edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
03/01/2017

Minoría absolutista

Rafael Vidal
Resulta de lo más curioso que en un Gobierno en minoría, dispuesto a dialogar sobre lo que haga falta, abunden las declaraciones de sus responsables negándose radicalmente a tocar ciertos temas. El último ha sido el señor ministro de Economía, Luis de Guindos, al negarse a tocar la parte de la reforma laboral concerniente a la negociación colectiva. Ha venido a decir el señor ministro que a los que nos mandan -FMI, CEOE, UE- les gustó mucho y que verían muy mal cualquier cambio al respecto, es decir, que el señor ministro apuesta decididamente por la barra libre para los empresarios en detrimento de la población trabajadora.
Considera el señor ministro que los empleos creados hasta ahora no son trabajo basura, lo que nos indica que su percepción de la realidad roza el absurdo y que, por tanto, sus opiniones van en la misma línea.

Nos queda ver qué opinan los socios de este Gobierno sobre el asunto, aunque da la sensación de que se han dejado enredar tanto con el asunto de la gobernabilidad que difícilmente serán capaces de hacerle frente en cualquier cuestión. Rajoy ha conseguido dividirlos con el paso del tiempo y parecen incapaces de ofrecer una oposición coherente. Todo conato de enfrentamiento a la política del Partido Popular será ofrecido a los medios como un obstáculo para dejar gobernar -argumento que nos ha llevado hasta donde estamos- algo que a estas alturas no se pueden permitir ninguno de ellos.

Rajoy lo tiene ahora más fácil que antes de la investidura. Las encuestas le favorecen y sabe que si convoca nuevas elecciones podrá seguir culpando a los demás de la situación, algo que le ha salido muy bien hasta ahora debido a la torpeza del resto de los partidos. Al Partido popular se le da muy bien lo de ir de víctima y sus votantes responden positivamente, lo que nos llevaría a una nueva legislatura en la que ganaría peso, aunque no la mayoría, y volveríamos a las andadas.

Los partidos de la oposición no supieron jugar sus cartas en su momento por el afán del líder de Podemos en alcanzar el poder. Ahora están atados de pies y manos y con las encuestas en contra. Tienen mayoría en el Parlamento, pero no les sirve para nada. En el fondo es como si todos hubiéramos votado al Partido Popular, que sigue haciendo su política como si tal cosa. Parece que, en el fondo, Rajoy no es tan mal político como pensábamos.

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