edición: 2451 , Viernes, 20 abril 2018
16/11/2009
Ciencia e Innovación no para de meguar

Moncloa le vacía el Ministerio a Garmendia y la llena de ‘papeletas’ para el sorteo del recorte de carteras

Sebastián le da la puntilla en la aeronaútica, el CDTI, la ESA y la I+D+i con implicaciones industriales y Gabilondo le gana la ‘codecisión’ en la I+D+i educativa
Buscará consuelo en la Ley de Economía Sostenible y el Fondo de Desarrollo Local, pero Salgado le pelea la Agencia Estatal de Financiación de la Investigación Básica
La Comunidad Científica amenaza con una segunda ‘rebelión’: le exigen la Ley de Ciencia, pendiente desde junio, con la que iba a regular el acceso profesional a la carrera
Miguel Sebastián y Cristina Garmendia
Javier Aldecoa

Le levantan nuevas ‘fronteras’ a su reino menguante y aplacan las rebeliones ‘sostenibles’ de la ministra. El ‘sol’ de Garmendia que deslumbró a ZP hace menos de dos años, ya no brilla. Se juega la última baza de sus competencias y la vacuna al ‘tijeretazo’ en la Ley de Economía  Sostenible y en su pulso con Elena Salgado. Con el adiós a las competencias universitarias y de investigación educativa, ya  perdió la mitad de su edificio y la otra mitad tenía ventanas -y más de un florete en ristre- al Ministerio de Industria. Pero ya no podrá estirar las costuras del I+D+i en las arenas movedizas de sus fronteras. Para empezar, Sebastián, que se jugó a ‘primera sangre’ con Garmendia los presupuestos, el diámetro del I+D+i y las costuras de sus ministerios, se ha asegurado de tener sólo bajo su mano la industria aeroespacial, de dejar sin flecos del CDTI a Ciencia y de que -Zapatero dixit- la I+D+i busque una cara más industrial. Gabilondo desde ahora tendrá además las riendas sobre la I+D+i de la educación. Garmendia atesora su Secretaría de Estado de Investigación y hace ondear sus escudos presupuestarios. Sólo el Plan E -que el año pasado le puso a tiro 400 millones de euros- y el Fondo de Economía Sostenible le permitirán que ‘encaje’ una ecuación en la que, a pesar del tijeretazo inicial del 15%, pueda cumplir sus nuevas promesas: que las inversiones públicas crecerán en el 2010 en torno al 10%. Pero la letra pequeña no está en sus manos.

Salgado, si puede, cortocircuitará Agencia Estatal de Financiación de la Investigación Básica, la que Garmendia espera convertir en su ‘brazo armado’ y autónomo para captar fondos. Cuando le ‘amputaron’ el tentáculo universitario, De la Vega ya le advirtió que el suyo era un ministerio, como mucho “horizontal”, que debía trabajar con la vista puesta en Medio Ambiente, Educación, Economía y Hacienda, pero sobre todo Industria. Hoy, si fuera por las dos vicepresidentas, podría ser sólo un vestíbulo de paso a otras carteras. Salgado le toma la palabra a la proposición de ley que hizo en su momento el PNV: aplicar el ‘tijeretazo’ al los 14 ministerios y ha comenzado a hacer su lista de organismos ‘prescindibles’, o al menos recortables.

Zapatero ha tenido que transigir ante Cristina Garmendia. Sólo lo justo para estirar las promesas de la Ley Sostenible y posponer las escaramuzas de la que en su momento fue su ministra más ‘puntera’. Después del ‘tijeretazo’ del 15% a Ciencia y Tecnología, Salgado le ha dejado a mano subvenciones por treinta millones de euros con cargo al Plan E para ocho parques científicos y tecnológicos y ha encajado en silencio la rebelión parlamentaria que permitió a Garmendia -en brazos del PNV- estirar en 146 millones de euros el presupuesto para su cartera. Pero eso es todo lo que el presidente del Gobierno está dispuesto a hacer por su ‘ministra menguante’. Más aún, la vicepresidenta no digiere el perfil de una Agencia para la investigación básica, al margen del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial, con capacidad para endeudarse y -como adelantaba Cinco Días- sin tener que pasar por el trámite de publicación del BOE ni estar sometida a la negociación puntual de los Presupuestos Generales del Estado.

Y es que Miguel Sebastián no es el único en ponerle ‘tentetiesos’ a la ministra. Por si las dudas, Moncloa -después de un año- acaba de materializar un mecanismo que despeja las dudas sobre la I+D+i que cae en la intersección con Educación. Le asesta, por mano de Gabilondo, el segundo golpe ‘educativo’ a la cartera de Garmendia: es verdad que la Comisión de Coordinación entre Ciencia y Educación en materia de I+D+i universitaria les da sitio a los dos ministros y una presidencia rotatoria -Garmendia para empezar-, pero impone la codecisión sobre la innovación siempre que pueda llevar algún apellido de Educación, aunque sea secundario.

La ministra levanta sus lanzas, aunque sean las de las promesas. Aseguró durante más de un mes que ni la intención de Zapatero de recortar un 30% los gastos corrientes del MICINN, ni el ‘tijeterazo’ del 15% a los PGE de Ciencia y Tecnología eran más que un malentendido. Peleó los números del cuaderno de Salgado. Pero llegaron. Juró vengar la ley de los Presupuestos Generales del Estado y lo hizo, al menos las de las costuras de las enmiendas, pero sólo araño 146,5 millones de euros más y el 80% llevan apellidos vascos y canarios a cambio del apoyo parlamentario. Ahora no le queda más que asumir que lo suyo ha sido  “un esfuerzo solidario” y prometer, de espaldas a la llave de la vicepresidenta segunda, que en 2010 podrá destinar un 10% más de fondos al I+D+i.

Le saben a poco los 5.290 millones de euros, -un 0,2% más que en 2009- a distribuir entre la secretaría de Estado de Investigación  (el 50%)  y la de Innovación, un 47%), los 500 millones del Fondo de Economía Sostenible y del Plan E, al fin y al cabo, son créditos. Ya en el presupuesto de 2009 hubo tijeretazo maquillado y se ha parcheado este año con fondos del Plan-E. Y aún hoy el 14% de las subvenciones a I+D+i aún se destina a gasto no competitivo. Todas sus expectativas llevan los apellidos de la Ley de Economía Sostenible, ahora que Moncloa le ha congelado la Ley de Ciencia que esperaba llevar al Consejo de Ministros antes de 2010 y, con ella, la promesa de una regulación para  la carrera científica, la reforma del inflexible sistema nacional de contratación de investigadores y los últimos lazos de sintonía con el sector. La última trinchera de Cristina Garmendia será la Agencia Estatal de Financiación de la Investigación, pero Salgado no está por la labor.

A LA ‘MINISTRA REBELDE’ SE LE REBELA LA CIENCIA

Ante la rebelión -la segunda en marcha- de la “Plataforma Por la Investigación”, que agrupa a más de 3. 000 científicos y cuenta con 13.00 apoyos en internet, Garmendia le pasa la pelota al sector privado. Nada que evite que sus presiones hagan eco en la tramitación en el Senado. Y sobre todo, en la incubadora de la Ley de Economía Sostenible. No es sólo la revista Nature la que advierte que “España se dirige hacia una Edad de Bronce” de la Ciencia y que no es otra que la “inexperiencia” política de la ministra la que la hizo “lenta “lenta a la hora de construir un ministerio funcional y con la suficiente influencia política para convencer al Gobierno de que compartiera su visión sobre la Ciencia” y la ha llevado a convertirse en capitana de un cascarón vacío.

Zapatero se retrata en la piel de Garmendia: a Ciencia le quita el 15%; a Cultura, el 12%; a Medio' Ambiente, el 10,5%; y a Educación le da sólo un 2,1%. Se destinan a Ciencia 5.437 millones, poco más que al apartado de 'Gastos de diversos ministerios'.  Se lo recordaba nada menos que Margarita Salas, la bioquímica que amadrinó su carrera científica y que le tendió la alfombra roja a su llegada a Moncloa: “España no cumple sus compromisos de inversión en ciencia”. Se había previsto un 2% del PIB en 2010 y no se va a alcanzar, su suelo estará en el 1,27%,  lejos aún del 1,84% de  la media de los Veintisiete  España, por su tamaño, debería tener 48.000 empresas innovadoras, pero según el INE hay 11.000. Con Salas, los principales científicos le exigen que cumpla con sus promesas de potenciar el pacto de Estado de ciencia que antes de las elecciones de 2004 le propusieron al PSOE.

Al sector le duelen los Organismos Públicos de Investigación, a pesar de los esfuerzos de la ministra por negar la mayor, ha tenido que reconocer en su comparecencia ante el Pleno del Congreso que lo único que pueden hacer es tratar de suplir la reducción de un 10% de su presupuesto con ahorros propios. Respiran por heridas como las del CSIC, ahora que están teniendo lugar las oposiciones a científico titular -el escalafón inferior de investigadores funcionarios- le recuerdan que en los OPI´s no existe otra vía de contratación indefinida que las plazas de funcionario y que la convocatoria -a pesar del estribillo de la ministra- ya ha sufrido este año 2009 una reducción drástica del 75% con respecto a las convocatorias anteriores. Los investigadores del Ramón y Cajal, en la cuerda floja, denuncian que para 2010 casi no habrá nuevas plazas por oposición y que se acerca para la mayoría el final del contrato de cinco años con el que muchos regresaron a España desde el extranjero. Y lo mismo pasa en el Instituto de Salud Carlos, ahora que por fin le han traspasado, por fin, la dependencia al Ministerio de Ciencia e Innovación.

NI CON ‘MAQUILLAJE’

El estirón en las costuras de la I+D+i al calor del último proceso parlamentaro, tienen más de victoria simbólica, de aviso para navegantes para Salgado y de gesto para restañar las diferencias de los últimos meses entre Garmendia y el círculo de Patxi López. Pero la comunidad científica le recuerda que sólo son una ‘tirita’ para heridas que requieren intervenciones planificadas y a medio plazo. Primero, porque Garmendia ha tenido que volcar ‘el estirón’ presupuestario del lado vasco. El 56% de los 143 millones de las enmiendas del presupuesto de Innovación irán a financiar proyectos de investigación e infraestructuras de 20 fundaciones, empresas e instituciones vascas, entre ellos el Basque Culinary Center, la  primera Universidad en Ciencias Gastronómicas de España. Sólo 50 millones serán para proyectos de ámbito estatal y, de ellos, 27 son para iniciativas que promuevan la excelencia, 17 para desarrollo industrial y el resto para cooperación internacional. Pero sobre todo, la comunidad científica está dispuesta a levantar por segunda vez sus lanzas por el ‘color’ de los Presupuestos y las nubes al horizonte de una Ley de Ciencia que consolide sus expectativas a medio plazo.

El Ejecutivo ha recortado un 25% las subvenciones directas a la I+D+i en los Presupuestos, pero sigue manteniendo ayudas a proyectos no competitivos. De los 1.652 millones que destinará en 2010, al menos 222 son para entidades que no compiten por la asignación de fondos. Los científicos vuelven a sacar de la nevera la propuesta de Pacto de Estado que hicieron un grupo de notables en 2004. Garmendia le había prometido al sector, a cambio, servir una Ley de Ciencia y Tecnología consensuada y temprana. Y no le perdona a los retrasos de Moncloa que España sea aún el único país de los Quince que no tiene una agencia estatal para financiar la investigación. La ley de Economía Sostenible no será su bálsamo: las consultoras ya le han advertido sobre el escaso uso que pueden hacer las empresas de las líneas de crédito y el riesgo de que no se utilicen los préstamos de la ley. Garmendia ya sólo quiere que, al menos, vea la luz cuanto antes: les está taponando la ley de Ciencia: ya hace más de un año que el primer borrador se lo encargó el Ministerio de Ciencia e Innovación a un grupo de expertos.

El Ejecutivo ha recortado un 25% las subvenciones directas a la I+D+i en los Presupuestos, pero sigue manteniendo ayudas a proyectos no competitivos. De los 1.652 millones que destinará en 2010, al menos 222 son para entidades que no compiten por la asignación de fondos. Los científicos vuelven a sacar de la nevera la propuesta de Pacto de Estado que hicieron un grupo de notables en 2004. Garmendia le había prometido al sector, a cambio, servir una Ley de Ciencia y Tecnología consensuada y temprana. Y no le perdona a los retrasos de Moncloa que España sea aún el único país de los Quince que no tiene una agencia estatal para financiar la investigación. La ley de Economía Sostenible no será su bálsamo: las consultoras ya le han advertido sobre el escaso uso que pueden hacer las empresas de las líneas de crédito y el riesgo de que no se utilicen los préstamos de la ley. Garmendia ya sólo quiere que, al menos, vea la luz cuanto antes: les está taponando la ley de Ciencia: ya hace más de un año que el primer borrador se lo encargó el Ministerio de Ciencia e Innovación a un grupo de expertos.

UNA TRAYECTORIA ‘MENGUANTE’

Cuando Zapatero moldeó su Cinisterio de Ciencia e Innovación en abril de 2008 a la altura de sus discursos, prometía contar con las competencias que le faltaron al de Ciencia y Tecnología impulsado por el PP, aunque en aquel momento tuviera que comenzar su gestación arañando de los ministerios de Sanidad, Educación y hasta Industria, con tal de hacerse con las riendas de las políticas de universidades, investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación en todos los sectores así como la coordinación de los organismos públicos de investigación de titularidad estatal. Garmendia estaba llamada a ser el catalizador de la implicación de la empresa privada en la financiación de la investigación y a hacer de la Secretaría de Investigación el ariete de la ‘nueva España sostenible’ de Zapatero. Era independiente y, como donostiarra, cubría además la cuota vasca en el Ejecutivo central. Hasta los más críticos consideraban entonces que Garmendia tenía a su favor las ganas de hacer y el aparente respaldo del presidente del Gobierno para desterrar el «que inventen ellos» de Unamuno.

De hecho, sus primeros encontronazos no fueron científicos, sino políticos, cuando cerró -en falso-  las puertas a la transferencia al Gobierno vasco de las competencias en investigación que luego se consumaron a cambio del apoyo parlamentario a los Presupuestos de 2009. Durante el primer gobierno socialista, duplicó el presupuesto para Ciencia por encima de los 8.000 millones de euros, colocándolo en el 1,1% del PIB, mucho más cerca de la media de la Unión Europea del 1,8%. Pero con el recorte de competencias a la ex presidenta de Genetrix se le ha ido nublando también su halo de consejera aúlica y personal de ZP para ayudarlo a ‘brujulear’ en el sector empresarial, que le había permitido ganar puntos por delante de Sebastián. Zapatero no ha castigado a Garmendia con el repudio total, pero repite como un mantra para los oídos de la ministra que la I+D+I debe pegarse más a la realidad industrial española.

Los ajustes la han ido sitiando por todos los flancos. Tuvo que celebrar el primer aniversario del Ministerio de Ciencia e Innovación con una sola Secretaría de Estado y con las velas de la Universidad y la investigación apagadas por el soplo de Ángel Gabilondo. Sabía, ya entonces, que no hay monarca sin territorio: su único reino, cada vez más estrecho, es el de la innovación y el desarrollo y aspiraba a estirarlo aún a costa de Industria, era cuestión de vida o muerte política, al menos de supervivencia ministerial. Garmendia buscó sitio propio en la carrera de las energía verde, habló por boca de nuevas negociaciones a título propio con EADS y el A400M y se aferró a la política de hechos consumados que cuajó con en 2008 con el sector aeroespacial. Eso fue antes de que el ‘tijeretazo’ a sus presupuestos, el repudio de Moncloa, la batalla a campo abierto con Salgado y De la Vega y la avanzadilla de los muros competenciales de Educación e Industria -las dos carteras en las que pensaba arañar garantías de vida y contenido ministerial- estrecharan las dimensiones de una torre de cristal en la que ya sólo reflejan los sables ajenos: sus competencias empiezan donde acaban las de los demás.

La suya es la huella de una carrera menguante: con la llegada de Gabilondo la investigación universitaria -prácticamente la mitad de la ciencia generada en España- quedó ya fuera de su responsabilidad, como ya lo estaba toda la I+D relacionada con las telecomunicaciones y las tecnologías de la información y la Innovación que es responsabilidad de las comunidades autónomas. Con el adiós a las competencias en manos de Educación, ya perdió la mitad de su edificio y la otra mitad se quedó con ventanas al Ministerio de Industria. Le ha dicho adiós a su proyecto de un ‘super CSIC’. Tuvo que encajar que De la Vega vistiera de poco más que “transversal” su ministerio. Y aunque ha intentado varias rondas de acuerdos y juraba tenerla a la mesa del sector antes de septiembre, Moncloa no le ha dejado aún ‘emplatar’ la futura Ley de la Ciencia y la Tecnología, que sustituirá a la vigente de 1986.

Hoy, Zapatero no cree en las ‘joyas’ de Garmendia tanto como para financiarlas ni hacerlas propias en su política de Estado. España se dejó ‘bailar’ por Francia el ITTER e IRENA y vio como el empujón de la diplomacia gala dejaba en terreno sueco la Fuente de Espalación de Neutrones y a la ministra con el único consuelo de la subsede bilbaína. Ahora, ni siquiera eso: sin fondos en los PGE de 2010 para los ‘neutrones’ vascos, Garmendia ha tenido que entregar sus riendas a Patxi López. El País Vasco le cobra caro el estirón de la I+D+i con los votos del PNV: asumirán más de la mitad del presupuesto pero será a cambio de ponerle su bandera y sus planes, la Fuente estará en Leiona y no dependerá de Suecia. A Garmendia no le queda ni el consuelo del Gran Telescopio de Canarias, su candidatura como Observatorio Europeo Austral no tiene quien la enarbole en Moncloa, no hay proyecto interministerial, ni diplomacia en marcha, aunque la competencia chilena ya lo ha hecho. Ni las exigencias del Cabildo de Tenerife para que el Gobierno central cierre filas con el Observatorio de Roque de los Muchachos han convencido al Ministerio de Industria y Presidencia: no moverán ficha hasta que no tengan sobre la mesa un nuevo informe técnico que avale al Roque como destino del Observatorio Europeo.

EL ‘TOUCHÉE’ DE SEBASTIÁN

Sebastián se la recomendó personalmente a Zapatero para convertirse en el ariete ‘sotenible e innovador’ de su Gobierno, uno que por primera vez iba a poder encarnarse en un ministerio propio. Pero Sebastián y Garmendia le han tratado de demostrar a Zapatero que su mantra del nuevo modelo que huya del ladrillo en manos de la innovación y el desarrollo tiene más de un dueño. Y, a juzgar por el cambalache de las competencias y los presupuestos, el ministro le ha ganado la mano. Hoy, a la ministra de Economía y Cristina Garmendia ya sólo les une en el Consejo de Ministros la rebelión -o al menos las pataletas por la demora de la Ley de Economía Sostenible- y  la ‘medalla de oro’ de sus ingresos en el ranking que -a contrapié de la ministra vasca- se empeñó en hacer público Moncloa. A él, jacobino, ya le dolieron sus escarceos con el PNV y ahora sangra por las heridas de la alianza que ha permitido estirar en millones las costuras de los PGE para I´+D+i. Industria no hizo nada por los neutrones, ha dejado que sea la Consejería de industria del País Vasco y la UPV la que acoja un proyecto que en principio iba a ser 50% industrial.

No hace ni cuatro meses que aún era Garmendia la que explicaba en persona al sector español de automoción las nuevas ayudas a la I+D+i. Hoy, Sebastián se empeña en marcar las distancias y las competencias. Todas. La pelota de la transferencia tecnológica al sector empresarial ya no bota en tierra de nadie. Y no permitirá que la titular de Ciencia le ponga apellidos propios, ni siquiera la intención, a ningún sector de su ‘negociado’, por más que los proyectos de innovación, ahorro energético o incluso algunos de renovables despertaran las tentaciones de Garmendia. Lo acaba de hacer con el que se convirtió en el objeto de su ‘duelo a primera sangre’, la industria aeroespacial.

Sebastián ha presentado a solas y sin ningún espacio para Garmendia el nuevo plan para la aeronaútica hasta 2014, uno elaborado sólo tras los muros de Industria, que trata de reforzar a la industria auxiliar sella la paz con EADS tras la integración en Airbus de la división de transporte militar bajo responsabilidad española -esa misma paz que Garmendia intentó consumar en persona con Gallois, la última vez en junio- . Sebastián ha sido el primero en recordar que la industria aeronaútica es la industria estrella del I´+D+i, pero ni siquiera en las latitudes aeroespaciales Garmendia tendrá sitio de ahora en adelante, por más que sea el consejero delegado de EADS, Louis Gallois, el primero en impulsar la presidencia española al frente de la UE para poner en marcha "importantes iniciativas" para el futuro del grupo aeroespacial, entre ellas y que impulse el UAV europeo, una de las ‘joyas’ a las que Garmendia aspiraba a ponerle apellidos, allá cuando hace ahora justo un año, ella y Sebastián peleaban cuerpo a cuerpo su pulso por las competencias y hasta sus representantes en la Agencia Europea del Espacio.

No ha sido otra que Teresa Santero, la Secretaria de Estado de Industria y Jefa de la Delegación de España en la ESA, la que -por orden de Sebastián- coordinará la primera misión de la ESA que lidera España desde su concepción hace doce años el SMOS. Y no habrá sitio para los enviados de Garmendia, aunque desde finales de 2008 la Titular de Ciencia fue la primera en ponerle la cara al SMOS y Redsat y en apadrinar las misiones internacionales que liderarán empresas españolas entre 2009 y 2013 y en atribuírselas al incremento de la aportación española a la Agencia Espacial Europea.

Lejos quedan los tiempos -aunque no haga más que diez meses- en los que le ‘mojaba la oreja’ a Sebastián en los predios del  Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI) -y su presupuesto -7.800 millones de euros en 2008 dedicados sobre el papel para “promover la innovación y el desarrollo tecnológico de las empresas “- y en el acuerdo ‘multicapas’ sobre la Agencia Europea del Espacio, que terminó por decidir ella. Garmendia anunciaba el 23 de junio de 2008 que el CDTI pasaba a su departamento, pero el decreto de estructuración del ministerio de Sebastián (16 de julio) especificó que el sector aeroespacial, incluida la representación en organismos internacionales, se quedaba en Industria, aunque el CDTI, que ha gestionado los programas del sector desde hace más de 20 años, pasara a Ciencia. 

El 31 de agosto, Sebastián nombraba una nueva delegada en la ESA, Teresa Santero, desautorizando a la que venía desempeñando el cargo desde el CDTI, Sierra (la directora del departamento de Aeronaútica, Espacio y Retornos Tecnológicos del Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI) dimitió, por cierto por Las disputas entre el ministro de Industria, Miguel Sebastián, y la ministra de Ciencia e Innovación). En las reuniones de París y la Haya, Garmendia se salió con la suya y sólo sus abanderados dieron la cara por España ante la Agencia Espacial Europea. Aunque en teoría a Industria le compete el "impulso, dirección y seguimiento de las acciones y programas relacionados con la industria aeronáutica y espacial", Ciencia tiene el CDTI, los presupuestos y la representación -esto último a pelea de la ministra- . Y el Real Decreto 432/2008, por el que se reestructuran los departamentos ministeriales, asigna al Ministerio de Ciencia “la propuesta y ejecución de la política del Gobierno en investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación en todos los sectores". Hoy todo eso es agua pasada en los molinos de Sebastián.

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