edición: 2936 , Lunes, 30 marzo 2020
05/04/2013
Aventura de alto riesgo

Moncloa recurre a la gran empresa para avalar su política económica en el exterior

El Gobierno `delega´ en la gran empresa la `diplomacia comercial´ para atraer inversiones
Los empresarios se juegan reputación y prestigio si la economía no crece a final de año
Juan José González

A la voz de ¡Vengan e inviertan, es el mejor momento! un grupo de empresarios, pesos pesados del mundo empresarial español, comandados por el entusiasta Fernando Casado, director del Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC), y el profesor del IESE y exsecretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, acaban de iniciar un `road show´ por tres continentes para mostrar las oportunidades de invertir en España. Es en realidad un SOS ideado y cocinado en Moncloa desde hace tiempo. Un plan por el que se solicita a la `armada empresarial española´, suerte de `embajada diplomática comercial´, que intente atraer inversiones de capital de bancos y multinacionales hacia la maltrecha economía de un país en evidente estado de necesidad. El `compromiso´ forzado tiene sus peligros y varios inconvenientes.

El plan de Moncloa, al parecer, no repara en algunas cuestiones, como por ejemplo el que bancos, telecos, constructoras, textiles y eléctricas españolas, van a situarse en una posición un tanto comprometida, pues en las reuniones que se realizarán con el centenar de representantes empresariales de los tres continentes, los empresarios españoles tratarán de convencer a sus homólogos, sus competidores, de que inviertan en España, algo así como “meter al enemigo en casa”. Bancos y multinacionales, Shell, Vodafone, ABN Amro o KPN, son algunos de esos potenciales inversores a los que será preciso levantar el interés para que se fijen en la ganga que supone invertir de ahora en adelante en el deprimido mercado español.

La invitación a los potenciales inversores extranjeros se hace, además de en medio de un aire patriota, sin contar con el acompañamiento de algún nuevo estímulo fiscal, habitual en este tipo de acciones comerciales, con lo que la convocatoria española tan solo parece contar con el entusiasmo voluntario que le pongan los asistentes. Si bien, todos ellos cuentan con que la situación del país permite cualquier precio de entrada, claramente a la baja.

Pero en enfoque gubernamental, pensado para que los grandes pesos pesados de la empresa española transmitan a sus competidores, no es otro más que la presentación de España como tierra de provisión, un país de oportunidades donde vale la pena invertir porque el Gobierno ya tiene asegurado el éxito de las reformas económicas, laborales y financieras. Aquí es, precisamente, donde algunos de los `ponentes´ empresariales no parecen mostrar su entusiasmo, pues vender la idea de que España es un mercado atractivo para los inversores extranjeros, equivale a validar las previsiones del Gobierno. Es decir, los empresarios se estarían convirtiendo en aval del futuro económico español, comprometiendo prestigio y posiblemente responsabilidad al ser partícipes del optimismo político del Ejecutivo.

De ahí la necesidad de que los mensajes de la delegación española deban ser graduados convenientemente y, por tanto, limados de ciertas asperezas -excesivos optimismos- que contiene la particular versión del Ejecutivo español sobre la evolución económica del país. Porque no es lo mismo la visión ni los cálculos del ministro de Hacienda, por poner un ejemplo, que los reflejados en los informes del Banco de España o del BBVA. En todo caso, la labor de la delegación empresarial conlleva el riesgo, no sólo del prestigio, sino además de una posible contradicción en las estrategias de las empresas y la del Gobierno, convencido éste de la inminencia de una recuperación económica –asegura crecimiento al final de 2013-.

Las empresas españolas representadas en el CEC -16 en concreto- son conscientes del riesgo y credibilidad en juego, como también de que se trata de una oportunidad para el Gobierno de diferenciarse de Grecia, Portugal y ahora de Chipre, lo que previsiblemente ayudaría a aumentar la confianza en la economía española y a reducir el riesgo de financiación, un mensaje que sí sería beneficioso para ambos, empresarios y Ejecutivo.

Con todo, tampoco cabe esperar un gran impacto de este tipo de acciones comerciales, por alto que sea el nivel de representación, pues la realidad muestra que los asistentes no son en su mayoría extranjeros y que los analistas de inversiones no suelen ser tampoco muy entusiastas de estas `ventas´ de países en bloque.

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