edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
06/04/2009
Siguiendo el modelo alemán de los años 60

Mini-Gabinete de concentración para la reforma de la Banca

El PP evita participar en la toma de decisiones para poder utilizar la crisis y la actuación gubernamental como argumento político de oposición
Banco de España inicia la gerencia de la reestructuración a regañadientes
Juan José González

Definitivamente, el Partido Popular no contará con ningún representante en el grupo de técnicos que el Banco de España ha puesto a trabajar desde el pasado 9 de marzo, para llevar a cabo la reestructuración financiera más ambiciosa (y penosa) de la reciente historia económica española. Despreciadas y rechazadas las ofertas efectuadas por el subgobernador del Banco a Cristóbal Montoro, portavoz de economía del PP, para incluir a un representante del principal partido de la oposición, en Cibeles se aprestan a poner soluciones para los próximos fiascos que pueden saltar en cualquier momento. Y además con extrema urgencia, porque la siguiente entidad financiera, a tenor de las cifras de las cajas, al final del primer trimestre del año, muestran que la siguiente en capilla no es una entidad perteneciente a una Comunidad del PSOE sino del Partido Popular, lo que explicaría en parte el rechazo de este partido a integrarse en el grupo de trabajo del Banco de España.

Por esta razón, el rechazo de Montoro (en realidad de Mariano Rajoy) significa exactamente que la oposición persiste en su estrategia de hacer sangre de las cuestiones económicas, porque no hay mayor desgaste a corto plazo que la impopularidad que produce cualquier tema económico relacionado con una crisis con cerca de cuatro millones de parados. Por eso, cualquier fuego en torno a una entidad financiera y su conexión popular a los depósitos de los ahorradores viene que ni al pelo para hacer labor de oposición. Así las cosas, y ante la posibilidad de llegar a algo similar a un pacto político entre el Banco y la oposición, en Cibeles se preparan para resistir lo que se espera que sea el mayor ataque político a esta institución supervisora.

Del consejo de administración del Banco salió recientemente, podría decirse que el mandato para resolver la bomba de la Caja de Castilla-La Mancha (CCM), bomba que amenazaba con explotar en las manos a principios de febrero. Pero, para asombro de propios y extraños, la causa no fueron el volumen de pérdidas, ni la morosidad, ni la depreciación de los activos de la CCM, sino la situación ‘prebélica’ que imperaba en ese momento en Caja Madrid. De esta forma, se decidió que, aprovechando que el Pisuerga pasa por donde pasa, se pensó que el anuncio de una intervención ‘cantada’, zanjaba, de momento, el deterioro de esta, aceleraba el proceso de conversaciones entre los presidentes de otras candidatas a fusionarse y ‘cortocircuitaba’ la ‘acción política’ en la cuarta entidad financiera española.

Al mismo tiempo, la situación de Caja Madrid actuó como acelerador de las decisiones en el Banco de España pero por otro motivo: la insuficiencia de un instrumento como el Fondo de Garantía de Depósitos para resolver las próximas situaciones en algunas cajas de tamaño medio. Eso forzó a incluir en el orden del día del Banco la propuesta de creación de un “fondo público de capital” para inyectar fondos propios en la intervención de entidades financieras, tal como anunció el gobernador del Banco de España recientemente en la comparecencia en la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados. El problema con la nueva figura de fondo público, a diferencia del FGD, no tiene mayor inconveniente que el tiempo, puesto que su puesta en marcha debe contar con informes técnicos y trámites de aprobación jurídicos y posterior informe para llegar a ser aprobado en Consejo de Ministros, viaje por etapas que difícilmente podrá ser cubierto antes de dos meses, tiempo considerado como una eternidad en la actual coyuntura y a la vista de la velocidad a la que se desarrollan los acontecimientos. Y para no perder más tiempo, Pedro Solbes recomendó hace varios meses a Miguel Ángel Fernández Ordóñez que asumiera la responsabilidad técnica de gestionar la crisis, de modo que su voz fuera la principal que se pudiera escuchar públicamente.

Asimismo, desde un foro independiente, ajeno al Gobierno, se lanzó la semana pasada la posibilidad (y la conveniencia) de seguir, en parte, el ejemplo de la reordenación de las cajas regionales alemanas en la década de los 60, y que tuvo en la formación de un “mini-Gobierno de concentración” su principal referente, al tratarse la reestructuración del sistema bancario como un asunto extremadamente delicado cuyas decisiones confidenciales y reservadas, incluso, a un número reducidos de ministros y miembros de la oposición y otras instituciones, es considerada por el Ejecutivo como “Cuestión de Estado”.

En los próximos días, el resto de las cajas de ahorros estarán atentas a cuantas comunicaciones procedan del Banco de España, del ministerio de Economía del propio Gobierno, como única vía para comprobar las líneas de esa hoja de ruta -que no existe ni está escrita (ni se le espera)- que les puede afectar. Ahora, las cajas viven con la incertidumbre del alcance de las declaraciones y del significado de las palabras y de los gestos. Interpretan que cuando se habla de intenso esfuerzo de reestructuración, el asunto debe ser muy serio, algo parecido a poner la casa (la caja) patas arriba. Muchas de ellas, como es lógico, se temen que reestructuración signifique llevar a pérdidas la cuantía completa de morosidad así como el valor actual de sus activos (depreciación), cerrar sucursales para compensar la pérdida fe negocio y vender participaciones industriales “políticas”, que nada aportan y mucho restan al negocio (el aeropuerto de Ciudad Real es todo un paradigma del despropósito de las ideas cavernarias de un consejo de administración “profesional”).

Se sabe, desde la intervención de la caja manchega, que los presidentes de las cajas de Castilla-León, las catalanas y las gallegas, hacen horas extras para vestir alguna fórmula que retrase, en algunos casos, la intervención, y en otros, directamente la petición de auxilio-socorro. Reuniones que, como la de ayer en un hotel de la provincia de Zamora, en plena Nacional 6 (Madrid-A Coruña), presagian mejor disposición entre cajas -sólo cajas, sin políticos-, mejor de lo previsto, para llevar a cabo operaciones interterritoriales, a una, dos o, incluso, a tres bandas, en un ejercicio de “no va más”, una competición que, como en el circo, lleva camino de convertirse en un “más difícil todavía”.

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