edición: 2885 , Viernes, 17 enero 2020
01/09/2009
Subida de impuestos, la bandera que España llevará a la presidencia de la UE en enero

Moncloa opta por el ‘ruido fiscal’ para hacer sombra al paro

José Luís Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno
Juan José González

Como si se tratara de una pandemia inminente, similar a la del virus H1N1, la revisión de alguna figura impositiva –aún no se conoce cuál- en nuestro sistema tributario, es presentada por el Gobierno como una necesidad obligada por las circunstancias del déficit español, al tiempo que ‘sugerida’ como inevitable por el Banco Central Europeo, en sintonía con el conjunto de países de la eurozona. En resumen, potente ruido fiscal del que tan sólo se conoce la música y se ignora la letra, que es lo verdaderamente sustancial. Vista la iniciativa –presentada por quien no debía y donde no procedía- desde otro punto de vista, lanzada a modo de globo sonda por el número dos del partido para que el número uno, el presidente del Gobierno, rematase a puerta vacía, no parece mala idea pues posiblemente consiga que se deje de hablar y ‘atacar’ al Ejecutivo por los múltiples frentes que mantiene abiertos, sólo en el terreno económico. Una densa cortina de humo, tupida y urdida en la trastienda, a modo de intriga, para que no se vea al trasluz ni un ápice de lo que sucede en la tienda.

Toda una lección de estrategia para ocultar, esconder y arrebozar -que dicen los castellanos- las miserias que el ministerio de Trabajo –desempleo- y el de Economía –déficit- gestionan en la actualidad con tanta fortuna como éxito en los resultados. El presidente del Gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, ha optado por presentar un mal mayor –el endeudamiento público- como un mal común, común al resto de los países de la Eurozona que presidirá la Unión Europea –por cuarta vez- a partir del próximo enero, circunstancia que curiosamente, desconoce la mayoría de los ciudadanos españoles, según acaba de hacer pública una encuesta. La subida de impuestos es inevitable -podría asegurarse- en todo el mundo desarrollado, como también es inevitable que un gobierno dé ejemplo de austeridad en todas las partidas de gasto que tiene bajo su administración. Una subida de impuestos que Zapatero piensa llevar como bandera a la presidencia de la UE.

Que las finanzas públicas se encuentran maltrechas es una obviedad que no necesita de cálculos que lo comprueben: en la misma situación están nuestros vecinos del resto de Europa y del mundo desarrollado. Que las necesidades financieras, principalmente de gasto en subvenciones públicas, a que ha obligado una coyuntura severa, con mayor énfasis, si cabe, en el caso español, debido a la carga inmobiliaria que soportaba la economía, han obligado a un mayor desgaste y empleo del dinero público, es también obvio. Por todo ello, llama la atención que la subida de impuestos, lanzada a los cuatro vientos por el primer ejecutivo español de forma atrabiliaria, se realice de forma neblosa y sombría, jugando a aprovechar los efectos de un eclipse para que todos se fijen en la música y nadie en la letra. Desde otro ángulo de vista, una subida de impuestos como la que parece que se pretende aplicar –gravar las rentas del capital el 20%- será irrelevante en comparación con las magnitudes del déficit actual y producirá más daño que beneficio. Salvo que lo que lo que realmente se persiga con la subida es propiciar un golpe y un aviso –de efecto limitado- a la especulación financiera.

Porque es razonable que todos los gobiernos, también el español, por supuesto, presenten sus planes para reconducir las finanzas públicas, para paliar el ascenso del gasto y compensar esos mayores gastos con otros mayores ingresos. Se puede decir, en abstracto, que cualquier decisión adoptada por un gobierno para corregir la caída del desempleo o de la actividad industrial, exportadora o comercial, sería bien acogida por los ciudadanos. Pero tomar a los impuestos como arma de confusión, o como una forma de desviar la atención general sobre los problemas reales, es peligroso.

No estaría de más y haría bien Elena Salgado en ordenar a su secretario de Estado una revisión, actualización o puesta al día, de todas y cada una de las figuras impositivas, en aras a lograr una mayor eficacia recaudatoria, más propia del siglo en el que vivimos y donde tiene escaso valor los impuestos –vigentes aún- sobre los carruajes de tracción animal o las veteranas pastillas de jabón tipo ‘lagarto’. Para entretener al público, para distraerlo y ocupar su atención en otros asuntos, siempre son más recomendables actividades lúdicas como el cine, el teatro, la música o el fútbol.

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