010 la empresa de trading electrónico Infinium Capital Management puso en marcha un algoritmo sin comprobarlo debidamente. Infinium colocó en tres segundos 6.767 órdenes de compra individuales para barriles de petróleo crudo ligero dulce, lo que desató un alza feroz del precio por barril en el NYMEX. La empresa alegó que se trató de un mal funcionamiento del algoritmo. Pero lo cierto es que ya había tenido un desliz similar en 2009 lo que ha despertado ciertas suspicacias. En 2011, Infinium fue multada en total por los dos incidentes con más de 800.000 dólares tras la investigación de un panel constituido por el CME para aclarar los incidentes.

Lo que queda puesto de relieve es que esta forma de operar puede poner en riesgo a los mercados, pero que por otra parte constituyen una parte cada vez más grande de los volúmenes que materializan operaciones reales cada día en los mercados a escala internacional. Como es lógico la industria informática tiene en estas experiencias un gran estímulo. Los equipos de investigación de IBM se vienen esmerando en la puesta a punto de los sistemas de computación cuánticos que pueden constituir una verdadera revolución en esta industria financiera. Siempre y cuando la estupidez humana y no la de los algoritmos deje a los mercados en pie. Algo que es cada vez más dudoso.

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